Decisiones Difíciles

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Habían pasado varios días desde la última vez que vi a Richard

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Habían pasado varios días desde la última vez que vi a Richard. A pesar de todos los momentos que habíamos compartido, sentía que algo oscuro pendía sobre nosotros, una sombra que no podía ignorar. Aquel mal presentimiento que me rondaba finalmente se confirmó de la peor manera: Richard tenía novia, y su nombre era Natalia.

Me enteré de la verdad por una amiga en común, quien, sin saber nada de lo que había entre Richard y yo, mencionó casualmente a Natalia, su novia de toda la vida. El mundo se me vino abajo en ese instante. ¿Cómo había sido tan ingenua? Me sentí una tonta, manipulada por él, y también culpable, porque aunque no sabía que existía, ahora que lo hacía, era demasiado tarde. Ya me había metido en este lío.

La noticia fue como un balde de agua fría, una realidad que no pude evitar. Por más que intenté procesarlo, una parte de mí no podía asimilar que todo lo que habíamos vivido no era más que un engaño. ¿Había sido así de fácil para Richard tener a dos mujeres en su vida sin que ninguna supiera de la otra? No podía dejar de preguntármelo.

Después de varios días de silencio y distanciamiento, mi teléfono vibró con un mensaje que no esperaba ver:

"Podemos hablar. Sé que lo sabes."

Era de Richard. Su nombre iluminando la pantalla me provocaba una mezcla de ira, dolor y confusión. No quería contestarle, pero sabía que en algún punto tendríamos que enfrentarnos a la realidad. No podía huir para siempre.

Respiré hondo y, después de unos minutos de dudar, le respondí con una simple palabra:

"¿Dónde?"

Nos encontramos en una cafetería discreta, lejos de las miradas curiosas. No quería que nadie más se enterara de esto. Cuando llegué, Richard ya estaba allí, sentado con su típica actitud tranquila, como si no hubiera roto nada. Al verme, se levantó, pero no intentó acercarse.

—Sara... —empezó a decir, pero lo interrumpí al instante.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunté, mi voz llena de rabia contenida. No tenía tiempo ni paciencia para rodeos.

Richard suspiró, pasando una mano por su cabello. Parecía cansado, como si llevara días sin dormir, pero eso no me ablandaría.

—No quería que te fueras. Lo siento, Sara, de verdad... No pensé que esto llegaría tan lejos.

Me reí con amargura. ¿Qué clase de excusa era esa? No "pensó" que me iba a enamorar, no "pensó" que nuestras salidas significaban algo.

—Tienes novia, Richard. Una relación de años, según me enteré. ¿Y aún así me buscaste? —mi tono era frío, cortante, pero no podía evitarlo. Cada palabra me dolía como un puñal clavándose más profundo.

Richard bajó la mirada, incapaz de sostener mi furiosa mirada.

—Las cosas con Natalia no han estado bien por mucho tiempo. Pensé que... —vaciló, pero no terminé de escuchar sus justificaciones.

—Pensaste qué, ¿que yo iba a ser un escape fácil? —lo corté, sintiendo cómo mi pecho se apretaba con el dolor y la rabia—. No soy tu segunda opción, Richard.

Nos quedamos en silencio por unos segundos eternos. Richard parecía buscar algo, alguna palabra mágica que arreglara todo, pero sabía que eso no existía. La verdad ya había salido a la luz, y nada cambiaría el hecho de que me había mentido.

—Sara, lo siento... —dijo finalmente, su voz casi quebrándose—. No sé qué más decirte.

Lo miré fijamente, tratando de encontrar una explicación en sus ojos, pero todo lo que veía era culpa. No había excusas, solo la verdad que ambos teníamos que aceptar.

—No quiero seguir siendo parte de esto —dije en voz baja, tomando mis cosas y preparándome para irme—. No puedo estar en medio de tu relación. Yo valgo más que eso.

Mientras me levantaba para irme, Richard me detuvo por un momento.

—Natalia no lo sabe... todavía. No quiero hacerle daño, pero tampoco quiero perderte.

Me quedé paralizada, escuchando esas palabras. La audacia de pensar que podía tener ambas cosas me enfurecía aún más. ¿Cómo podía ser tan egoísta?

—Ya lo perdiste, Richard —le respondí, sin mirarlo.

Y con eso, salí del café, sintiendo que mi corazón se rompía un poco más con cada paso que daba, pero sabiendo que era la decisión correcta.

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