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El sol brillaba intensamente por la ventana de mi habitación. No era un día cualquiera. Desde el beso que compartimos el día anterior, no podía dejar de pensar en lo que Richard y yo estábamos decidiendo hacer. La incertidumbre seguía ahí, rondándonos como una sombra, pero por primera vez sentía que estábamos tomando el control de nuestra historia.
La mañana transcurrió tranquila, mientras los pensamientos se acumulaban en mi cabeza. El teléfono sonó en la mesa. Era un mensaje de Richard.
“Espero verte esta tarde, Sarita. Tengo algo importante que decirte."
Mi corazón dio un pequeño brinco. ¿Qué podría ser? La última vez que me había dicho algo así, terminamos hablando de nuestra relación y de cómo podíamos manejarla. Mi intuición me decía que lo que venía no sería algo sencillo.
Después de responderle, me preparé para salir. Estaba decidida a mantenerme tranquila, sin que el nerviosismo me controlara. Richard quería hablar de algo importante, pero aún no sabía si eso era bueno o malo.
Al llegar a su departamento, me encontré con Richard en la terraza, contemplando la vista que tenía de la ciudad. Estaba en silencio, como si meditara sobre algo más profundo. Cuando me vio, su rostro cambió a una expresión más relajada, pero aún así, la preocupación no desaparecía por completo.
—¿Cómo estás? —pregunté, caminando hacia él.
—Aquí, pensativo —respondió, sonriendo, pero se notaba que no era una sonrisa genuina. —Es una tarde tranquila, pero tengo algo en mente, Sarita. Necesito hablar contigo.
Me senté junto a él, en silencio, esperando a que dijera lo que estaba por salir de sus labios. Sabía que la calma antes de la tormenta era un presagio.
—Sabes que esto que estamos haciendo no es fácil para mí, ¿verdad? —comenzó, mirando al horizonte. —Tenemos que pensar bien en lo que queremos.
—Lo sé —respondí, con una voz tranquila, pero con el corazón acelerado. —Pero no podemos seguir posponiendo lo que es obvio. Queremos estar juntos. Pero también sé que todo esto trae consecuencias. No solo para nosotros, sino también para las personas que están a nuestro alrededor.
Richard asintió lentamente, su mirada se cruzó con la mía y pude ver cómo la seriedad de la situación estaba golpeándonos a los dos.
—Lo he estado pensando mucho. Natalia... ella... —Richard hizo una pausa, como si le doliera decirlo. —Ella no sabe nada de esto.
—¿Sabes lo que eso significa, verdad? —dije, sin querer apretar demasiado el tema, pero el dolor que sentía por su mención era inevitable. —Estamos hablando de dos mundos completamente diferentes.
Richard se levantó y caminó hacia la baranda, respirando profundamente.
—Es que no quiero hacerle daño a nadie, Sarita. Pero no puedo seguir viviendo una vida que no quiero solo por miedo a lo que podría pasar.
Me levanté también, acercándome a él, colocándome a su lado. Sentía como si el peso de toda nuestra historia caía sobre sus hombros, y era inevitable que él sintiera la presión.
—Tú también te preocupas por ella, ¿verdad? —pregunté.
Richard me miró con seriedad. No me respondió de inmediato, lo cual me hizo sentir un nudo en el estómago. Pero después de un momento, habló con firmeza.
—No sé lo que será de mí, Sarita, pero sé que me importa más lo que somos tú y yo. Y si estoy contigo, no me importa perder lo que sea necesario. Sé que esto no será fácil. Pero quiero ser sincero contigo: no me arrepiento de haberte conocido.
Esas palabras me golpearon profundamente. Algo en su voz, en su tono, me hacía ver que Richard no estaba jugando. Este era el momento en que debíamos decidir si íbamos a luchar por lo que sentíamos o dejarlo ir por miedo a las consecuencias.
—¿Entonces... qué haremos? —pregunté, el nerviosismo tomando la voz de mi pregunta.
Richard se volvió hacia mí, con una mirada decidida.
—Lo primero es que necesito hablar con Natalia. No puedo seguir ocultándome. Esto no es justo para ella.
Mis manos se apretaron involuntariamente. Sabía que esta conversación debía llegar, pero también sabía que el dolor de decirle la verdad a Natalia nos afectaría a los dos.
—¿Estás seguro de que quieres hacerlo? —pregunté con suavidad, aunque el miedo comenzaba a nublar mis pensamientos.
Richard asintió, su expresión más seria que nunca.
—Es lo correcto. Y lo que sea que pase, lo enfrentaremos juntos.
No sabía si debía sentir alivio o miedo. El hecho de que estuviéramos tomando decisiones importantes, que finalmente estábamos abordando lo que ambos sentíamos y lo que estaba por venir, era un paso hacia la verdad. Pero, al mismo tiempo, era una espada de doble filo.
Richard y yo caminamos juntos hacia su coche. Sabía que al final de este día, todo cambiaría. Y aunque no sabíamos qué sería de nosotros, estaba segura de que teníamos que enfrentarlo.
La conversación con Natalia no fue fácil. Sabíamos que la verdad que le íbamos a contar sería devastadora, pero era necesario.
Mientras Richard estaba adentro de la casa, preparándose para lo que venía, me quedé afuera, pensando en lo que significaba estar a su lado, lo que estábamos dispuestos a perder y lo que estábamos dispuestos a ganar.
Aún no sabía cómo seguiría nuestra historia, pero había algo que me decía que todo estaría bien, que el amor podía superar lo que parecía ser lo imposible.