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Después de una noche de insomnio, me desperté más temprano de lo normal. El sol aún no había salido, pero ya no podía quedarme en la cama. Me levanté despacio, asegurándome de no despertar a Natalia, quien dormía plácidamente a mi lado. Mientras me dirigía al baño, mi mente volvía a torturarse con la misma pregunta que me había mantenido despierto toda la maldita noche: ¿por qué no podía sacar a Sara de mi cabeza?
Abrí la llave del agua, dejando que el chorro helado cayera sobre mi rostro. Necesitaba despejarme, aclarar mis ideas. Había algo en la forma en que Sara seguía apareciendo en mi vida, como una sombra, un fantasma que se negaba a desaparecer. Tal vez era mi culpa, tal vez nunca había cerrado esa puerta de verdad. O tal vez, simplemente, nunca quise cerrarla.
Me quedé un rato bajo el agua, dejando que el frío me sacudiera un poco. Sabía que tenía que enfrentar esto de alguna manera, pero no estaba listo para admitir lo que realmente sentía. Y mucho menos para explicárselo a Natalia, quien estaba cada vez más involucrada en mi vida, en mis planes, en todo.
Cuando finalmente salí del baño, Natalia ya estaba despierta. Me lanzó una sonrisa perezosa mientras se estiraba en la cama, mirándome con esos ojos que, hasta hace poco, me hacían sentir cómodo.
—¿Te despertaste temprano hoy? —comentó con tono de sorpresa.
—Sí, no pude dormir bien —respondí, secándome el cabello con una toalla.
—¿Algo te preocupa?
Dudé un momento antes de responder, pero decidí no decirle la verdad. Todavía no. No tenía sentido arruinar lo que teníamos con problemas del pasado, con fantasmas que ni siquiera sabía si existían de verdad.
—Nah, solo cosas del equipo. Ya sabes cómo es.
—Bueno, si te preocupa tanto, deberías despejarte hoy. ¿Qué te parece si salimos a algún lado? —sugirió mientras se levantaba de la cama.
No pude evitar sonreír. Era obvio que Natalia quería que nos mantuviéramos distraídos, y quizás eso era lo que necesitaba. Dejar de pensar tanto, intentar seguir adelante. Así que asentí, aunque en el fondo sabía que no importaba cuántas distracciones buscara, mi mente siempre volvía a lo mismo.
Las horas pasaron volando. Salimos a caminar por el centro de Medellín, disfrutando del clima, entre la gente, con el bullicio de la ciudad como ruido de fondo. Natalia siempre tenía una forma de hacerlo todo más ligero, más fácil. Era sencilla, no complicaba las cosas. Y a veces, eso me hacía sentir culpable por no poder entregarme completamente a ella.
Después de un rato, nos detuvimos en una pequeña cafetería, una de esas que a Natalia le encantaba. Pedimos dos cafés y nos sentamos en una mesa al aire libre, bajo la sombra de un árbol. Ella comenzó a hablar de algo relacionado con su trabajo, pero mi atención estaba en otro lugar.
Mi celular vibró sobre la mesa. Al principio lo ignoré, pero cuando volvió a vibrar, Natalia me lanzó una mirada divertida.
—Anda, revisa. Capaz es algo importante.
Tomé el celular y desbloqueé la pantalla. Mi corazón dio un vuelco al ver el nombre que aparecía en la notificación: Sara.
"¿Podemos hablar?"
La sangre se me heló. Estaba claro que Sara no me había escrito desde hace tiempo, y no esperaba que lo hiciera ahora, mucho menos de esa manera. Sentí que el peso de su mensaje se asentaba en mi pecho, como si una parte de mí supiera que este momento llegaría eventualmente, pero que nunca estuvo listo para enfrentarlo.
Natalia me observaba, curiosa. Quizá notó la tensión en mi rostro, porque frunció el ceño.
—¿Todo bien?
Me tomé un segundo antes de responder, borrando el mensaje de mi mente.
—Sí, todo bien. Solo era un mensaje del club.
Natalia sonrió, pero pude notar un destello de duda en sus ojos. La dejé pasar.
Pasamos el resto de la tarde juntos, pero yo ya no estaba allí. Mi mente seguía atrapada en esa notificación, en las palabras que Sara había escrito. ¿Qué quería? ¿Por qué después de tanto tiempo había decidido que era necesario hablar?
Cuando volvimos al apartamento, Natalia se quedó en el sofá viendo una serie, mientras yo me encerré en mi habitación bajo la excusa de que necesitaba un poco de tiempo a solas. Tomé el celular nuevamente y abrí el chat de Sara.
El cursor titilaba en la pantalla, esperando una respuesta. Mi mente estaba en blanco, sin saber qué hacer. No respondí de inmediato, pero sabía que eventualmente tendría que hacerlo.
Me pasé la mano por el rostro, tratando de calmarme, pero la verdad era que no estaba preparado para lo que esto podría significar. Sara estaba de vuelta en mi vida, de alguna manera, y con ella volvían todos esos sentimientos que pensé haber dejado atrás. Pero, ¿realmente alguna vez los dejé ir?
Tomé aire y, antes de poder pensarlo más, escribí un breve mensaje.
"Está bien. Dime cuándo y dónde."
Lo envié sin esperar. Lo hecho, hecho estaba.
Me quedé allí sentado, con la vista fija en el celular, esperando una respuesta que no llegó de inmediato. Mientras tanto, el eco de todas mis decisiones pasadas resonaba en mi mente. Sabía que Natalia no merecía esto, y tal vez ni siquiera yo lo merecía. Pero el pasado tiene una forma jodida de alcanzarte, y esta vez, me había alcanzado de lleno.
Me acosté en la cama, sin saber cómo terminaría todo esto, pero con la sensación creciente de que nada volvería a ser igual.