El Silencio Entre Nosotros

87 3 0
                                        

Desperté con una sensación pesada en el pecho

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Desperté con una sensación pesada en el pecho. No era la primera vez que la culpa me atormentaba, pero hoy sentía que me ahogaba en ella. Ayer, cuando le dije a Sara que necesitaba tomar distancia, que todo lo que habíamos vivido no era justo, no imaginé lo devastador que resultaría verlo en sus ojos. Lo que nunca entendí es que, aunque tomara esa decisión por lo que yo pensaba que era lo correcto, el dolor estaba en cada rincón de mi ser.

La casa estaba en silencio, como si el aire mismo hubiera decidido detenerse. Me levanté de la cama con lentitud, mis músculos tensos, mi mente hecha un lío. No podía sacarme de la cabeza las palabras de Sara. “No es justo para ti, no es justo para mí, no es justo para Natalia”. Ella estaba en lo cierto, pero eso no hacía que la situación fuera más fácil de manejar.

Me senté en la mesa, con una taza de café que ya no me apetecía, pero que necesitaba para calmar mi mente. Volvía a pensar en Natalia, en la chica con la que había comenzado una vida que, en mi cabeza, debía ser perfecta. No podía dejar que la imagen de Sara interfiriera en esa vida que ya había planeado.

La verdad es que había perdido el rumbo, y lo sabía. No solo por las decisiones equivocadas que había tomado, sino por cómo mi mundo se había desmoronado alrededor de mí.

La puerta se abrió. Era Laura, la señora que me ayudaba en la casa. Sabía que debía salir a hacer algunas cosas, pero no tenía ganas de enfrentarme a nadie, ni siquiera a la idea de tener una conversación trivial. A pesar de todo, Laura se acercó y me miró con una expresión de preocupación.

—Se ve que no descansaste bien —dijo, con un tono suave.

—No lo hice —respondí sin mirarla.

No había mucho más que decir. La verdad es que no quería enfrentarme a nadie. Ni siquiera a mis propios pensamientos.

Tomé la decisión de salir. Necesitaba despejarme, aunque no tenía idea de adónde ir. Las calles de la ciudad, tan familiares, parecían ahora desoladas. Me sentía atrapado en una niebla de emociones, donde no había respuestas fáciles, solo preguntas que se acumulaban sin cesar.

Recordé a Sara. Recordé cómo la había visto ayer, su expresión rota y sus ojos llenos de tristeza. Estaba tan perdida en su dolor que no sabía cómo enfrentarla. ¿Cómo podía decirle que lo que habíamos vivido no tenía futuro, que no podíamos seguir así, cuando en el fondo, lo que más deseaba era no separarme de ella?

En la carretera, mi coche pasó por la zona donde solíamos encontrarnos. Allí, donde nuestros caminos se cruzaban en noches de calor y de risas, cuando no había nada que nos separara, ni siquiera el miedo. La imagen de Sara, riendo y con esa mirada profunda, me asaltó.

La distancia que habíamos creado entre nosotros solo parecía aumentar el vacío. La sentía tan lejos y, a la vez, tan cerca. Todo parecía un sueño, un juego cruel de la vida. Mientras conducía, decidí hacer una parada, en el parque donde solíamos caminar cuando el tiempo se detenía.

Me bajé del coche, con la vista fija en el banco donde siempre nos sentábamos a hablar. En ese banco había tantos recuerdos, tantas promesas no cumplidas. Me pregunté si alguna vez había sido justo con ella. ¿Por qué no le dije desde el principio lo difícil que había sido para mí vivir entre dos mundos?

El móvil vibró en mi bolsillo. Era un mensaje de Natalia. Estaba en la ciudad y quería verme. Mi cuerpo respondió sin pensarlo, pero, en ese momento, la imagen de Sara apareció nuevamente en mi mente. Se lo debía. Necesitaba enfrentar la verdad.

Volví al coche, y antes de poner el motor en marcha, decidí enviarle un mensaje a Sara. "Necesito hablar contigo, por favor". No me dio tiempo a pensar más, no tenía palabras perfectas, solo la urgencia de encontrar una solución a esta tormenta que había creado.

El semáforo cambió a verde y conduje hacia el encuentro con Natalia, pero el pensamiento de Sara no me dejaba en paz. Sabía que estaba a punto de perder a una persona que significaba mucho más para mí de lo que estaba dispuesto a aceptar.

Y en ese instante, cuando las luces de la ciudad se mezclaban con las sombras de la noche, entendí que mi decisión de alejarme de Sara no solo estaba basada en lo que pensaba que era correcto, sino en el miedo a enfrentarme a lo que realmente sentía.

No había vuelta atrás, y no sabía si mi decisión era la correcta.

Su fan o su princesa Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora