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El amanecer llegó con una sensación extraña, como si la noche anterior hubiera sido una pesadilla que no lograba sacudirme. Después de todo lo que había pasado con Richard en ese baño, sentía que algo dentro de mí había cambiado. Era como si una puerta se hubiera cerrado definitivamente. Sabía que ese capítulo de mi vida debía terminar, pero no podía evitar sentir que algo en mí todavía se aferraba a los recuerdos.
Me había despertado temprano, incapaz de dormir más. Los rayos de sol apenas empezaban a colarse por la ventana, pintando mi habitación con una luz suave y cálida. Valentina seguía dormida, y el silencio en la casa era reconfortante, pero mi mente estaba lejos de estar tranquila. Las imágenes de Richard, de su mirada rota, de su disculpa... todas me atormentaban.
Intenté levantarme y ocuparme en algo para distraerme. Abrí mi laptop y me forcé a revisar algunos correos del trabajo que había dejado pendientes. Necesitaba sumergirme en cualquier cosa que me alejara de pensar en él, en lo que sentía cada vez que lo veía.
Después de varias horas, Valentina finalmente despertó. Se arrastró hacia la cocina con su típico desorden matutino, y me miró con curiosidad.
—Te levantaste temprano —comentó, abriendo la nevera para sacar algo de jugo.
Asentí sin mucho entusiasmo.
—No podía dormir —le respondí, sin querer entrar en detalles.
Valentina me miró fijamente por un segundo antes de hablar.
—¿Tiene algo que ver con lo de anoche?
No pude evitar soltar un suspiro. Sabía que eventualmente tendríamos que hablar de eso. No había forma de evitarlo. Sabía que Valentina no me dejaría escapar sin obtener respuestas.
—Lo vi —confesé, dándole un trago a mi café—. Richard estaba ahí, con Natalia.
El nombre de ella salió de mis labios como si fuera veneno. Cada vez que lo mencionaba, sentía que me quemaba por dentro. No era odio lo que sentía por Natalia, pero tampoco podía evitar resentirla. Después de todo, ella era la razón por la que Richard y yo no podíamos estar juntos.
—Ay, amiga... —Valentina me miró con compasión, como si pudiera entender el dolor que me carcomía—. ¿Hablaste con él?
Asentí lentamente.
—Sí... entró al baño después de que yo me fui. Fue una conversación... difícil.
Valentina dejó de comer y me miró con preocupación.
—¿Qué pasó?
Cerré los ojos, intentando recordar los detalles sin dejar que las emociones me abrumaran de nuevo.
—Me dijo que lo que sentíamos era real, que lo que vivimos no fue un juego. Pero... al final, no cambia nada. Él sigue con ella, y yo... yo sigo atrapada en esta confusión.
Valentina no dijo nada por un momento, dejándome espacio para procesar mis pensamientos. Pero sabía que tenía algo que decir.
—Sara, te mereces a alguien que te elija sin dudar. Que esté contigo, sin importar lo que pase. Si Richard no puede hacer eso, entonces no es el hombre adecuado para ti.
Sus palabras eran ciertas, lo sabía. Pero no era tan simple como querer dejar ir. Richard había sido más que solo un novio casual, había sido el hombre que me hacía sentir viva, que me entendía de una manera que pocos lo hacían. Pero tal vez Valentina tenía razón, tal vez era hora de dejar de aferrarme a lo que nunca podría ser.
Los días siguientes fueron un borrón de emociones. Hice todo lo posible por evitar a Richard, por no pensar en él, pero su presencia seguía rondándome. Las redes sociales no ayudaban. Cada vez que Natalia publicaba algo con él, cada foto, cada historia... era como un golpe directo al corazón.
Intenté salir más, concentrarme en mis amistades y en mi trabajo, pero la sombra de Richard estaba siempre ahí, al acecho. Hasta que un día, recibí un mensaje que lo cambió todo.
Era de Natalia.
Me quedé paralizada cuando vi su nombre aparecer en la pantalla de mi teléfono. No esperaba que ella me contactara, y mucho menos que supiera de mi existencia. El mensaje era simple, pero directo:
"Necesitamos hablar."
Sentí que mi corazón se detenía por un segundo. ¿Cómo sabía ella de mí? ¿Qué quería hablar conmigo? Miles de preguntas pasaron por mi cabeza mientras intentaba decidir si debía responder o no. Finalmente, después de varios minutos de indecisión, escribí una respuesta:
"¿De qué quieres hablar?"
La respuesta llegó casi de inmediato.
"De Richard."
Mi estómago se revolvió al leer esas palabras. ¿Qué quería Natalia de mí? ¿Había descubierto lo que había pasado entre Richard y yo? Sabía que no podía ignorar esto. Si ella sabía algo, necesitaba enfrentarlo.
Le respondí con un lugar y una hora para encontrarnos. Decidí que lo mejor sería hablar en persona, lejos de cualquier mirada indiscreta. Me sentía nerviosa, pero también sabía que esta conversación era inevitable. No podía seguir viviendo en la oscuridad, sin saber qué papel jugaba en la vida de Richard.
Cuando llegué al café donde habíamos acordado encontrarnos, vi a Natalia sentada en una mesa al fondo. Se veía perfecta, como siempre. Su estilo impecable, su postura segura... no era de extrañar que Richard hubiera decidido quedarse con ella.
Tomé aire y me acerqué a la mesa. Natalia levantó la mirada cuando me vio, y por un momento, pensé que iba a ser una confrontación. Pero en lugar de eso, me ofreció una sonrisa educada.
—Gracias por venir —dijo, su voz suave pero firme.
Me senté frente a ella, sintiendo cómo la tensión se acumulaba en el aire.
—¿De qué querías hablar? —pregunté, tratando de sonar lo más tranquila posible.
Natalia tomó un sorbo de su café antes de responder.
—Sé lo que pasó entre tú y Richard.
Mis ojos se abrieron con sorpresa. No esperaba que lo dijera de manera tan directa.
—¿Lo sabes?
Asintió lentamente.
—Sí. Richard me lo contó. Todo.
Sentí que el suelo se desmoronaba bajo mis pies. ¿Por qué le habría contado algo así? ¿Qué significaba eso para su relación?
Natalia me miró fijamente, como si intentara medir mi reacción antes de continuar.
—Quería que lo supieras, porque... sé que Richard siente algo por ti. Lo he visto, lo he notado desde hace tiempo. Pero también sé que él está luchando con eso.
Las palabras de Natalia me golpearon como una ola. ¿Richard sentía algo por mí? ¿Entonces por qué seguía con ella?
—¿Y tú qué piensas de todo esto? —le pregunté, aún incrédula.
Natalia soltó un suspiro.
—Yo... no soy tonta, Sara. Sé que nuestra relación no es perfecta, pero Richard y yo hemos estado juntos por mucho tiempo. Y aunque sé que hay algo entre ustedes, no estoy dispuesta a dejarlo ir tan fácilmente.
La conversación se había vuelto mucho más compleja de lo que imaginé. ¿Qué significaba esto para mí, para Richard, para todos nosotros?