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El sonido de la lluvia golpeando el techo de mi coche me ayudaba a despejar la mente, aunque no lo suficiente. Había algo en el aire que me hacía sentir como si estuviera al borde de un precipicio, a punto de dar el siguiente paso hacia lo desconocido. No tenía idea de cómo iba a ser el día, ni de qué rumbo tomaría mi relación con Natalia, pero sabía que no podía retroceder.
Había sido un par de días desde que le había puesto fin a lo que tenía con Sara. La despedida había sido más tranquila de lo que esperaba, pero el vacío en mi pecho no se iba a ir tan fácilmente. Lo que estábamos construyendo con Natalia era nuevo, pero no era menos importante. Era real. Aunque estaba aterrorizado por el futuro, no podía ignorar el deseo de avanzar, de reconstruir mi vida.
El móvil vibró en mi bolsillo y un mensaje apareció en la pantalla: "¿Cómo estás? Estoy pensando en ti." Era de Natalia. Una parte de mí sonrió al leerlo, mientras que otra parte sentía esa punzada de inseguridad. ¿Y si no lo estaba haciendo bien? ¿Y si, después de todo, era demasiado tarde?
Respondí rápidamente: "Pensando en ti también. Mañana te llamo, quiero verte."
Sabía que estaba tomando un riesgo. El pasado no desaparecía de un día para otro, y la sombra de lo que había sido mi relación con Sara seguía acechando. Aún me pesaba el no haber sido lo suficientemente valiente desde el principio. Pero Natalia había sido paciente, y eso me hacía querer hacer las cosas bien.
Al día siguiente, nos encontramos en un pequeño café. Habíamos decidido que, en vez de pasar la tarde solo en casa, era mejor salir a despejarnos. El lugar era tranquilo, con las luces cálidas que invitaban a la conversación, y la lluvia, que continuaba cayendo, le daba un toque melancólico al ambiente.
Natalia llegó puntual, con una sonrisa tímida en el rostro. Sus ojos, aún con una pizca de duda, me miraban de una manera que me hacía sentir vulnerable. Sabía que había algo en el aire que aún no se resolvía, y no estaba seguro de cómo abordar el tema. Pero teníamos que hablar, necesitábamos hacerlo.
Nos sentamos frente a frente, y el silencio al principio se hizo pesado. No fue hasta que tomé su mano que la conversación comenzó a fluir.
—He estado pensando mucho, Natalia —dije, mirándola a los ojos—. Sobre todo, lo que ha pasado últimamente. No quiero que esto sea una decisión precipitada, ni tampoco quiero que lo que tuvimos con Sara se interponga entre nosotros.
Natalia asintió lentamente, sus dedos jugando con la taza de café que tenía enfrente. Sabía que estaba esperando mis palabras. Tal vez tenía miedo de que lo que yo sentía por ella no fuera tan fuerte como lo que sentía por mi pasado. Y no podía culparla por eso. El pasado estaba ahí, siempre presente.
—No lo es —respondí, antes de que ella pudiera hacer una pregunta más—. No es que no te quiera, Natalia, es que... aún estoy lidiando con todo lo que ha pasado. A veces siento que no soy el hombre que crees que soy, que te mereces algo más estable. Alguien que no tenga todo este... lío.
Ella se quedó en silencio, pero su mirada no perdió el contacto. Sabía que mi incertidumbre estaba lastimándola, pero no sabía cómo arreglarlo. No podía cambiar el pasado, ni borrar lo que había hecho, pero sí podía luchar por el futuro, por lo que quería con ella.
—Richard —dijo, finalmente—, no tienes que ser perfecto. Lo único que necesito es saber que lo que sientes por mí es real. No estoy esperando que te olvides de Sara, pero sí que tomes la decisión de seguir adelante. Yo también tengo mis miedos, pero creo en lo que podemos construir.
No pude evitar sonreír ante sus palabras. Era la sinceridad que necesitaba. La honestidad que siempre había querido, y que nunca había recibido en otras relaciones. Natalia no esperaba que me convirtiera en alguien más, solo que fuera yo. Y, por primera vez, sentí que estaba listo para aceptar eso.
—Lo que siento por ti es real. No me gusta decirlo porque parece tan simple, pero lo es. Lo que estamos construyendo es diferente, y me asusta. Y sé que te asusta a ti también.
Ella sonrió, más relajada, y asintió.
—Lo acepto, Richard. Solo asegúrate de que lo que hacemos juntos es lo que realmente quieres. Si es así, estaré aquí.
No podíamos pedir que el futuro fuera fácil, pero en ese momento, sentí que tal vez, solo tal vez, estábamos en el camino correcto. No había garantías, ni certezas, pero había algo genuino entre nosotros que me hacía creer que podría valer la pena.
Cuando me despedí de ella esa tarde, al mirar sus ojos llenos de esperanza, entendí que, aunque el pasado siempre estaría ahí, el futuro era lo que realmente podía cambiar el rumbo de nuestras vidas.
Esa noche, me acosté pensando en cómo, a veces, las decisiones más difíciles son las que valen la pena. Decidí que este sería un nuevo comienzo. Tenía que serlo.
Porque ahora, más que nunca, quería hacer las cosas bien.