Anthony J Crowley es un hombre que ha pasado por muchas cosas con su familia, más específico con su padre.
Al morir este, Anthony se queda con toda su herencia al ser hijo unico.
Al llegar a la casa donde vivia su padre, el hogar que lo vio nacer...
Ya en mi Instagram les decía que este capítulo ha sido el más largo (13 páginas) por lo que la edición se alargó un poco. (lo que me recuerda, si no me siguen aun, ¿Qué esperan?)
Espero que para mañana tenga disponible el capítulo 30.
Todo con tal de seguir el hilo y que no olviden lo que sienten después de este capítulo.
Disculpas anticipadas por lo que se viene.
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El jardín se extendía en una espléndida exhibición de colores y fragancias, donde las rosas rojas y las gardenias blancas competían por la atención. Los altos cipreses marcaban el horizonte, sus sombras alargadas danzando suavemente con el vaivén de la brisa. Los jardineros, con sus camisas de lienzo y sombreros de paja, recortaban meticulosamente los arbustos, creando formas artísticas que embellecían aún más el entorno.
Estela, con su vestido de muselina blanco ondeando al viento, paseaba animadamente entre los senderos de grava, con sus ojos brillantes llenos de entusiasmo. Su risa se mezclaba con el canto de los pájaros, mientras gesticulaba con las manos, atrapada en la emoción de la conversación. A su lado, Aziraphale la seguía, con la cabeza en otro lugar, su mirada distante, perdida en pensamientos que lo llevaban lejos de aquel hermoso jardín.
–¡Y te juro que Anthony se veía tan feliz! –comentó Estela, alegre– No puedo recordar la última vez que lo vi así. A veces pienso que esos amigos suyos le han hecho un gran favor.
Aziraphale, distraído, parpadeó intentando enfocar su mente en lo que decía su prometida.
–¿Qué dijiste, Estela? –cuestionó mirándola.
–Decía que Anthony parece tan feliz últimamente... –dijo con una sonrisa– Lo vi con sus amigos en el jardín de la mansión, bromeando, riendo...
Un destello de incomodidad pasó por la mirada de Aziraphale, aunque intentó ocultarlo.
–Eso es bueno, supongo. –dijo Fell, forzando una sonrisa– Siempre es grato ver a un amigo en buen ánimo.
–Sí, incluso Ms. Jones me comentó que esos hombres son un verdadero alivio para él. ¡La última vez que regresaron de un paseo a caballo entraron a la casa sin pudor alguno, las camisas desabotonadas y riendo como locos! –comentó Estela inocentemente.
–¿Desabotonadas? –Aziraphale se tensó un poco, la curiosidad y la preocupación se entrelazaron en su mente. –¿Te refieres a...?
Estela, que había comprendido sus palabras luego de unos segundos, con rapidez se llevó una mano a la boca, cubriendo su vergüenza.