Capítulo 42

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El disparo resonó por toda la mansión como un trueno en la tormenta. Un escalofrío recorrió a todos los presentes en la sala, congelándolos por un breve instante antes de que el instinto tomara el control.

Aziraphale y Bernart fueron los primeros en moverse, sus pies golpeando el suelo con rapidez, aceleraron mientras ascendían las escaleras. Mads los siguió de cerca, a pesar de que su corazón latía con furia y miedo. Samuel, aún debilitado por la herida en su pierna, hizo un esfuerzo por levantarse, pero Arthur lo detuvo con una mirada culpable.

—No puedes moverte en ese estado —susurró, casi en súplica.

Samuel lo apartó con un gesto de desdén, pero sabía que Arthur tenía razón. No podía hacer mucho en su condición. Se quedó junto a Arthur, quien lo observaba con preocupación, preocupación que se veía reflejada en cada línea de su rostro.

Arriba, la escena en la habitación era un caos. En cuanto Aziraphale pasó el umbral de la puerta notó que la lámpara de aceite había sido derribada, esparciendo un resplandor trémulo sobre la alfombra y las paredes. El mobiliario estaba desplazado y varios objetos rotos yacían en el suelo. Anthony y George estaban en lados opuestos de la estancia, ambos respirando con dificultad. George sostenía un arma humeante en su mano derecha.

Aziraphale sintió que su corazón se detenía por un instante mientras buscaba con la mirada cualquier signo de herida en Anthony. Este último tenía una expresión dura, y su mandíbula se notaba apretada mientras sostenía su brazo izquierdo, donde una bala había rozado la tela de su camisa, dejando un corte superficial en la piel.

—Anthony... —susurró Aziraphale, pero antes de que pudiera avanzar, Bernart lo detuvo con una mano en el pecho mientras la otra sostenía un cuchillo.

—No intervengas —murmuró con una voz afilada. Sus ojos estaban fijos en George.

George bajó el arma lentamente, su expresión era impasible mientras observaba a los recién llegados.

—Siempre tan predecible, Bernart —dijo George con voz serena, pero llena de autoridad—. ¿Estoy notando duda en ti?

Bernart no respondió de inmediato. Su rostro, generalmente imperturbable mostró una fugaz sombra de duda antes de que su sonrisa cínica volviera a aparecer.

—Mi lealtad está con el poder —respondió finalmente—. Pero ahora me pregunto, ¿quién lo tiene realmente aquí?

Mads apareció de pronto detrás de los hombres, llamando la atención de todos. Anthony aprovechó la distracción y se movió rápidamente, lanzándose hacia George en un intento de arrebatarle el arma. El forcejeo fue violento, los cuerpos chocaron contra los muebles y la lámpara tembló, proyectando sombras danzantes por toda la habitación.

Mads y Aziraphale reaccionaron de inmediato. Mads corrió para ayudar a Anthony, mientras Aziraphale, sin pensarlo, tomó un candelabro de la mesa y lo lanzó contra Bernart, quien perdió momentáneamente el equilibrio. Fue suficiente para que Anthony le propinara un golpe certero en la mandíbula a George, haciéndolo soltar el arma que cayó al suelo con un sonido metálico.

Arthur llegó jadeando a la habitación en ese momento, ayudando a Samuel a mantenerse en pie, sus ojos recorrieron la escena con horror mientras Bernart en medio de todo, les apuntaba con su cuchillo.

George avanzó con fuerza derribando a Anthony y posicionándose sobre él para empezar a intercambiar golpes.

—¡Déjalo, George! —exclamó Arthur con voz quebrada—. Ya es suficiente.

George se llevó una mano a la boca, limpiándose la sangre que brotaba de su labio partido. Su mirada era oscura, calculadora, pero al final soltó una carcajada baja y seca.

Only of LoveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora