JADE
Desperté sobresaltada. Extendí la mano hacia el lado de la cama y me encontré con el vacío.
El espacio donde debería estar Kaia estaba frío, y el miedo me atravesó como un rayo.
Me levanté de un salto, sin pensarlo dos veces, y bajé las escaleras a toda prisa, imaginando mil escenarios en los que algo le había pasado.
Al llegar a la cocina, la vi ahí, tan pequeña y perfecta, sentada en una silla alta mientras Elijah le ofrecía fresas con una sonrisa suave en los labios.
Kaia reía y balbuceaba palabras en su tono dulce, el cual siempre parecía llenarlo todo de una paz que solo ella podía crear.
Me detuve en el marco de la puerta, sin querer interrumpir la escena.
Había algo en su mirada, una ternura y paciencia que apenas había conocido en mi vida, y verlo con ella, viéndola como si fuera el centro de su universo, me dejó un nudo en la garganta.
—Buenos días —dije al fin, haciéndoles notar mi presencia.
Kaia alzó la vista hacia mí con una gran sonrisa y extendió los bracitos.
-¡Mami!-gritó con alegría, y corrí a tomarla en mis brazos.
Aún la abrazaba cuando Elijah se acercó, sus ojos observándome con una mezcla de ternura y curiosidad.
—Despertó temprano —dijo él con una sonrisa—. Quería darte un descanso, así que pensé en pasar un rato con ella.
Lo miré agradecida, pero también con una tristeza que traté de disimular.
—Gracias... de verdad.
Nos sentamos juntos en la mesa, y mientras Kaia comía las fresas de sus manos pequeñas, Elijah y yo comenzamos a hablar.
No sé cómo pasó, pero en algún punto le conté sobre los primeros momentos de Kaia. Sobre las noches en las que me quedaba despierta, mirándola dormir, temerosa de fallarle.
Él escuchaba con atención, como si cada palabra mía fuera de una importancia vital, y eso me dio la confianza para seguir.
—Recuerdo sus primeras palabras —murmuré, sin poder evitar sonreír ante el recuerdo—. La primera fue "mamá". Su vocecita era tan suave, pero tan clara. Lloré ese día. Estaba sola y... me di cuenta de que ella iba a ser lo más importante de mi vida.
Elijah no apartaba la vista de mí, asintiendo como si entendiera cada emoción que evocaba en mí. Su mirada me hacía sentir segura, y eso me permitió seguir.
—Sus primeros pasos también fueron mágicos. —Solté una risa suave—. A los once meses, justo cuando comenzaba a sentirme agotada, decidió darme una sorpresa. Dio unos pasos vacilantes hacia mí, y aunque fue solo por unos segundos, no pude dejar de llorar de emoción.
—Debió ser hermoso —murmuró Elijah, sus ojos cargados de una empatía inesperada.
—Lo fue —asentí, aunque en mis palabras había también una nota de melancolía—. Pero también fue difícil, ¿sabes? Verla crecer sola, sin alguien que pudiera compartir esos momentos conmigo.
Elijah dejó la fresa que sostenía y tomó mi mano, su tacto cálido y reconfortante, se que es la verdad, pero omito algo importante que quizás le agrade a él.
—Ahora no estás sola, Jade —dijo en un susurro.
Mis ojos se encontraron con los suyos, y aunque quería creerle, el pasado aún pesaba en mi pecho.
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Amor Inesperado
Teen FictionHicimos promesas que se romperían, el tiempo fue duda y aún seguimos luchando por algo imposible
