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Maratón 2/4

Elijah

Flasback

Tenía doce años cuando todo cambió. Ese día, mi padre me llamó a su oficina, una habitación grande y fría, llena de trofeos y fotografías de él con gente importante. Yo estaba nervioso, pero no sabía por qué. Algo en la forma en que me miraba, con esa seriedad que reservaba para los momentos cruciales, me hizo sentir que lo que iba a decirme iba a definir mi vida.

—Elijah —dijo, sentado en su gran escritorio de madera—, es hora de que hablemos sobre tu futuro.

No era una sugerencia, era una declaración. Como si ya lo hubiera decidido.

—Tu madre y yo hemos estado hablando, y hemos acordado que cuando termines la escuela, vas a estudiar administración de empresas. Alguien tiene que continuar con lo que he construido. Tú eres el mayor, es tu responsabilidad.

Sentí un nudo en el estómago. Administración de empresas. No me importaba el mundo de los negocios. No quería vivir detrás de un escritorio como él, manejando cuentas, controlando cifras. Mi pasión estaba en otro lugar. En crear, en diseñar. Yo quería ser arquitecto, pero sabía que decirle eso no iba a ser fácil.

—Papá —comencé, tratando de mantener la calma—, yo no quiero estudiar eso. Quiero ser arquitecto. Quiero diseñar edificios, crear cosas. No quiero... no quiero la empresa.

Mi padre me miró como si hubiera dicho una blasfemia.

—No quieres la empresa —repitió lentamente, con incredulidad—. No tienes opción, Elijah. Este es tu deber. No te estoy preguntando qué quieres hacer, te estoy diciendo lo que harás. Necesito que entiendas que esta es la manera de mantener el legado de nuestra familia.

Sentí que el aire se volvía más pesado, que las paredes se cerraban sobre mí.

—Pero yo no quiero ese legado —dije, esta vez con más firmeza—. No quiero esa vida.

Antes de que mi padre pudiera responder, escuché una voz desde la puerta. Era Ian, mi hermano menor. Él siempre estaba ahí, escuchando, observando.

—Yo lo haré, papá —dijo Ian, sin titubear, caminando hacia nosotros con una sonrisa segura—. Yo estudiaré lo que quieras. No seré como Elijah.

Mi padre se volvió hacia él, y por un momento vi algo en su expresión que nunca había visto cuando me miraba a mí: orgullo. Apretó los labios, como si quisiera contener una sonrisa, y luego asintió.

—Es bueno saberlo, Ian. Alguien en esta familia tiene que tener la cabeza en su lugar. Si tu hermano no quiere aceptar su responsabilidad, entonces tú lo harás.

Esas palabras marcaron la diferencia.

En ese momento, todo cambió entre Ian y yo. De alguna manera, su camino y el mío se separaron para siempre. Mi padre dejó de verme como su heredero y empezó a centrar toda su atención en Ian. Yo me convertí en el hijo que falló, el que no cumplió con las expectativas. E Ian, él era el elegido.

—Ves, Elijah —dijo Ian, con una sonrisa que parecía cargada de triunfo—, no es tan difícil. Solo tienes que aceptar lo que papá quiere. No es complicado.

Lo miré y sentí una mezcla de rabia y decepción. No porque él quisiera lo que yo no, sino porque sabía que él lo estaba haciendo para complacer a papá, no porque realmente lo quisiera.

—No voy a hacerlo —dije, mirando a ambos—. No quiero esa vida. No quiero quedarme aquí para ser alguien que no soy.

Mi padre golpeó el escritorio con fuerza, sobresaltándonos a los dos.

—¡Entonces vete! —gritó—. Si no puedes estar a la altura de las expectativas, si no puedes cumplir con tu deber como miembro de esta familia, ¡entonces no tienes lugar aquí!

Las palabras me golpearon como un puñetazo. Me levanté lentamente, sabiendo que ya no había vuelta atrás. Ian me miraba, triunfante, como si finalmente hubiera ganado algo que nunca debió haber sido una competencia.

Esa misma noche, llamé a mi tío Mateo. Él vivía en Italia, lejos de todo, y siempre fue la única persona que realmente entendía que yo quería algo diferente.

—Tío, necesito irme —le dije por teléfono—. No puedo quedarme aquí.

Mi tío no hizo preguntas. Siempre supo lo que pasaba en nuestra familia.

—Ven, Elijah —dijo simplemente—. Aquí siempre tendrás un lugar.

Y así fue como, a los doce años, tomé la decisión que cambiaría mi vida. Me fui con mi tío a otro país, dejando atrás una vida que nunca quise, y a un hermano que, desde ese día, dejó de ser mi hermano.

Y aunque realmente no fue un pasado tan trágico, ese día marcó mi vida y la de Ian.

El decidió estar con papa, darle lo que él siempre quiso, pero yo nunca necesité de eso.

Y jamás lo haré.

Notas de autor

¡Hola!
Bueno, ahora sabemos porque se llevan mal, aunque realmente o fue algo tan grande o impactante...

Pero si les puedo decir algo, la envidia y el odio son cosas que llevan a las personas a cometer muchas cosas...

Bueno, aunque realmente Elijah nunca le hizo nada a Ian.

Ahora si....

Si ya quieren el siguiente capítulo dejen su corazón amarillo y azul 💛💙

Nos leemos pronto,

Abrazos 🥰

Didi

Instagram: Didisin14_

Amor Inesperado Donde viven las historias. Descúbrelo ahora