VEINTISIETE

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Maratón 4/4

JADE

Tres años atrás

Italia fue mi refugio. Cuando dejé todo atrás, sabía que no sería fácil, pero también sabía que no tenía otra opción. Estaba embarazada, sola en un país extranjero, y asustada. Pero algo dentro de mí, tal vez el instinto de madre, me decía que lo lograría. Lo tenía que hacer por mi bebé.

Conseguí un trabajo en una pequeña cafetería en el centro de Florencia. No era nada glamuroso, pero era lo que necesitaba. Los días pasaban entre servir café, limpiar mesas y sonreír a los clientes, mientras trataba de no pensar en lo que había dejado atrás. El dueño del lugar, un hombre mayor llamado Mateo, me trataba bien. No hacía muchas preguntas, y por eso le estaba agradecida.

Cuando no trabajaba, estudiaba. Quería prepararme, aprender algo más para poder darle un mejor futuro a mi bebe. Todos los días, sin falta, me sentaba en la mesa de mi pequeño apartamento y repasaba libros y manuales. A veces, el cansancio era insoportable, pero cada vez que pensaba en rendirme, ponía una mano sobre mi vientre y recordaba por qué lo estaba haciendo. Sentir los movimientos suaves de Kaia dentro de mí me daba la fuerza para seguir.

Y si hace un mes me dieron la sorpresa que sería una niña, se que es un hermoso nombre...

Por las noches, cuando todo estaba en silencio, me recostaba en la cama y le hablaba.

—Eres fuerte, Kaia —le susurraba—. Serás fuerte como tu mamá, y no necesitaremos a nadie más. Solo tú y yo, mi amor. Vamos a estar bien.

A veces lloraba. Lloraba por lo que había perdido, por lo que nunca tendría, por el futuro incierto que nos esperaba.

Pero otras veces, me sentía más decidida que nunca, más valiente. Kaia me daba una razón para seguir luchando.

Lauren, ella siempre luchando a mi lado, estaba conmigo en cualquier momento, pero ahora no, tuvo que marcharse a Alemania.

Ella fue mi salvación en esos momentos difíciles. Salíamos juntas cuando el trabajo y los estudios lo permitían. Íbamos a pequeños cafés a hablar de cualquier cosa, a caminar por los jardines o simplemente a perdernos por las calles empedradas de la ciudad. Con Lauren me sentía normal, aunque fuera por un rato. Ella no me juzgaba, ni me hacía preguntas incómodas. Solo estaba ahí, y eso era suficiente para mí.

Lau lo era todo para mi, es la hermana que tanto adoro

—Vas a ser una gran madre, Jade —me decía Lauren, siempre con una sonrisa—. Kaia será muy afortunada de tenerte.

A veces me costaba creerlo. Sentía que había fallado en tantas cosas. Pero cuando Lauren me lo decía, quería pensar que tal vez tenía razón. Tal vez, después de todo, las cosas saldrían bien.

Mis días en Italia pasaron así, entre trabajo, estudios, y la espera. No fue fácil, pero fue necesario. Cada noche hablaba a mi hija, cada paso que daba era pensando en ella. Sabía que cuando llegara el momento, estaríamos listas para enfrentar lo que viniera, juntas.

—————————-🤍——————————

El día que Kaia decidió llegar al mundo, yo estaba trabajando en la cafetería, como siempre. Mateo, mi jefe, me había insistido mil veces en que debía descansar, que me daría mi paga aunque no trabajara. Pero yo no quería.

Necesitaba sentirme útil, mantener mi mente ocupada. Estar sola en el pequeño apartamento me hacía pensar demasiado, y eso era lo último que necesitaba.

El turno transcurría como cualquier otro. Clientes entrando y saliendo, el sonido del café moliéndose, las tazas chocando con los platillos.

Pero algo en mi cuerpo se sentía diferente. Era una punzada, un dolor que iba y venía, cada vez más fuerte. Traté de ignorarlo, concentrándome en servir a los clientes, pero pronto el dolor se hizo imposible de ocultar.

Estaba detrás del mostrador cuando una oleada más fuerte me dobló de dolor. Me sujeté la barriga con una mano, respirando con dificultad.

Era Kaia, sabía que estaba por llegar, pero no quería alarmar a nadie. Mateo me había advertido que descansara, y ahora no podía darle la razón.

—Jade, ya es hora de que vayas a casa —me dijo con su tono protector cuando me vio doblada de dolor.

—Estoy bien, solo es un poco de dolor... —intenté sonreír, pero la contracción me cortó las palabras.

Fue entonces cuando sentí una mano en mi hombro. Giré la cabeza, sorprendida por la presencia de un hombre alto a mi lado. No lo había notado antes, pero ahora estaba ahí, observándome con una expresión preocupada, el dolor era fuerte que me nublaba la vista, no lo detalle muy bien, solo sabía que estaba ahí.

—¿Estás bien? —preguntó en un italiano suave, pero firme.

No pude responderle, otro dolor me dejó sin aliento. Me di cuenta entonces de que las contracciones no iban a parar. Kaia estaba lista para nacer, y yo ni siquiera había terminado mi turno.

—Necesitas ir al hospital —dijo el hombre con una urgencia tranquila, inclinándose un poco para ayudarme a mantenerme en pie.

Mateo corrió hacia nosotros, su rostro lleno de preocupación.

—Jade, ¡te dije que descansaras! —gritó, con más angustia que enfado—. No puedes seguir aquí, deja que te llevemos.

El hombre que estaba a mi lado asintió, tomando el control de la situación.

—Déjamelo a mí, la llevaré al hospital.

No tenía fuerzas para protestar. El dolor era cada vez más intenso, y mi mente comenzaba a nublarse. Solo podía pensar en Kaia, en que estaba a punto de conocerla. Entre los dolores, la mano firme del desconocido me guiaba hacia la puerta, mientras Mateo le daba indicaciones de cómo llegar al hospital más cercano.

No tenía idea de quién era el hombre no podía detallarlo, por más que quería, mis ojos con lágrimas me nublaban la vista.

Me ayudaron a subir al coche del hombre, y aunque el camino al hospital fue un borrón de sensaciones y dolores, recuerdo sentirme extrañamente tranquila. Sabía que no estaba sola. Kaia estaba por llegar, y aunque no sabía quién era ese hombre, de alguna manera me hizo sentir segura.

Cuando llegamos al hospital, los doctores tomaron el control. Las horas que siguieron fueron un torbellino de dolor y esfuerzo, pero al final, cuando todo pasó, escuché el llanto de Kaia por primera vez. Mi corazón se llenó de amor y alivio al mismo tiempo.

La miré por primera vez, y supe que había valido la pena cada sacrificio, cada momento de miedo. Ella era todo lo que había esperado y más.

Y aunque después de dos años aún no puedo recordar a aquel hombre siempre le estaré agradecida.

Notas de autor...

¡Hola!
Aquí estoy nuevamente

Quiero que sepan que ahora si se vienen los capítulos en donde se empiezan a descubrir las cosas.

Creo que los capítulos serán más largos.

Así que bueno...

Si ya quieren el siguiente capítulo dejen su corazón amarillo y azul 💛💙

Nos leemos pronto,

Besos

Didi

Instagram: Disisin14_

Amor Inesperado Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora