Maratón 2/3
JADE
El teléfono vibraba en mi mano mientras lo miraba con una mezcla de temor y determinación.
Sabía quiénes eran, y sabía que no podía seguir evitando esta conversación. Respiré hondo antes de contestar.
—Jade —la voz fría de mi madre atravesó la línea—. Es hora de que hablemos.
—No hay nada de qué hablar —respondí, manteniendo mi tono firme, aunque el corazón me latía con fuerza—. No voy a volver. Ya no más.
Hubo un silencio tenso al otro lado de la línea antes de que mi padre interviniera, su tono tan gélido como siempre.
—No tienes opción, Jade. Sabes bien que es lo mejor para ti, para todos. Tu lugar es con nosotros, donde siempre debiste estar.
Me reí sin humor, apretando el teléfono contra mi oído.
—¿De verdad piensan que después de todo lo que me hicieron, yo volvería a ustedes? Me obligaron a casarme con Ian, ¡arruinaron mi vida! ¿Y ahora esperan que simplemente regrese? No quiero saber nada de ustedes.
—Nosotros te dimos todo lo que tienes —dijo mi madre, impasible—. Y ahora, es tu turno de devolvernos el favor.
Mi rabia aumentaba con cada palabra que decían. Ellos nunca habían cambiado, nunca lo harían.
—Si alguna vez pensé que ustedes podrían llegar a quererme, ya me quedó claro que estaba equivocada. Para ustedes siempre será Andrea. Ella es la hija perfecta, la que hace todo lo que le piden. Pero yo no soy como ella. Nunca lo fui y nunca lo seré. ¡Y ya es hora de que lo entiendan!
—Andrea no deshonró a nuestra familia como lo hiciste tú —replicó mi padre con voz cortante—. Te advertimos lo que pasaría si seguías por ese camino, y ahora lo estás pagando, no debiste de huir de Ian. Sabes que tu situación económica no durará. Eventualmente, vendrás a nosotros por ayuda, Jade.
Me mordí el labio, intentando no perder el control.
—Nunca les pediré nada. He vivido sin ustedes estos últimos años, y lo seguiré haciendo. Dejen de buscarme, de acosarme. Quiero que me olviden, de la misma forma en que ustedes lo hicieron cuando me casaron con Ian sin importarles mis sentimientos.
Entonces mi madre intervino, con un tono que hizo que la sangre se me helara.
—No tienes escapatoria, Jade. O regresas ahora y haces lo que se te pide, o tu hija pagará las consecuencias.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero me negué a dejarlas caer. Kaia era mi mundo, mi razón para luchar, y ellos no iban a quitarme eso.
—Jamás permitiré que le hagan daño a Kaia —dije con voz temblorosa, pero decidida—. No tienen derecho a usarla para manipularme.
Mi padre soltó una risa seca.
—¿De verdad piensas que puedes huir de nosotros? Sabemos todo lo que haces, cada paso que das. Y si sigues negándote a regresar, haremos que Ian se entere de que tiene una hija... ¿Cómo crees que reaccionará al saber que le has ocultado a su propia hija?
Sentí como si el mundo se me cayera encima. Ian no sabía de Kaia. Pero si él lo supiera ahora... podría reclamar a Kaia, podría tratar de llevársela. Todo lo que había construido se derrumbaría.
—No te atrevas —susurré, pero mi voz traicionaba mi miedo.
—Entonces haz lo que debes hacer —dijo mi padre con tono triunfal—. Sabes cuál es tu destino, Jade. Vuelve, o lo perderás todo.
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Amor Inesperado
Teen FictionHicimos promesas que se romperían, el tiempo fue duda y aún seguimos luchando por algo imposible
