TREINTA Y UNO

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JADE

El bullicio del aeropuerto me aturde un poco, pero nada puede calmar el martilleo de mi corazón al saber que en cualquier momento veré a Lauren y, sobre todo, a mi pequeña Kaia. Miro el reloj nerviosamente, mientras mi mente repasa cada detalle de los últimos días.

Todo ha sido un caos, un desastre en cámara lenta. El miedo me mantiene alerta, pero saber que Kaia estará conmigo pronto me da la fuerza que necesito.

Y ahí está. A lo lejos, veo a Lauren, caminando con seguridad, y junto a ella, mi niña.

Mi corazón da un vuelco. Kaia camina tambaleante con sus pequeños pasos, pero sus ojos chispean de curiosidad y alegría. Me agacho para recibirla, y ella corre hacia mí, con una sonrisa que ilumina mi mundo. La abrazo fuerte, cerrando los ojos para contener las lágrimas.

-Te extrañé tanto, mi amor-le susurro, sintiendo su cálido cuerpecito contra el mío. Kaia me responde con un balbuceo en italiano que me hace reír entre lágrimas.

Lauren llega a mi lado y nos abraza a ambas, su rostro refleja el cansancio, pero también la determinación.

-Lo logramos-me dice, su voz baja pero cargada de alivio.

Me incorporo y miro a Lauren, ambas conscientes de lo que estamos enfrentando.

-Gracias-, le susurro, mi voz rota de gratitud. Sé lo que ha arriesgado por traer a Kaia aquí. Suspiramos al unísono, conscientes de la tensión que nos rodea.

Se que fue difícil tomar un vuelo comercial, teniendo ella las posibilidades de venir en un avión privado, pero teníamos que ser discretas y no llamar la atención.

-Esto no ha terminado, Jade-me dice en voz baja mientras caminamos hacia la salida. -Tus padres no se rendirán tan fácil. No sé hasta dónde están dispuestos a llegar.

Asiento, sintiendo el peso de la verdad en sus palabras.

-Lo sé, -respondo, mirando a Kaia que juega distraída con un mechón de mi cabello. -Pero ya no puedo seguir huyendo.

Luca viene a mi lado jugueteando con Kaia quien le sonríe.

Se que trata de mantenerse firme por nosotras, pero algo dentro de mi me dice que esto solo es el inicio de algo fuerte, que necesito terminar con todo lo que me rodea y lastima.

Llegamos al estacionamiento, y siento que la presión en mi pecho se intensifica.

El miedo, siempre presente, parece amplificarse en los espacios abiertos.

Mientras me despido mentalmente de Lauren, con la esperanza de poder empezar de nuevo, un ruido llama mi atención. Miro hacia la entrada del estacionamiento y lo veo.

Ian, parado allí, como si el tiempo se hubiera congelado en su presencia.

Mi corazón se acelera. ¿Qué hace aquí? ¿Por qué ahora?

Lauren también lo nota y se tensa a mi lado.

-¿Qué demonios está haciendo Ian aquí?-murmura, su mano sosteniendo con más fuerza la de Kaia. No sé qué responder.

Mi mente está en blanco. Pero no tenemos tiempo para procesar la sorpresa porque, en ese mismo instante, otra figura aparece detrás de él. No puedo creer lo que veo.

Mis padres.

El mundo parece desmoronarse a mi alrededor en cámara lenta.

Mi madre me observa con una expresión de perplejidad, como si no pudiera entender lo que está viendo. Mi padre tiene la mandíbula apretada, su rostro se transforma en una mezcla de sorpresa y furia.

Amor Inesperado Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora