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La semana había transcurrido sin problemas. Emma había recuperado su confianza y disfrutaba de cada momento en el instituto, especialmente con Iván y Rodrigo. Sin embargo, había algo en su interior que la empujaba a dar un paso más en su relación con Iván. Desde aquella pijamada, sentía que había una conexión especial entre ellos, y la idea de estar a solas con él la llenaba de emoción y nervios.
Era un día soleado, y después de clases, Emma decidió que era hora de hablar con Iván. Rodrigo había tenido que quedarse después de clases para una reunión del consejo estudiantil, así que ella vio su oportunidad.
Se acercó a Iván, que estaba guardando su mochila en el casillero.
—Eh, Iván —dijo, tratando de mantener la voz firme, aunque su corazón latía a mil por hora—. ¿Tenés un momento?
Él se volvió, con la mirada curiosa.
—Sí, ¿qué pasa?
Emma tomó aire, sintiéndose un poco vulnerable.
—Quería preguntarte… ¿te gustaría dar una vuelta conmigo este fin de semana? Solo nosotros dos, sin Rodrigo —dijo, sintiendo que cada palabra le costaba salir.
Iván frunció el ceño levemente, pero luego su expresión se suavizó.
—¿Como una cita? —preguntó, su tono un poco juguetón.
Emma se sintió sonrojarse al escuchar eso, pero se obligó a seguir.
—No, no es una cita… Solo… quería pasar tiempo contigo, sin que Rodrigo esté alrededor. —Su voz se volvió más baja, casi un susurro.
Iván la observó por un momento, como si estuviera evaluando sus palabras. Emma sintió que el tiempo se detenía.
—Si obvio no hay problema—respondió finalmente Iván, con una leve sonrisa—.¿Qué tenías en mente?
Emma no pudo evitar sonreír, aliviada y emocionada a la vez.
—Podríamos ir a la plaza, dar una vuelta, tomar algo… algo sencillo —sugirió, sintiéndose un poco más segura.
—Suena bien —dijo Iván, y Emma sintió una oleada de felicidad recorrerla—. ¿A qué hora?
—¿Te parece bien a las cinco?
—Perfecto. Nos vemos entonces —respondió él, antes de girarse para irse.
Emma se quedó allí, mirando cómo se alejaba. La mezcla de nervios y emoción la envolvió. Había dado el paso y, por fin, tendría la oportunidad de conocer a Iván más allá de las paredes del instituto. Pero a medida que la emoción crecía, también lo hacía la ansiedad.
Esa noche, mientras se preparaba para dormir, Emma no podía dejar de pensar en lo que había planeado. ¿Cómo sería estar a solas con Iván? Se mordió el labio, imaginando las posibilidades. Pero también había una pequeña voz en su cabeza que le recordaba la tensión que todavía existía entre ellos.
El sábado llegó rápido. Emma eligió cuidadosamente su atuendo: una camiseta cómoda y unos jeans que le quedaban bien, pero sin parecer que había intentado demasiado. Quería verse bien, pero no demasiado para no asustar a Iván.
A las cinco en punto, salió de casa con el corazón latiendo fuertemente. Caminó hacia la plaza, recordando cada consejo que Rodrigo le había dado sobre cómo ser natural y disfrutar el momento. Pero cuando llegó y vio a Iván esperándola, la ansiedad volvió a asomarse.
—¡Hola! —saludó Emma, tratando de sonar despreocupada.
—Hola —respondió Iván, sonriendo. Se veía relajado, con una camiseta blanca y unos pantalones negros. Era tan guapo que le costó un poco concentrarse en lo que quería decir.
—¿Listo para dar una vuelta? —preguntó Emma, sintiendo que las mariposas volaban en su estómago.
—Listo. —Iván hizo un gesto hacia la plaza—. ¿A dónde vamos primero?
Mientras caminaban, la conversación fluyó. Emma empezó a hablar de sus pasatiempos y de lo que le gustaba hacer en su tiempo libre. Iván, aunque más reservado, comenzó a abrirse, compartiendo sus intereses en el fútbol y sus planes para el futuro.
El aire estaba fresco y había una atmósfera agradable entre ellos. Emma se sentía más cómoda a medida que pasaba el tiempo, riendo de las anécdotas que Iván contaba sobre sus entrenamientos.
—A veces, me siento como el payaso del equipo —dijo Iván, riendo—. Mis amigos siempre me dicen que soy el menos serio en el campo.
—No lo creo —replicó Emma, sonriendo—. Creo que tenés un buen sentido del humor.
—Tal vez —dijo él, mirando al horizonte—. Solo trato de no tomarme la vida tan en serio.
A medida que la tarde se convertía en noche, Emma sintió que cada momento que pasaba con Iván la acercaba más a él. Sin embargo, también había un temor persistente en su interior. ¿Qué pasaría cuando volviera a aparecer Sofía? Esa pregunta seguía rondando su mente, pero decidida a disfrutar del momento, la dejó de lado.
Mientras se sentaban en un banco en el parque, Emma miró a Iván, sintiendo que había dado un paso importante en su relación.
—Gracias por pasar el rato conmigo hoy. Esto significa mucho —dijo, sintiéndose vulnerable pero también emocionada.
Iván la miró, sus ojos reflejando una mezcla de sorpresa y aprecio.
—Gracias a vos por invitarme. Creo que necesitaba un poco de tiempo fuera del instituto.
Ambos se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la compañía del otro. Emma sintió que, por fin, estaba construyendo algo significativo con Iván, y la emoción que sentía era innegable.
Sin embargo, en su mente, la preocupación por lo que Sofía podría hacer seguía presente, y Emma sabía que aún había muchos obstáculos por delante. Pero por ahora, disfrutaba de su conexión con Iván, sintiendo que, poco a poco, se estaba desdibujando la línea que los había mantenido separados.
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Holaaa perdon por no hacer maratón tengo demasiados exámenes, mañana os prometo maratón de 3 capítulos
Pinki promesa
Se re pica mañana
Ya no se que poner acá denme ideas
Sigo?
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La chica nueva ; Spreen
FanfictionSpreen's fanfiction -- [COMPLETA] Iván Buhajeruk es el chico mas popular del Instituto: Frio, distante y siempre en control. Cuando llega Emma, una chica sociable que se hace amiga de su compañero inseparable Rodrigo, Iván la ve como una molestia. P...
