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Narrado por Emma
La mañana siguiente llegó con un aire de calma, como si la tormenta que había agitado mi vida durante las últimas semanas se hubiera disipado, al menos por un tiempo. La conversación con Iván había sido un alivio, una especie de terapia que necesitábamos ambos, aunque no me quitaba la sensación de que estábamos apenas al principio de un camino complicado.
A medida que me preparaba para ir al instituto, mi mente seguía recordando la manera en que su mirada se había suavizado al hablarme. Era un cambio palpable, como si un velo se hubiera levantado entre nosotros, permitiendo que finalmente nos viéramos por lo que realmente éramos: amigos, pero también algo más.
En el instituto, la atmósfera parecía diferente, aunque las cosas continuaban como de costumbre. Me encontré buscando a Iván a cada momento, deseando ver su sonrisa o escuchar su risa. Pero, cuando finalmente lo vi, el mundo se detuvo un instante.
Él estaba en la entrada, hablando con Rodrigo. Esa imagen me hizo sonreír, pero también me recordó que Sofía estaba en el aire, siempre presente, como una sombra acechante. Sabía que, tarde o temprano, tendría que enfrentar su incertidumbre y la posibilidad de que ella volviera a atacar.
-¡Emma! -me llamó Iván, haciendo un gesto con la mano. Su sonrisa iluminó mi día.
-¡Hola! -respondí, acercándome rápidamente. La calidez de su presencia me hizo sentir más tranquila.
Rodrigo nos miró con curiosidad. -Parece que ustedes dos han tenido una buena charla -dijo, con un guiño.
Me sonrojé ligeramente, pero Iván sonrió con confianza. -Hemos estado hablando de cosas importantes.
-Sí, lo supuse -respondió Rodrigo, un brillo de complicidad en sus ojos-. Espero que haya sido positivo.
Mientras caminábamos hacia el aula, la conversación giró entre las clases y las actividades que se avecinaban. Pero, de vez en cuando, nuestros ojos se encontraban, y una conexión silenciosa se establecía entre nosotros, un recordatorio de que ahora compartíamos algo más profundo.
A media mañana, mientras estaba en clase, mi mente comenzó a divagar nuevamente. La charla de la noche anterior había creado una nueva perspectiva sobre mi relación con Iván. Sabía que necesitábamos ser claros el uno con el otro, pero ¿cómo se hace eso sin asustar al otro?
Justo cuando estaba en medio de mis pensamientos, el timbre sonó, rompiendo mi concentración. Al salir del aula, sentí un escalofrío que recorría mi espalda; la intuición de que algo estaba por suceder.
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Durante el receso, decidí ir a la cafetería, donde esperaba encontrar a Iván y Rodrigo. Pero, mientras caminaba, escuché murmullos que me llamaron la atención. Un grupo de chicas estaba reunido, y pude ver a Sofía entre ellas, con una sonrisa en su rostro que no prometía nada bueno.
Me acerqué un poco más, intentando captar lo que decían. Era difícil ignorar la forma en que Sofía gesticulaba, y el tono burlón que usaba en sus comentarios. El aire se volvió pesado y me invadió una sensación de inquietud.
-No puedo creer que Iván realmente pensara que podía estar con alguien como ella -escuché decir a Sofía, su risa resonando en el aire.- No es más que una novata que no sabe lo que es el amor.
Mi corazón se detuvo un segundo. La mención de Iván hizo que cada fibra de mi ser se pusiera en alerta. Sofía no se detendría; estaba decidida a hacer daño, y eso significaba que yo podría estar en su punto de mira.
Justo en ese momento, Iván apareció en la entrada de la cafetería. Su mirada se centró en mí, y una chispa de calidez se encendió en su rostro. Pero, al notar la atmósfera cargada, su expresión se tornó seria.
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-¿Qué sucede? -preguntó Iván, acercándose a mí, aunque mis ojos estaban fijos en Sofía y su grupo.
-Ella... -comencé, pero las palabras se me atoraron en la garganta.
Sofía no tardó en darse cuenta de que estábamos allí. Su sonrisa se ensanchó, y su mirada despectiva se fijó en mí. -¿Emma? ¿Aún sigues creyendo que eres digna de Iván? -dijo, con un tono burlón que me heló la sangre.
La tensión se hizo palpable, y el silencio en la cafetería se volvió abrumador. Todos los ojos estaban en nosotros, y sabía que Sofía estaba lista para lanzar su ataque.
-No estoy aquí para competir contigo, Sofía -respondí, sintiendo que debía defenderme. Aún así, mi voz temblaba un poco.
-¡Oh, pero es tan divertido! -exclamó, y su grupo de amigas se rió con ella. -¿Te crees tan especial porque hablas con él? No olvides que siempre estaré por encima.
Iván se colocó frente a mí, como si quisiera protegerme de las palabras venenosas que lanzaba Sofía. Su postura era firme, y eso me llenó de valor. Pero no podía permitir que ella nos arrastrara a una pelea.
-Eso es suficiente, Sofía -dijo Iván, su voz baja pero amenazante-. No tienes derecho a hablar así de Emma. Ella no te ha hecho nada.
La mirada de Sofía se tornó desafiante, como si estuviera disfrutando del espectáculo. -Pero tú sí. Tú le has dado esperanzas, Iván. Solo estás jugando con ella, como siempre.
Sentí que mi corazón se aceleraba. La idea de que alguien pudiera pensar que Iván estaba jugando conmigo era una herida que no podía soportar.
-No estoy jugando, Sofía -respondió Iván, manteniendo su mirada fija en ella-. Emma es importante para mí. Lo que hemos compartido es real.
El grupo de chicas se quedó en silencio, pero no podía ignorar el retumbar de mi corazón. Sofía retrocedió un poco, sorprendida, pero no tardó en recuperar su actitud provocadora.
-Si tú lo dices, entonces lo diré yo: la vida es un juego, Iván. Y no siempre gana el que es "importante". -Sofía sonrió de manera cruel, y sus amigas la siguieron en su risa.
Iván apretó los puños, pero sabía que no debía dejar que Sofía tuviera la satisfacción de provocarlo. Me volví hacia él, con la determinación de no dejar que las palabras de Sofía nos afectaran más de lo necesario.
-Vamos -le dije, sintiendo que no podía quedarme allí, siendo un objetivo más de su ataque-. No vale la pena.
Él me miró y asintió, y juntos nos alejamos del grupo. Mientras salíamos de la cafetería, la sensación de alivio y temor se entrelazaba en mi interior. Sabía que la situación con Sofía no había terminado, pero me di cuenta de que, a pesar de todo, Iván y yo estábamos juntos en esto.
La conversación con Iván todavía pesaba en mi mente, y ahora, el drama con Sofía solo hacía que la urgencia de hablar sobre nuestros sentimientos creciera. Pero, de alguna manera, sabía que la batalla no estaba solo en mis manos. Tendríamos que enfrentarlo juntos.
Y en el fondo, había algo reconfortante en eso. La lucha que se avecinaba podría ser dura, pero con Iván a mi lado, sentía que podría enfrentar cualquier cosa.
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Maratón 1/3
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La chica nueva ; Spreen
FanfictionSpreen's fanfiction -- [COMPLETA] Iván Buhajeruk es el chico mas popular del Instituto: Frio, distante y siempre en control. Cuando llega Emma, una chica sociable que se hace amiga de su compañero inseparable Rodrigo, Iván la ve como una molestia. P...
