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Narrado por Emma
Desde que Iván me confesó todo lo que había guardado, mi mente no había parado de dar vueltas. Cada vez que cerraba los ojos, las palabras volvían a mí, como una cinta que no podía dejar de reproducirse. Había intentado centrarme en otras cosas, en el instituto, en mis amigos, incluso en los estudios, pero nada lograba desviar mi atención de lo que me había contado.
Sentía como si una pieza faltante del rompecabezas hubiera aparecido de repente, pero en lugar de traer claridad, solo me dejaba más preguntas. ¿Por qué Iván había tardado tanto en contarme todo esto? Y, sobre todo, ¿qué más no me estaba diciendo? Sabía que su intención no era lastimarme, pero lo que había revelado me hacía dudar de muchas cosas, y eso dolía.
Esa mañana en el instituto fue particularmente tensa. Cada vez que pasaba cerca de Iván, la distancia entre nosotros se sentía como un océano. Sabía que tenía que hablar con él, enfrentar todo de una vez. No podía seguir evitando esa conversación, pero algo en mí seguía resistiéndose, como si temiera lo que podría descubrir.
Después de clases, decidí que ya era suficiente. Le mandé un mensaje a Iván, invitándolo a mi casa esa tarde. Sabía que probablemente no estaría esperando esto después de cómo habían sido las cosas en los últimos días, pero necesitábamos hablar, y no podía dejarlo para más tarde. No más.
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Cuando Iván llegó a mi casa, la atmósfera era tensa. Mi madre no estaba, lo que, en cierto modo, me aliviaba. Teníamos todo el espacio y el tiempo del mundo para hablar sin interrupciones.
Abrí la puerta, y lo primero que noté fue la expresión en su rostro: parecía cansado, agotado emocionalmente. Probablemente no muy distinto a cómo me sentía yo. Nos quedamos unos segundos en silencio, como si ninguno de los dos supiera exactamente por dónde empezar.
-Hola -dijo finalmente, rompiendo el silencio.
-Hola -respondí, apartándome para dejarlo entrar. El eco de nuestras palabras parecía más frío de lo habitual.
Nos sentamos en la sala de estar, en lados opuestos del sofá, con una distancia que reflejaba lo distantes que nos sentíamos emocionalmente. Me quedé mirando mis manos, buscando las palabras correctas.
-No sé por dónde empezar -dije al fin, mirando a Iván de reojo. Mi voz sonaba más insegura de lo que me hubiera gustado.
Él se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. -No tenés que decir todo ahora. Pero quiero escucharte.
Respiré hondo y me armé de valor. -Lo que me contaste... me sorprendió, y no solo porque fue mucho de golpe. Es solo que... me hace pensar que hay más que no sé. Y no sé si estoy lista para todo lo que eso significa.
Iván asintió lentamente, mirándome con una mezcla de tristeza y comprensión. -Te entiendo. Fue mucho, lo sé, y probablemente no lo manejé de la mejor manera.
-No, no lo hiciste -admití, pero suavicé mi tono para que no sonara acusatorio-. Pero creo que en parte eso es lo que me duele más. El hecho de que te sintieras como si tuvieras que cargar con todo esto solo.
Iván levantó la vista, y por primera vez en días, vi vulnerabilidad en sus ojos. -No quería que te afectara. Quería mantenerte lejos de todo eso... pero ahora me doy cuenta de que esconderlo solo lo empeoró.
Hubo una pausa larga. Sentía que estábamos justo en el borde de algo importante, como si solo una palabra equivocada pudiera hacer que todo se derrumbara.
-No me gusta que hayas tenido que esconder eso de mí -continué-. Pero tampoco quiero que pienses que no confío en vos. Sé que es complicado, Iván, pero yo... no quiero que sientas que tenés que enfrentar todo solo. Estoy aquí, y quiero estar aquí para vos.
Él me miró, sus ojos buscando los míos como si estuviera buscando algún tipo de señal, alguna confirmación de que no lo rechazaría por todo lo que me había contado.
-Emma -comenzó, su voz quebrada por la sinceridad-. Nunca quise que esto te lastimara. Vos significás mucho para mí. Más de lo que puedo explicar. Y quizás no lo he dicho de la mejor manera, pero vos sos... importante. Mucho.
El peso de sus palabras me golpeó. Había estado esperando algún tipo de respuesta emocional de parte suya, y finalmente, estaba ahí. Lo miré fijamente, intentando entender todo lo que significaba lo que me estaba diciendo.
-Vos también sos importante para mí -dije en un susurro, mi voz cargada de todas las emociones que había intentado contener estos días.
Nos quedamos en silencio, ambos asimilando lo que acabábamos de decir. Era como si hubiéramos abierto una puerta que había estado cerrada durante mucho tiempo, y ahora, ambos estábamos parados frente a ella, preguntándonos si estábamos listos para cruzar al otro lado.
-Entonces... -comencé, queriendo romper la tensión-. ¿Qué hacemos ahora?
Iván sonrió levemente, una sonrisa suave y algo triste. -Supongo que seguimos adelante. Juntos, si vos querés.
Mi corazón dio un pequeño salto al escuchar esas palabras. De alguna manera, lo que había empezado como una conversación tensa y cargada de emociones se estaba convirtiendo en algo más. Algo que me hacía sentir esperanza de nuevo.
-Quiero eso -admití finalmente, sin apartar la mirada de él.
Nos quedamos hablando durante horas, sobre todo lo que había pasado, sobre cómo había cambiado nuestras vidas en los últimos días. Fue una charla honesta, difícil a veces, pero necesaria. Sentía que, poco a poco, estábamos volviendo a encontrar nuestro ritmo, ese equilibrio que había quedado tan sacudido por la revelación de Iván.
Y cuando la noche comenzó a caer y él finalmente se levantó para irse, supe que algo había cambiado entre nosotros, algo que no podría romperse tan fácilmente. Nos habíamos abierto el uno al otro de una manera que nunca habíamos hecho antes, y aunque las cosas no serían perfectas de inmediato, estaba dispuesta a enfrentar lo que viniera, siempre y cuando lo enfrentáramos juntos.
Antes de que se fuera, me dio un último vistazo, sus ojos reflejando un cansancio, pero también una nueva determinación.
-Nos vemos mañana -me dijo, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que las palabras no solo eran una promesa, sino una verdad firme.
-Nos vemos mañana -le respondí, sintiendo una extraña calidez en el pecho.
Quizás no sabíamos exactamente qué vendría después, pero al menos ahora, sabíamos que no estaríamos solos para enfrentarlo.
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Mañana maratón
Si no me acuerdo avisenme
Los amo
Sigo..?
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La chica nueva ; Spreen
Fiksi PenggemarSpreen's fanfiction -- [COMPLETA] Iván Buhajeruk es el chico mas popular del Instituto: Frio, distante y siempre en control. Cuando llega Emma, una chica sociable que se hace amiga de su compañero inseparable Rodrigo, Iván la ve como una molestia. P...
