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El silencio entre nosotros se sentía pesado mientras caminábamos por los pasillos vacíos del instituto. Emma seguía aferrada a mi brazo, pero no decía nada, y yo no quería presionarla para hablar. Rodrigo caminaba unos pasos por delante, con el rostro tenso. Sabía que también estaba lidiando con su propia frustración, pero no había mucho que pudiese hacer en ese momento.
Cuando llegamos a un rincón más apartado del patio trasero, donde casi nadie iba, nos detuvimos. Emma finalmente se soltó de mi brazo y se apoyó contra una de las paredes. El viento fresco de la tarde movía su cabello, y las lágrimas aún brillaban en sus ojos, aunque parecía estar haciendo todo lo posible por controlarse.
-No tenés que decir nada ahora -dije suavemente, aunque dentro de mí la rabia seguía ardiendo-. Estamos acá para lo que necesites.
Emma asintió, y aunque no parecía dispuesta a hablar todavía, aprecié su gesto. Rodrigo se quedó en silencio, claramente intentando encontrar las palabras adecuadas. Era raro verlo tan serio; siempre había sido el que le quitaba peso a las cosas, pero esta situación lo había dejado sin su típico humor relajado.
Finalmente, Emma rompió el silencio.
-No entiendo por qué me odia tanto -dijo, su voz apenas un susurro-. No la conozco, y no le hice nada. Pero desde que llegué, parece que todo lo que hago la irrita.
Rodrigo soltó un suspiro largo, cruzando los brazos sobre su pecho.
-Sofía siempre ha sido así -dijo con un tono apagado-. Si siente que alguien es una amenaza, lo destruye. Y vos... -Rodrigo la miró, intentando suavizar el golpe-, sos nueva, popular y además, te destacás en lo que hacés. Eso es todo lo que ella necesita para convertirte en su blanco.
Emma bajó la cabeza, sus manos temblaban ligeramente mientras las entrelazaba.
-Pero yo no quiero competir con ella -dijo, su voz quebrándose-. Solo quiero pasar mis días tranquila, hacer amigos, jugar fútbol... ¿Es mucho pedir?
-No lo es -le respondí rápidamente, con un tono firme-. Lo que pasa es que Sofía no soporta no ser el centro de atención. No es algo que vos hiciste, es algo que ella decidió hacer porque no puede verte brillar.
Emma asintió débilmente, pero aún había un brillo de incredulidad en sus ojos.
Rodrigo se adelantó un paso, su expresión ahora más decidida.
-Pero vamos a hacer algo al respecto, Emma -dijo, con una determinación inusual en él-. No vamos a dejar que Sofía te siga arruinando la vida. No estamos solos en esto. Y te prometo que Iván y yo no vamos a quedarnos de brazos cruzados.
Emma lo miró sorprendida, quizás no esperando que Rodrigo tomara una postura tan firme. Pero esa sorpresa fue rápidamente reemplazada por una mirada de gratitud.
-Gracias... de verdad -dijo Emma, su voz aún débil, pero ahora con una nota de esperanza-. No sé qué haría sin ustedes.
Un silencio cómodo se instaló entre los tres. El momento era frágil, pero sentí que algo había cambiado. Emma ya no estaba enfrentando esto sola, y de alguna manera, su dolor se había convertido en algo que compartíamos los tres.
Sin embargo, mientras las palabras de apoyo resonaban en el aire, no pude evitar sentir una inquietud creciente. Sabía que Sofía no se detendría solo porque habíamos logrado consolar a Emma por un rato. Ella era más calculadora que eso, y si esta era su primera movida, temía lo que vendría después.
De repente, Rodrigo rompió el silencio, cambiando el tema de golpe.
-Mirá, no sé ustedes, pero necesito sacarme esto de la cabeza. ¿Qué les parece si vamos a la cancha a patear un poco la pelota? Nada como un poco de fútbol para distraerse.
Emma soltó una pequeña risa, aún con los ojos rojos por las lágrimas, pero asintió. Parecía dispuesta a aceptar cualquier cosa que le permitiera escapar por un rato del caos que Sofía había creado.
-Está bien, pero les advierto que estoy en modo 'desahogo' -bromeó ella, tratando de inyectar algo de ligereza a la conversación.
Rodrigo sonrió, siempre listo para seguirle el juego. -Eso me suena a desafío, Castellanos. Prepará tus mejores tiros, porque hoy no voy a tener piedad.
Nos dirigimos hacia el campo deportivo, y por un momento, sentí que la nube oscura que había estado colgando sobre nosotros comenzaba a disiparse. Los pasos ligeros de Emma a mi lado, la risa de Rodrigo y el simple acto de caminar hacia algo que disfrutábamos todos, hizo que por un rato las preocupaciones quedaran en segundo plano.
Cuando llegamos a la cancha, el campo estaba desierto, algo raro para esa hora del día. Rodrigo, con su habitual energía, corrió hacia uno de los arcos y levantó una pelota que alguien había dejado.
-Vamos, a patear hasta que nos duelan los pies, o que a ivan se le salga la rodilla-gritó con entusiasmo, diciendo lo último en un susurro haciendo que Emma soltara una carcajada.
A pesar de todo, ver a Emma reír me dio un alivio que no sabía que necesitaba. Mientras ella y Rodrigo intercambiaban pases y tiros, me quedé un momento observando desde el centro de la cancha, dejando que la calma de ese instante se apoderara de mí. Pero la tranquilidad no duró mucho.
Mi teléfono vibró en el bolsillo, y cuando lo saqué, vi un mensaje que me hizo fruncir el ceño. Era de un número desconocido. Lo abrí, sintiendo una sensación de malestar crecer en mi estómago.
"Ella no tiene idea de lo que se avecina. Tal vez deberías advertirle."
Mis músculos se tensaron al leerlo. El mensaje era corto, pero el veneno que destilaba era inconfundible. Estaba claro que Sofía no había terminado, y si esto era una advertencia, significaba que estaba planeando algo mucho peor. Mi respiración se aceleró, pero intenté mantener la calma. No podía permitir que esto me desbordara.
-¿Iván? -La voz de Emma me sacó de mis pensamientos. Se acercaba hacia mí, con una expresión curiosa-. ¿Estás bien?
Asentí rápidamente, guardando el teléfono en el bolsillo. -Sí, solo un mensaje del consejo estudiantil -mentí sin pestañear, pero sentía la adrenalina burbujeando bajo la superficie.
No quería preocuparla más. Emma ya había pasado por suficiente, y por ahora, lo más importante era mantener la paz. Pero sabía que esto solo era el principio. Sofía estaba preparando algo grande, y si ese mensaje era una pista, lo que venía podría ser devastador.
Mientras Emma me sonreía y volvía a patear la pelota con Rodrigo, mi mente seguía trabajando a mil. No iba a dejar que Sofía ganara, no esta vez. Era hora de tomar el control de la situación antes de que se saliera de nuestras manos.
Algo debía hacerse, y rápido.
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Me pidieron cap y acá esta
Rodri es el mejor, confirman?
Los amoo 😘😘
Sigo..?
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La chica nueva ; Spreen
FanfictionSpreen's fanfiction -- [COMPLETA] Iván Buhajeruk es el chico mas popular del Instituto: Frio, distante y siempre en control. Cuando llega Emma, una chica sociable que se hace amiga de su compañero inseparable Rodrigo, Iván la ve como una molestia. P...
