21 - Confesiones internas

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La tarde seguía su curso mientras Emma y Rodrigo se divertían en la cancha. Desde el borde del campo, observaba cómo la pelota iba y venía entre ellos, sus risas llenando el aire. Parecían tan despreocupados, tan ajenos a la tensión que sentía dentro de mí.

Intenté concentrarme en cualquier otra cosa, pero mi mirada volvía una y otra vez a Emma. Su agilidad con la pelota, la manera en que su rostro se iluminaba cuando lograba un buen pase, el sonido de su risa... todo me descolocaba. No era solo admiración lo que sentía por ella, era algo más profundo, algo que se iba instalando lentamente en mi pecho y me inquietaba.

"No es posible", pensé, intentando bloquear la idea que había comenzado a formarse en mi cabeza desde hacía días. Pero negar lo que estaba ocurriendo se volvía más difícil con cada momento que pasaba a su lado.

-¡Iván, dejá de hacer de espectador! -gritó Rodrigo desde la otra punta de la cancha-. Vení, unite. ¡Estás muy callado!

Respiré hondo, intentando sacudirme las emociones. Me levanté con pereza y caminé hacia ellos, esforzándome por parecer relajado.

-No es que pueda competir con ustedes dos -bromeé, aunque mi voz sonaba un poco forzada.

Emma me sonrió al verme acercar, esa sonrisa que, aunque no quería admitirlo, se me estaba volviendo adictiva.

-No te subestimes -dijo, dándome un pequeño empujón con el hombro-. Vos también sos bueno, ¿no?

Mi corazón dio un vuelco ante su toque, un gesto tan inocente pero que me hizo sentir más de lo que debía. "Controlate", me dije a mí mismo, pero la batalla interna se volvía cada vez más complicada.
Nos pusimos a jugar en serio, corriendo y pateando la pelota, pero incluso en medio del juego, no podía evitar verla de reojo. Todo en ella me atraía: la forma en que se movía con una facilidad natural, su determinación, su risa despreocupada. Y lo peor era que Rodrigo lo notaba también. Él la miraba con esa admiración evidente, y aunque éramos amigos, no podía ignorar la punzada de celos que me atravesaba al pensar en lo fácil que parecía para él conectar con ella.

"Esto no puede estar pasándome. No con Emma."

Después de un rato, me detuve, jadeando por el esfuerzo. Me acerqué a la baranda para tomar un poco de agua, dejando que el aire fresco enfriara mi rostro acalorado. Pero incluso en ese momento de descanso, mi mente seguía obsesionada con una única realidad que cada vez era más difícil de evitar.

Me estaba enamorando de Emma.

Negarlo ya no servía de nada. Aunque no quería admitirlo, aunque intentaba convencerme de que solo estaba preocupado por ella por lo que Sofía podría hacer, sabía que era más que eso. Cada vez que estaba cerca de Emma, algo en mí se desmoronaba, y todo lo que me hacía querer protegerla, estar a su lado, tenía mucho más que ver con lo que sentía por ella que con cualquier rivalidad con Sofía.

Pero no podía permitírmelo. No quería.

Había muchas razones para evitarlo. Primero, Rodrigo. Era obvio que él también estaba interesado en Emma, y no quería arruinar nuestra amistad por algo tan complicado. Y segundo... Sofía.

Ella no lo había dicho, pero sabía que seguía esperando algo de mí. Habíamos estado cercanos durante años, y aunque lo nuestro nunca fue una relación formal, había una conexión que no podía simplemente ignorar. Si se enteraba de mis sentimientos por Emma, la situación podría empeorar de maneras impredecibles.

Mientras todo eso daba vueltas en mi cabeza, sentí que alguien se acercaba. Era Emma.

-¿Estás bien? -preguntó, con una expresión de preocupación.

Asentí rápidamente, tratando de no dejar que mis emociones se reflejaran en mi rostro.

-Sí, solo necesitaba un descanso. Están jugando demasiado bien -dije, forzando una sonrisa.

Emma me miró fijamente por un segundo, como si estuviera intentando leer algo en mi rostro. Pero al final solo sonrió y asintió.

-Bueno, ya sabés que si necesitas un respiro, estoy acá -dijo en tono de broma, pero con una calidez que me desarmó.

Esa simple frase, dicha tan casualmente, hizo que mi corazón se acelerara. ¿Qué me estaba pasando? ¿Cómo una chica que apenas conocía me hacía sentir todo esto? Y lo peor era que sabía que, cuanto más tiempo pasara con ella, más difícil sería esconder lo que sentía.

Me volví a juntar con ellos en el juego, pero mi cabeza ya estaba en otro lado. No podía concentrarme. Cada sonrisa de Emma, cada gesto suyo, cada palabra que decía, me hacía sentir más atrapado en una red de sentimientos que no sabía cómo manejar. Intenté apartar esos pensamientos, pero cuanto más lo hacía, más fuerte se volvían.

Cuando terminamos, el sol comenzaba a ponerse, y el cielo estaba pintado de tonos anaranjados y rosados. Emma y Rodrigo seguían bromeando mientras caminábamos hacia la salida del instituto, pero yo apenas podía mantener la conversación. Mi cabeza estaba llena de dudas, de miedos, y sobre todo, de ese nuevo sentimiento que, por más que intentara ignorar, ya no podía negar.

Emma, que caminaba junto a mí, me miró con curiosidad.

-Estuviste un poco callado hoy -comentó suavemente-. ¿Estás seguro de que todo está bien?

La preocupación en su voz me golpeó más fuerte de lo que esperaba. Y en ese momento, sentí el impulso de decirle la verdad, de confesarle lo que sentía. Pero justo cuando abrí la boca, Rodrigo interrumpió, llamando nuestra atención con una broma que hizo reír a Emma.

-¡Ey, Iván! No te olvides que tenés que ayudarme con lo de la fiesta esta semana -dijo él, sin saber que acababa de salvarme de decir algo de lo que no estaba seguro.

Asentí, agradecido por la distracción. Pero mientras Emma seguía riendo con Rodrigo, me di cuenta de que no iba a ser tan fácil evitar lo que sentía por ella.

Estaba en problemas.

Y aunque intentara resistirlo, sabía que estaba cayendo cada vez más rápido en algo que no podría controlar por mucho más tiempo.

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1/? Maratón porque pinto

Agrazdezcan que me siento inspirada

Sigo..?

La chica nueva ; SpreenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora