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La calma del café parecía envolvernos, pero mi mente seguía inquieta. Mientras Emma hablaba sobre una película que quería ver, yo no podía sacarme de la cabeza el peligro que acechaba en el instituto. Sofía era impredecible, y aunque Emma intentaba ser fuerte, sabía que tarde o temprano ella haría algo que podría desestabilizarla. Tenía que estar preparado para lo peor.
-¿Iván? -Emma interrumpió mis pensamientos, mirándome con una ceja levantada-. ¿Estás bien? Pareces distraído.
-Sí, sí, perdón -respondí rápidamente, obligándome a concentrarme-. Solo estaba pensando en... cosas del consejo estudiantil.
Era una mentira a medias, pero Emma parecía aceptarla. Volvió a sonreír y retomó su relato, aunque algo en su expresión me decía que no me creía del todo.
La velada en el café continuó con tranquilidad. Emma era encantadora, y por momentos, lograba hacerme olvidar la nube oscura que sentía sobre nosotros. Pero cuando la acompañé a casa, esa sensación volvió con fuerza. Mientras caminábamos por las calles iluminadas por faroles, sentía que había algo acechando en las sombras.
-Gracias por acompañarme -dijo Emma cuando llegamos a la puerta de su casa-. Realmente lo aprecio.
-No es nada -le respondí, intentando mantener la ligereza en mi tono-. Me gusta estar con vos.
Nos quedamos en silencio un momento, con la brisa de la noche moviendo suavemente su cabello. Algo dentro de mí quiso confesarle todo: mis miedos, mis preocupaciones sobre Sofía y lo mucho que me importaba ella. Pero me detuve. No quería cargarla con más de lo necesario.
-Bueno, nos vemos mañana entonces -dijo Emma finalmente, rompiendo el silencio.
-Nos vemos -asentí, sonriéndole antes de que entrara a su casa.
Mientras me alejaba, el peso en mi pecho solo aumentaba. Algo no estaba bien, y lo peor era que no podía poner el dedo en qué exactamente.
¿Era solo paranoia? ¿O realmente había algo moviéndose bajo la superficie, esperando el momento perfecto para atacar?
Al día siguiente, el ambiente en el instituto era tenso. Desde el momento en que entré, sentí una mirada fija en mí. Y no tuve que esperar mucho para descubrir de quién era. Sofía estaba en su típico lugar, rodeada de su séquito, pero su mirada estaba clavada en mí. Era una mirada fría, calculadora, como si supiera algo que yo no.
-Vas a tener problemas con esa -me advirtió Rodrigo, que apareció a mi lado de manera casual.
-Lo sé -respondí, sin apartar la vista de Sofía.
-¿Qué vas a hacer? -preguntó, cruzándose de brazos.
-No lo sé todavía -admití, sintiendo una frustración creciente-. Pero no la voy a dejar salirse con la suya.
Rodrigo asintió, aunque su expresión era de preocupación. -Tené cuidado. Sofía es más retorcida de lo que parece. Y vos sabés cómo puede influenciar a los demás.
Esa era exactamente mi preocupación. Sofía no era el tipo de persona que actuaba sola; siempre tenía a otros haciendo el trabajo sucio por ella. Y algo me decía que estaba preparando su jugada final, una que involucraría no solo a Emma, sino a todo lo que ella había construido desde que llegó al instituto.
Las horas pasaron lentas, con cada minuto estirándose como si el tiempo estuviera en mi contra. A la hora del almuerzo, Rodrigo y yo nos sentamos en nuestra mesa habitual en el patio. Estábamos esperando a Emma, que solía llegar un poco más tarde después de reunirse con algunas amigas. Pero hoy, algo estaba diferente.
El ruido habitual del patio de repente se apagó. Un murmullo empezó a recorrer el lugar, seguido de risitas contenidas. Rodrigo y yo nos miramos confundidos antes de notar que todos los ojos estaban puestos en la entrada del patio. Al girar la cabeza hacia donde miraban, mi estómago se hundió.
Emma estaba parada en la entrada, con una expresión de absoluta confusión. Frente a ella, pegado en una de las paredes del instituto, había una foto enorme de ella, claramente manipulada y acompañada por comentarios crueles y degradantes.
Me levanté de un salto, sintiendo una furia arder dentro de mí. Rodrigo también se puso de pie, su rostro endurecido.
-¿Qué mierda es esto? -gruñí, apretando los puños.
La risa de Sofía fue lo primero que escuché. Estaba cerca, observando la escena como si fuera una obra maestra, y sus seguidores no tardaron en unirse a su diversión.
Emma, por su parte, estaba paralizada. Podía ver el dolor en sus ojos, el golpe directo que eso le había dado. Todo lo que había intentado construir, todo el esfuerzo que había hecho para encajar, estaba siendo destruido en un instante.
No lo pensé. Me acerqué a la foto y la arranqué de la pared con una furia que nunca había sentido antes. Los comentarios, las risas, las miradas... todo eso alimentaba el odio que empezaba a consumir mi interior.
-¿Qué estás haciendo, Iván? -preguntó Sofía con una sonrisa burlona en su rostro-. Es solo una broma, ¿no lo ves?
-¿Una broma? -solté, dando un paso hacia ella-. ¿Esto te parece gracioso?
-Por favor, no te pongas tan dramático -respondió Sofía, sin inmutarse-. Es solo la verdad. Todos piensan lo mismo sobre la nueva chica. Yo solo lo hice público.
Rodrigo se acercó, poniéndose entre Sofía y yo antes de que la situación se saliera de control. -Ya basta, Sofía. Esto no es una broma. Dejá de ser tan inmadura.
Emma seguía en la entrada, sin moverse, con los ojos clavados en el lugar donde había estado la foto. Sabía que esto la había destrozado, y eso me enfurecía aún más.
-Sofía, te lo advierto... -comencé, pero antes de que pudiera continuar, Emma habló.
-¡Déjalo, Iván! -exclamó, su voz temblando. Me giré para mirarla, y lo que vi me partió el alma. Emma estaba al borde del llanto, luchando por mantener la compostura.
Se acercó lentamente, su rostro pálido pero decidido. -No vale la pena -dijo, su voz apenas un susurro-. Ella no vale la pena.
Miré a Sofía una última vez, con todo el desprecio que sentía por ella, y luego me volví hacia Emma.
-Vamos -le dije suavemente, tomándola del brazo-. No tenés que lidiar con esto sola.
Emma asintió, permitiéndome guiarla lejos de las miradas y los murmullos. Rodrigo se quedó atrás, lanzando una última mirada de advertencia a Sofía antes de seguirnos.
Cuando finalmente estuvimos fuera del alcance de todos, en un pasillo desierto, Emma se derrumbó. Las lágrimas que había estado reteniendo finalmente se soltaron, y todo el dolor, la humillación y la frustración se desbordaron.
-No sé por qué hace esto... -sollozó-. No entiendo qué hice para merecer tanto odio.
Me acerqué y la abracé con fuerza, deseando poder borrar todo lo que acababa de pasar. Pero sabía que las cicatrices emocionales que Sofía había dejado no desaparecerían tan fácilmente.
-No hiciste nada, Emma -le dije en voz baja-. Es ella. Es Sofía la que está rota, no vos.
Rodrigo se quedó en silencio a nuestro lado, su rostro sombrío. Sabía que, como yo, estaba pensando en cómo terminar con esto. No podíamos dejar que Sofía siguiera destrozando a Emma. Tenía que detenerse.
Y haría lo que fuera necesario para protegerla.
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Maratón 3/3 y último
Los amo
A quien le cae para el orto Sofía?
Llore al escribir esto, a mi me pasó algo parecido ☹️
Sigo..?
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La chica nueva ; Spreen
FanfictionSpreen's fanfiction -- [COMPLETA] Iván Buhajeruk es el chico mas popular del Instituto: Frio, distante y siempre en control. Cuando llega Emma, una chica sociable que se hace amiga de su compañero inseparable Rodrigo, Iván la ve como una molestia. P...
