CAPITULO 1

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Taehyung.

Al cruzar las puertas del departamento del FBI, un torrente de recuerdos me asaltó como un oleaje. El aire frío y el inconfundible olor a café me dieron la bienvenida, pero era un aroma amargo, un recordatorio de los días que había dejado atrás. Había pasado seis meses alejado de este lugar, seis meses llenos de dolor y soledad, y la realidad de mi regreso se sentía como un peso sobre mis hombros.

Me detuve un momento al entrar, sintiendo el frío del mármol bajo mis pies. Las paredes estaban adornadas con imágenes de criminales, mapas de casos sin resolver y fotos de los agentes que habían trabajado juntos en esas mismas misiones. Todo era familiar, y, sin embargo, cada rincón parecía gritar la ausencia de SoHee. Su risa, sus ideas, su luz. Su pérdida me envolvía como una niebla densa, una sombra constante que se negaba a disiparse.

Caminé hacia el centro del amplio vestíbulo, donde un grupo de agentes discutía acaloradamente sobre las últimas novedades. El murmullo de las conversaciones y el sonido de teléfonos sonando se mezclaban en una sinfonía caótica que me resultaba abrumadora. Este lugar había sido mi hogar, mi campo de batalla, y ahora se sentía como un recordatorio constante de lo que había perdido.

Agente Kim —llamó una voz detrás de mí. Me giré y vi a Thompson, la secretaria de Kim Namjoon. Su expresión era una mezcla de alivio y preocupación. —Nos alegra tenerte de vuelta.

Me tragué el nudo en la garganta, sin saber qué decir. La realidad de lo que había dejado atrás me golpeó de nuevo, como una ola implacable. Miré a Thompson, tratando de discernir entre su preocupación la verdadera magnitud del caos que había estado gestándose

— Gracias, Thompson —logré decir, aunque mi voz sonaba más áspera de lo que pretendía. Sabía que su preocupación era sincera, pero estar de vuelta aquí, en este lugar, era un recordatorio constante del vacío que había dejado SoHee. Cada paso que daba, cada rostro conocido que veía, me arrastraba de nuevo a los recuerdos.

Thompson asintió, observándome con esa mirada escrutadora que siempre había tenido. Parecía medir mi estado, buscando señales de que podría no estar listo para lo que venía.

— Te están esperando en la sala de reuniones dijo al fin, señalando con la cabeza hacia el pasillo a mi derecha—El general Kim y el equipo ya están dentro. —Asentí y la deje detrás.

Mientras me dirigía hacia la sala de reuniones, el eco de mis pasos resonaba en el pasillo largo y frío. No pude evitar recordar las veces que SoHee y yo habíamos caminado juntos por estos pasillos, discutiendo casos o bromeando sobre el café horrible de la máquina. Todo eso ahora se sentía como parte de otra vida, una que me había sido arrebatada.

Cuando llegué a la puerta de la sala de reuniones, me detuve por un momento, cerrando los ojos brevemente. Tenía que estar en control, tenía que estar preparado. No podía dejar que la tormenta dentro de mí afectara lo que estaba por venir. Empujé la puerta y entré.

Los rostros de los agentes se volvieron hacia mí al instante, y el murmullo de conversaciones cesó. Kim Namjoon, sentado en la cabecera de la mesa, me miró con esos ojos serios y calculadores que siempre tenía en situaciones críticas. Sabía que confiaba en mí, y eso solo añadía más peso a mis hombros.

— ¿Iban a empezar sin mí? —dije, intentando que mi voz sonara alegre, pero el eco de mis palabras apenas rompió la tensión en la sala. No soportaba más ese silencio, las miradas de lástima que me ofrecían sin atreverse a decir nada. Todos sabían lo que había pasado, todos conocían la historia de SoHee, y aunque entendía su empatía, no la quería. No en ese momento.

Kim Namjoon esbozó una pequeña sonrisa, pero sus ojos seguían llenos de esa seriedad implacable. Siempre había sido bueno para manejar las emociones en las situaciones más críticas, pero incluso él parecía tener cuidado con lo que decía a mi alrededor.

EL DONCEL Y LA BESTIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora