SOFIA DÍAZ, una amante del cine, es contratada para documentar "La velada del año III". En este evento es donde conoce a IVAN, el cuál es un streamer muy conocido argentino, pero eso ella no lo sabe.
Iván se embarca en una búsqueda para encontrarla...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
TENÍA LA MENTE ATRAPADA en un torbellino de pensamientos que no dejaban de martillar en mi cabeza. No quería levantarme de la cama, ni salir, ni siquiera estudiar. La habitación parecía un agujero oscuro del que no podía salir. Desde mi cuarto, el olor del pollo que había descongelado hace una semana se filtraba en el aire, pero no tenía ganas de comer.
Lo había descongelado para compartirlo con Diego. Teníamos planes. Íbamos a comer juntos, como siempre. Pero ahora, el pollo estaba allí, como una cruel recordatorio de lo que ya no iba a pasar.
Mi hermano. El único que me daba algo de paz en este caos, el único que me hacía sentir que tal vez las cosas podían mejorar. Pero ahora... Ahora todo iba a cambiar. Los servicios sociales nos iban a separar ¿Cómo podían hacerme esto? ¿Cómo podían arrancarme a mi hermano, sin importar el dolor que eso causaba?
Lo peor de todo es que ni siquiera me dejaban verlo. Lo estaban alejando de mí como si fuéramos algo malo, algo que no debía existir. Me trataban como si fuera una mala influencia para él, como si yo fuera la que lo estaba hundiendo. Pero no, todo lo contrario. ¿Cómo podían pensar que lo iba a perjudicar? Lo único que quería era cuidarlo, que nada le pasara. Diego era mi familia, mi todo. Y ahora, me lo arrebataban sin compasión.
¿Cómo iba a vivir sin Diego? ¿Cómo iba a seguir adelante sabiendo que no lo tendría a mi lado? La sensación de impotencia era insoportable. Cada vez que pensaba en la idea de no verlo, de que él se fuera a otro lugar, algo dentro de mí se quebraba.
No respondí a ninguna llamada. No podía. No quería hablar con nadie. No tenía fuerzas para explicarles lo que estaba pasando, lo que sentía. Nadie podría entenderlo. Nadie podría comprender lo mucho que me dolía que me separaran de él, que me arrebataran lo único que me daba sentido. Mi vida había sido él, y ahora, sin él, no sabía qué hacer. Era como si me arrancaran una parte de mí.
Spreen.
Llevaba una semana sin recibir un mensaje de Sofía. Ni siquiera había entrado a verlo. Me estaba comiendo la cabeza, porque algo tenía que haber pasado. Ella no era así. Siempre respondía rápido, siempre estaba. Pero ahora... nada.
— Spreen, ¿estás listo o no? —dijo el de producción, desde el otro lado del set, con su tono impaciente de siempre.
— Sí, dale — mentí. No estaba listo, ni cerca.
Estaba grabando un anuncio junto a Carrera. Intentaba ponerle onda, ser profesional, pero no había caso. Aún teníamos esa tensión de la discusión de hacer meses por lo de Sofía. Después de casi una hora repitiendo la misma toma, Carrera explotó primero.
— Al menos hacé el intento de hacerlo bien.
— Mirá quién lo dice —le contesté sin levantar la vista del celular. Entré al chat con Sofía de nuevo, como si algo hubiera cambiado. Como si mágicamente un "escribiendo..." fuera a aparecer. Nada. Ni una señal.