SOFIA DÍAZ, una amante del cine, es contratada para documentar "La velada del año III". En este evento es donde conoce a IVAN, el cuál es un streamer muy conocido argentino, pero eso ella no lo sabe.
Iván se embarca en una búsqueda para encontrarla...
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ESTABA COMO EN UN PLATÓ DE TELEVISIÓN, rodeada de cámaras, micrófonos, focos inmensos y un montón de personas que caminaban de un lado a otro con guiones en la mano, auriculares puestos y tablets encendidas. El murmullo constante del equipo técnico llenaba el ambiente.
El lugar olía a café recién hecho, cables calientes y nervios. Podía notar que la mayoría del staff era latino, con acentos que se entremezclaban entre sí: argentino, colombiano, chileno... y yo, probablemente, de las pocas españolas allí.
Al entrar, todas las miradas se fijaron en mí. Algunos se giraron y murmuraron entre ellos. Sentí cómo un escalofrío me recorría la espalda. No sabía si era por la presión o por el hecho de sentirme completamente fuera de lugar. Pero no tuve tiempo de pensarlo mucho: de repente, todos comenzaron a acercarse a mí, casi atropellándose entre ellos.
—Sofía, ¿Qué ángulo quedaría mejor para esta entrevista? ¿Desde aquí o más abierto? —preguntó un cámara, señalando el monitor.
—Necesito tu opinión sobre este fragmento del guion. ¿Crees que suena muy artificial? —interrumpió una guionista, agitando unos folios delante de mí.
—¿Quieres algo de beber? ¿Café, agua, algo? —me ofreció un asistente con una sonrisa algo nerviosa.
Estaba temblando por dentro. Era mi primer trabajo oficial como productora y no estaba acostumbrada a tanta atención de golpe. Pero respiré hondo, ajusté la gorra que me tapaba un poco la frente, y forcé una sonrisa decidida.
—El ángulo más abierto. Queremos mostrar el entorno, no encerrarlos —le respondí al cámara, con firmeza.
—Y ese diálogo, cámbialo. Suena forzado. Que hablen como personas reales, no como robots —le dije a la guionista, mientras cogía el papel y subrayaba algunas frases con un marcador rojo.
—Y gracias, pero no necesito nada por ahora. Si me deshidrato, ya te aviso —le dije al asistente, guiñándole un ojo para aliviar su tensión.
Una hora más tarde, ya estaba revisando la hoja de tiempos con el director del programa. Había una toma que dudaba si ponerla o no, además de que uno de los presentadores no encontraba el vestuario correcto.
—Vamos a dividir el rodaje en dos bloques —le dije al director, señalando el horario—. Tiramos la entrevista sin público primero. Mientras tanto, que maquillaje prepare al invitado del segundo bloque y que sonido revise todos los packs. No quiero fallos cuando estemos en directo.
El director me miró con una mezcla de sorpresa y alivio.
—Vale. Me gusta. Se nota que sabes lo que haces.
Más tarde, salí un momento a la zona de descanso, intentando tomar aire. Me apoyé contra una pared, cerré los ojos un segundo y dejé que el ruido quedara atrás. Cuando los abrí, uno de los cámaras me estaba mirando desde lejos. Me acercó un vaso de agua y dijo: