SOFIA DÍAZ, una amante del cine, es contratada para documentar "La velada del año III". En este evento es donde conoce a IVAN, el cuál es un streamer muy conocido argentino, pero eso ella no lo sabe.
Iván se embarca en una búsqueda para encontrarla...
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EL SILENCIO ERA INCÓMODO, de esos que se sienten más fuertes que cualquier grito. Estábamos parados ahí, uno frente al otro, mirándonos de reojo como si el contacto visual fuera un deporte extremo.
Éramos tímidos. Mucho. Y eso hacía que cualquier intento de conversación pareciera una misión imposible. Yo abría la boca para decir algo... Y justo en ese instante, él también lo intentaba. Nos interrumpíamos sin querer, luego nos reíamos nerviosos, y después... Otra vez ese silencio. Pesado. Incómodo. Casi ridículo.
Intenté por enésima vez romper el hielo, decir cualquier cosa —aunque fuera un comentario tonto sobre el tiempo o twitch, yo que se.— pero justo cuando iba a hablar, su voz se cruzó con la mía. Nos quedamos congelados, como si el universo estuviera jugando con nosotros.
Y entonces, como caída del cielo, una voz suave nos sacó del trance.
—¿Interrumpo algo?
Ambos dimos un respingo al mismo tiempo, como si nos hubieran echado un cubo de agua fría. Yo me giré de golpe y me quedé sin palabras al ver esos rizos perfectamente definidos, ese andar ligero y seguro, esa sonrisa que siempre parecía a punto de aparecer. Era Nerea.
—¡Nerea! —exclamé, aliviada y feliz de verla—. ¡Para nada, tranquila! —Me acerqué a ella y la envolví en un abrazo cálido, casi impulsivo—. Me alegra muchísimo volver a verte, de verdad.
Ella rió bajito, de esa forma tan suya, medio tímida pero encantadora. Me devolvió el abrazo sin pensarlo y yo me separé un poco para poder mirarla bien. Tenía esa sonrisa que iluminaba todo a su alrededor, y por un segundo me sentí aliviada.
—¿Y tú? ¿Qué haces aquí? —le pregunté con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
Nerea se mordió ligeramente el labio antes de contestar.
—Vengo a buscar a Diego.
—¿A mi hermano? —pregunté, un poco desconcertada.
Ella asintió con la cabeza, sin quitar esa expresión seria de su rostro.
—Sí. Necesito hablar con él. Es importante.
Saqué las llaves del bolsillo sin hacer más preguntas, aunque la intriga me picaba por dentro. Le sonreí y le abrí la puerta del portal. Nerea suspiró como si llevara horas conteniéndose y, justo antes de entrar, me dedicó una pequeña sonrisa... Y luego le lanzó una mirada a Iván.
No era una mirada cualquiera. Era de esas que dicen mucho sin necesidad de palabras: desagrado puro. Casi desprecio. Iván la evitó con la mirada. El portal se cerró con un golpe seco, y ese sonido me sacó del limbo en el que estaba flotando.
Miré hacia la puerta unos segundos, como si esperara que Nerea volviera a salir... Pero nada. Silencio otra vez. Entonces respiré hondo y, por primera vez, tomé la iniciativa.