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ESPERABA A SOFIA EN LA SALA DE ESPERA, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada clavada en el piso

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ESPERABA A SOFIA EN LA SALA DE ESPERA, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada clavada en el piso. Habían pasado varias horas desde que me contó sus opciones: o probaba con las pastillas o se hacía el procedimiento quirúrgico.

Eligió la segunda.

No me pareció bien, la verdad. No porque tuviera algo en contra, sino porque me daba cagazo. Nunca sabés qué puede pasar ahí adentro, por más que digan que es rápido, por más que digan que es seguro. Pero ella quería asegurarse de que todo terminara hoy, sin vueltas.

No la juzgué. Era su decisión. Lo único que podía hacer era estar acá.

—¿Parientes de Sofía Díaz?

Levanté la cabeza de golpe.

—¡A-aquí! —dije, poniéndome de pie al toque.

La enfermera se acercó con una carpeta en la mano y me extendió una receta.

—Sofía ya se está despertando —dijo con una sonrisa amable—. Estas son las medicinas que tiene que tomar para el dolor. Felicidades, fue muy valiente.

Me quedé mirándola, sin saber qué responder.

¿Felicidades?

Por un segundo me pareció raro. No era que me molestara lo que dijo, pero sonó como si nos estuviera felicitando por haber tenido un hijo, no por... esto.

—¿Puedo verla? —pregunté, tragando saliva.

—Sí, puerta a la izquierda.

Asentí y me mandé sin esperar más. Caminé rápido por el pasillo, abrí la puerta con cuidado y entré. En la habitación había un montón de chicas en camillas. Algunas despiertas, otras dormidas, otras con la mirada perdida en el techo.

Mierda.

Me acomodé la gorra y bajé un poco la cabeza, pero algunas ya me habían visto. No quise mirar a nadie, solo fui directo a Sofía y corrí la cortina para darnos algo de privacidad.

Cuando la vi, sentí algo raro en el pecho. Me senté al lado de su camilla y apoyé los codos en las rodillas, mirándola respirar despacio.

—Ay, Sofía... —murmuré, pasándome la mano por la cara.

La miré dormir, tan frágil, tan ajena a todo lo que me estaba pasando por la cabeza. No sé qué carajo se me había pasado por la cabeza aquella vez, en el día de su cumple,  pero necesitaba ir a casa de Lauren.

No porque siguiera sintiendo algo, sino porque tenía que cerrar esa historia de una puta vez. Si quería empezar algo serio con Sofia, tenía que hablar con Lauren, enfrentarme a lo que quedaba de eso y pasar página. No la amaba. Ya no. Capaz la extrañaba un poco, pero como mejor amiga, como alguien que en su momento fue importante. Pero amor... amor era otra cosa. 

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