SOFIA DÍAZ, una amante del cine, es contratada para documentar "La velada del año III". En este evento es donde conoce a IVAN, el cuál es un streamer muy conocido argentino, pero eso ella no lo sabe.
Iván se embarca en una búsqueda para encontrarla...
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EMPECÉ A SENTIR ALGO HÚMEDO entre mis piernas, un roce que hacía que mi cuerpo comenzara a despertarse lentamente. Aún adormilada, solo podía achinar los ojos por el placer que me recorría, tratando de entender qué estaba pasando. Fue entonces cuando lo noté: el tacto firme de alguien en mi cintura. Sabía perfectamente quién era.
Con esfuerzo, levanté un la sábana y pude verlo: Iván estaba metido entre mis piernas, con esa expresión traviesa que siempre parecía llevar consigo. Mi reacción fue instintiva; lo pateé con cuidado, apartándolo de mí mientras él se tumbaba a mi lado, mirándome con fingida inocencia.
— Buenos díaaas —murmuró con su voz ronca, acariciándome la mejilla con suavidad antes de inclinarse para besarme.— Felices veintidós años.
El beso comenzó lento, casi como una disculpa silenciosa, pero pronto se volvió más intenso. Podía sentir la urgencia en sus movimientos, y aunque sabía que no debería, no lo detuve. Me dejé llevar, pensando que estaba de muy buen humor, tanto que quizás este sería el momento de dejar de lado mi "virginidad santa".
Sin embargo, el universo tenía otros planes.
— ¡Feliz cumpleaños, Sofía! —gritó Diego mientras abría la puerta de mi habitación de golpe.
Iván y yo nos separamos en un segundo, pero él no calculó bien la distancia y terminó cayendo de espaldas al suelo con un ruido seco. Diego, claramente horrorizado, se dio la vuelta tan rápido que casi tropieza consigo mismo.
— ¡Pero por qué cojones hacéis eso cuando estoy en casa! —exclamó, llevándose una mano a la cara en un intento de no mirar.
— ¡¿Y no sabes llamar o qué?! —grité, tirándome las mantas encima mientras intentaba recuperar la compostura.
Diego, aún incómodo, giró tímidamente hacia mí con una sonrisa torpe. Caminó hasta la cama y dejó una bandeja con un café recién hecho y un sándwich de queso.
— Feliz cumple —dijo, dándome una palmada cariñosa en la espalda antes de mirar a Iván, que seguía en el suelo. Lo ayudó a levantarse, pero no sin lanzarle una mirada de advertencia.
— ¿Estás nerviosa? ¡Hoy será tu fiesta! —dijo Diego, claramente emocionado—. Podré beber un montón.
— Avisaré a todos los camareros de que eres menor —respondí con una mirada burlona.
— ¡Eres una chivata!
— ¡Eres un niño aún! Pídete una Coca-Cola o un Nestea.
— Eres una aguafiestas.
— Gracias —respondí sarcástica, mientras Iván intentaba ocultar una sonrisa.
Diego salió de la habitación murmurando algo sobre "hermanas insoportables", dejándonos a Iván y a mí en un incómodo silencio. Sabía que debía decir algo, pero cuando lo miré y vi su expresión divertida, no pude evitar soltar una carcajada.