024

343 32 7
                                        

GOLPEÉ LA CABEZA DE DIEGO CON FUERZA mientras le extendía el móvil, mi expresión dejaba claro lo molesta que estaba

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

GOLPEÉ LA CABEZA DE DIEGO CON FUERZA mientras le extendía el móvil, mi expresión dejaba claro lo molesta que estaba. Él, como si no le importara nada, soltó una carcajada y me sacó la lengua con esa indiferencia que siempre conseguía irritarme aún más.

— ¿Dónde estabas? —me preguntó, su tono relajado como si no tuviera idea del caos que acababa de provocar.

— ¿Perdón? Eso mismo debería preguntarte yo a ti, ¿dónde te metiste? —repliqué, cruzándome de brazos.

Diego frunció el ceño, intentando recordar.

— Fui al baño y dejé el móvil en el lavamanos. Cuando volví a buscarlo, ya no estaba. ¿Dónde lo encontraste?

Tuve que morderme la lengua para no soltar la verdad.

— Eh... Un señor respondió cuando llamé y me dijo que lo dejaría en objetos perdidos. Así que fui a buscarlo —mentí, intentando sonar convincente mientras le entregaba el teléfono.

Diego suspiró aliviado, ni siquiera cuestionando mi historia.

— Menos mal... Ahorré mucho para este iPhone.

Lo miré fijamente, todavía molesta. ¿En serio? ¿Eso era todo lo que le preocupaba?

Diego me miró con detenimiento, entornando los ojos como si estuviera intentando descifrar un acertijo. Su mirada recorrió mi figura de arriba abajo, deteniéndose un poco más de lo habitual.

— Algo tienes... —dijo finalmente, cruzándose de brazos con una sonrisa sospechosa.

— ¿Eh? ¿Qué dices? —repliqué nerviosa, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas.

— No sé, te ves rara. Como... diferente. —Inclinó la cabeza ligeramente, pensativo. Luego, su expresión cambió a una mezcla de burla y curiosidad—. ¿Te encontraste con Iván o algo así?

Bufé, rodando los ojos, mientras trataba de mantener mi postura relajada.

— No, por suerte no. —Intenté sonar convincente, pero algo en su expresión me hizo pensar que no lo lograba del todo.

Diego soltó un suspiro aliviado, aunque seguía mirándome con cierta desconfianza. De pronto, frunció el ceño y señaló mi cabello con un gesto.

— Ya... pero, entonces, ¿por qué estás tan despeinada?

Me llevé las manos al cabello de manera instintiva, sintiendo el caos que debía de tener ahí arriba. Forcé una risa nerviosa y traté de alisarlo.

— Te lo he dicho, Diego. He estado preocupada por ti. Corrí como loca por todos lados preguntando si alguien te había visto, buscando tu maldito móvil...

Diego parpadeó, sorprendido, y luego su expresión se suavizó. Un atisbo de culpa cruzó por su rostro antes de que me dedicara una sonrisa apenada.

TU FAN || SPREENDonde viven las historias. Descúbrelo ahora