SOFIA DÍAZ, una amante del cine, es contratada para documentar "La velada del año III". En este evento es donde conoce a IVAN, el cuál es un streamer muy conocido argentino, pero eso ella no lo sabe.
Iván se embarca en una búsqueda para encontrarla...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
TENÍA LOS OJOS EN TODOS LADOS. Cada esquina, cada sombra parecía ser una amenaza. El miedo de encontrarme con alguien que me reconociera me tenía al borde de un ataque de nervios. Algunos rostros me eran familiares: amigos de Iván que alguna vez habían venido a mis cumpleaños, otros eran de la primera edición, personas que había visto en fotografías o de lejos, pero nunca había hablado con ellos realmente.
Algunos sí me reconocieron y, para mi mala suerte, se acercaron. No porque les interesara realmente quién era yo, sino porque querían más información sobre "aquella" historia, esa que quedó grabada en revistas y rumores. Era como si no me vieran a mí, sino a un chisme caminando.
Caminaba detrás de mi hermano como si fuera su guardaespaldas personal, intentando desaparecer detrás de él. La gorra que llevaba puesta no hacía mucho por ocultarme; cada paso parecía más un desfile al que no quería asistir. Mi corazón latía con fuerza, como si quisiera salirse de mi pecho.
—¡Sofía! ¡Sofía! —escuché de pronto. La sangre se me heló.
Giré la cabeza lentamente hacia donde provenía la voz y me encontré con dos niñas, probablemente no mayores de 12 años, pegadas a la valla que separaba la zona de la pista de la VIP.
—H-Hola... —les respondí con una sonrisa nerviosa, tratando de ser amable mientras sentía que mi garganta se cerraba.
—¿Podemos sacarnos una foto? —preguntó la más pequeña, sus ojos brillando de emoción.
Primero: ¿cómo sabían mi nombre? Segundo: ¿una foto? No sabía si reírme o entrar en pánico. No tenía idea de cómo manejar aquello.
—Eh... Pues... —intenté decir algo, pero las palabras se me atoraron. Sentía que me derretía de vergüenza y nervios.
Antes de que pudiera siquiera pensar en una respuesta, una mano cálida se posó en mi hombro. Me sobresalté, lista para echarme a correr, pero al girar la cabeza, tropecé con alguien.
Unas niñas reconocieron quien era y empezaron a gritar histéricas. Con una naturalidad increíble, esa persona levantó la mano y saludó al grupo de fans con una sonrisa segura. Antes de que pudiera reaccionar, me tomó de la mano y comenzó a llevarme lejos de la multitud.
Diego, al notar que alguien me estaba llevando, dio un paso hacia adelante con el ceño fruncido, pero se detuvo en seco al ver quién era. Su rostro pasó de la preocupación a la sorpresa, y quedó completamente paralizado, como si no pudiera creer lo que veía.
Mientras tanto, la persona que me había tomado de la mano me quitó la gorra, dejándome expuesta. Mi corazón dio un vuelco cuando la reconocí de inmediato. Ese rostro que yo misma había stalkeado por meses, llorando en secreto al ver sus publicaciones y su vida aparentemente perfecta. Lauren Rodal.
—Hola. —me sonrió con dulzura, como si no percibiera el torbellino de emociones que me invadía. Su tono era amable, pero sentí cómo un nudo se formaba en mi garganta—. Sofía, ¿no? Te veías muy agobiada ahí, así que decidí ayudarte. Perdón por sacarte así de repente.