SOFIA DÍAZ, una amante del cine, es contratada para documentar "La velada del año III". En este evento es donde conoce a IVAN, el cuál es un streamer muy conocido argentino, pero eso ella no lo sabe.
Iván se embarca en una búsqueda para encontrarla...
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EL ECO DE LAS VOCES RESONABAN en la sala del juzgado, pero a mí todo me llegaba como un murmullo distante. Apenas podía escuchar lo que decía el abogado mientras trataba de defenderme, de explicar por qué mi hermano Diego debía volver conmigo.
Mi vista estaba fija en él, sentado al otro lado de la sala, rodeado de asistentes sociales. Su mirada reflejaba miedo y confusión, y lo único que pude hacer fue intentar tranquilizarlo con la mía, como si pudiera asegurarle que todo estaría bien.
— Señoría —la voz grave del abogado llenó la sala—, mi cliente, Sofía, ha hecho todo lo posible para garantizar el bienestar de su hermano menor. Las circunstancias que llevaron a esta separación no son resultado de negligencia o falta de amor, sino de una situación económica difícil que está en vías de solucionarse.
Las palabras resonaban en el aire, pero yo apenas podía concentrarme. Mi corazón latía con fuerza, y una parte de mí temía que todo estuviera perdido.
— Como hemos presentado en los documentos que adjuntamos al expediente, Sofía ha conseguido un empleo estable y ha solicitado apoyo gubernamental para asegurar que Diego no solo tenga un techo bajo el cual vivir, sino también acceso a educación y atención médica. Pero más allá de los recursos materiales, lo que nos ocupa aquí es el bienestar del niño.
El abogado hizo una pausa estratégica, dejando que sus palabras calaran en todos los presentes.
— Diego no necesita una familia perfecta, porque nadie lo es. Pero necesita estar con quien lo ama y lo protege. Mi cliente ha sido su madre, su hermana y su único apoyo desde que eran pequeños. Separarlos no solo sería injusto, sería cruel.
Un murmullo recorrió la sala, pero el abogado no se inmutó.
— Señoría, también me permito señalar que esta separación no debería haberse llevado a cabo de una forma tan arbitraria. El informe de los servicios sociales, que hemos cuestionado en múltiples ocasiones, no refleja la realidad del vínculo entre estos hermanos. Diego mismo ha expresado, repetidamente, que desea estar con su hermana.
El abogado giró ligeramente para señalar al pequeño, sentado entre los asistentes sociales, con los ojos llenos de lágrimas.
— A veces, señoría, el sistema que está diseñado para proteger a los niños termina por fallarles. Este es uno de esos casos. Sin embargo, estamos aquí para corregirlo. Diego pertenece con Sofía.
El juez entrelazó sus dedos y asintió lentamente. El silencio en la sala era total. Pero justo cuando parecía que la situación se inclinaba a favor de Sofía, la puerta del juzgado se abrió de golpe con un estruendo que hizo eco en la sala.
— ¡Señoría! —exclamó un hombre con una voz gruesa y furiosa.
El sonido me sacó de mis pensamientos, y cuando giré la cabeza, mi sangre se heló. Era él. Mi padre.