SOFIA DÍAZ, una amante del cine, es contratada para documentar "La velada del año III". En este evento es donde conoce a IVAN, el cuál es un streamer muy conocido argentino, pero eso ella no lo sabe.
Iván se embarca en una búsqueda para encontrarla...
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HABÍAN PASADO UN MES Y MEDIO DESDE LO SUCEDIDO, semanas en las que Diego aún seguía sin hablarme. Además, estaba muy decaído porque Nerea y él lo habían dejado. Desde aquella pelea, no habían hecho más que discutir, y aunque Nerea intentaba calmarlo, Diego estaba insoportable, siempre encontraba una razón para pelear y la hacía sentir mal. Al final, era comprensible que ella decidiera terminar con él.
Suspiré pesadamente mientras terminaba de preparar el desayuno.
— Diego, hice huevos, ¿quieres...?
Antes de que pudiera terminar la frase, la puerta de su habitación se cerró en mi cara con un golpe seco.
Me quedé ahí, mirando la madera como si fuera a darme alguna explicación. Sentía que esta situación me estaba agotando mental y físicamente. Todo estaba desmoronándose poco a poco, y yo simplemente no tenía la energía suficiente para sostenerlo todo.
Últimamente andaba cansada, con el cuerpo pesado y una sensación de hinchazón constante. No era difícil adivinar la razón: llevaba semanas alimentándome a base de pizza y comida chatarra. La ansiedad estaba destruyendo mi alimentación con atracones descontrolados.
Pero bueno, comer mal por unos días no debería ser un problema... ¿cierto?
Cogí los trozos de pizza que habían sobrado de la noche anterior y me dejé caer en el sofá, lista para ver alguna película sin sentido que me ayudara a distraerme.
Sin embargo, apenas habían pasado diez minutos cuando un retortijón violento me obligó a doblarme sobre mi propio abdomen.
— Ugh... — solté un gemido, presionando mi estómago con ambas manos.
La sensación era extraña, como si algo dentro de mí estuviera revuelto. Antes de que pudiera procesarlo, sentí una oleada de calor subir por mi garganta, trayendo consigo una náusea insoportable.
Me tapé la boca con ambas manos y salí disparada al baño, con el corazón latiéndome a mil por hora.
No sé cuánto tiempo estuve ahí, arrodillada frente al inodoro, sintiendo que mi cuerpo se vaciaba por completo. Mis manos temblaban mientras me sujetaba del borde frío de la porcelana, el sudor frío recorriendo mi frente y pegando algunos mechones de cabello a mi piel.
Cada vez que pensaba que ya había terminado, otra oleada de náuseas me golpeaba con fuerza, obligándome a inclinarme de nuevo. La sensación era insoportable, como si algo dentro de mí estuviera completamente fuera de control.
La puerta del baño se abrió con cuidado, y por el rabillo del ojo vi a Diego entrar en silencio. Por un momento, pensé que me iba a ignorar, como había estado haciendo en las últimas semanas, pero para mi sorpresa, se acercó a mí y, con un gesto torpe, me sujetó el cabello para evitar que se ensuciara.
— Gracias — murmuré con voz ronca, limpiándome la boca con el dorso de la mano.
Me recargué contra la pared, cerrando los ojos con cansancio. Mi cuerpo se sentía débil, agotado, como si me hubieran drenado toda la energía.