Río iba tomada de la mano de Agatha caminaban por la playa. Sentía como si estuviera viviendo un sueño. Agatha llevaba un traje de baño de dos piezas púrpura y un pareo y Río llevaba un conjunto verde
Buscaron un lugar en el cual instalarse. Vieron vacías dos lindas sillas de hotel y pusieron sus toallas sobre las mismas
Agatha dejó el pareo en la silla y entró al mar. Río la siguió de cerca. Sentía que debía proteger lo que era suyo
―Ese traje te queda demasiado bien. – Dijo Río inspeccionando la con aquella mirada lasciva
―Soy una mujer casada. Eso molestaría a mi esposa
―No la veo por ningún lado. – Respondió Río
―Si yo fuera ella no dejaría salir a una mujer como tú de la habitación.
Agatha sonrió
―Así que así ligas con las turistas.
―Bueno, eres la única turista que me interesa
Pasó un mechón de cabello rebelde de la cara de Agatha tras su oreja
Sus miradas se cruzaron de manera intensa
Río se acercó a ella
―¿Me dejas robarte un beso?. – Susurró mirándola con intensidad. Agatha frunció los labios y negó.
Río se mordió el labio inferior
―Solo será uno pequeño. Te va a gustar.
Agatha se sonrojó un poco, pero quería probar la paciencia de su esposa.
―Ya te lo dije, tengo esposa
―Y es muy afortunada, pero no puedes dejarme así linda… Estoy muy caliente en estos momentos
Agatha sonrió
―Siempre estas caliente, mi amor
Agatha la tomó de la cintura y comenzó a besarla hasta que el aire les faltó.
Un niño estaba jugando cerca del agua, una ola más fuerte de lo normal lo arrastró mar adentro. El niño gritó por ayuda, luchando contra las corrientes que lo alejaban cada vez más de la orilla.
Desde lejos, Río escuchó los gritos. Al ver al niño en peligro, no lo dudó ni un segundo y corrió hacia él, sin pensarlo dos veces.
Con gran esfuerzo, Río nadó hasta donde estaba el niño. Sin embargo, las olas eran implacables y la corriente del mar muy fuerte. A pesar de su valentía y esfuerzo, Río comenzó a sentir que la fuerza del mar también la estaba venciendo. A punto de ahogarse, logró alcanzar al niño y aferrarlo con todas sus fuerzas, pero las olas seguían empujándolos hacia el fondo.
Por suerte, la ayuda de unos pescadores cercanos llegó justo a tiempo. Juntos, lograron rescatar al niño, llevándolos a la orilla a salvo. Agatha vió que por el esfuerzo, su esposa se desvanecía en la arena
Corrió hacia ella y con todas sus fuerzas la llevó a la silla de playa. Río estaba tirada inconsciente y Agatha le puso un algodón con alcohol bajo la nariz
Río reaccionó
―Casi te mueres. – Gritó y lágrimas le caían por las mejillas
Río se acercó para abrazarla
―Pero sé que el niño está bien.
Abrazó a su mujer. ―Estoy bien, amor. No me pasará nada.
Agatha la levantó.
―Vamos a la habitación para que te recuestes.
Río asintió y caminaron hasta la habitación
Apenas Agatha introdujo la tarjeta de la habitación sintió la respiración de Rio en su cuello.
―Sigo estando igual de caliente que hace unos minutos. -Susurró
Agatha estaba preocupaba por Río.
―Amor mañana podemos hacer el cardio que quieras. Hoy debes descansar
Río hizo un puchero
―Es mi luna de miel y quiero…
Agatha la miró sería, levantó una ceja retadora
―Si te portas bien. Tal vez considere lo del bebé que tanto deseas
Río sonrió
―Dos, quiero gemelos. – Dijo sonriendo
―Río sólo uno porque si tenemos gemelos no dormiremos todo el primer año. Ni los siguientes. – Agregó su esposa
―Bueno, ¿qué tal un cachorro y un bebé? – Empezó a negociar Río.
―Vale. Un cachorro y un bebé, pero es el último bebé porque me pongo muy sentimental con el embarazo. Cuando te mejores, lo intentamos
Agatha le dio un pequeño beso en los labios
―Me haces muy feliz. – Dijo Río antes de acostarse en la cama y mirar el techo.
Muy pronto tendrían un pequeño bebé de nuevo entre sus brazos.
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Reinicio
Hayran KurguAgatha Harkness y Rio Vidal superan el sendero de las brujas y tienen un reinicio agradable. ¡Las segundas oportunidades existen!
