Agatha se había cambiado para un nuevo día y había elegido un conjunto negro deportivo. Río jamás la había visto en ropa deportiva.
―No te rías. – Advirtió Agatha antes de salir de la habitación.
―No lo hago, pero es algo diferente.
―Debo ayudar a Elena con su rutina de gimnasia.
―¿Puedo ver la práctica?.
Una de las fantasías de Río estaba por cumplirse. Ver a Agatha realizando algún deporte.
―Iker y yo seremos silenciosos.
―Iker sigue duermiendo. Es domingo y son 7:30. -Respondió Agatha.
Agatha fue a un armario y sacó un par de aros y unas cuerdas. Su hija, Elena, era la peor en clase de gimnasia, siempre sacaba calificaciones terribles, pero Agatha la ayudaba a mejorar poco a poco. Era una buena madre.
Elena estaba en el jardín.
―¿Lista mi cielo? Primero saltaremos la cuerda y no uses magia que sé cuando haces trampa. -Agatha tenía un temporizador en las manos el minuto comenzó a correr. ―Quiero 30 saltos.- gritó exigente.
Elena se atoró con la cuerda, se pegó en las rodillas con el lazo y sólo hizo 16 saltos. Agatha le dió un pequeño descanso para beber agua y la hizo volver a continuar. Iban por la tercera ronda y Elena parecía lograrlo hasta que Agatha notó que Río usaba magia para ayudarla.
―Buen intento. Toma la otra cuerda y empieza a saltar. – Exigió Agatha molesta a su esposa.
Río estaba por protestar hasta que notó aquella mirada de pocos amigos sobre ella. Río estaba en pijama y aún así comenzó a saltar como si su vida dependiera de ello. Iba por los 48 saltos y aún le quedaban 15 segundos.
Agatha sonrió
―Okey. Tienes buena condición fisica – Dijo la entrenadora dando el visto bueno. Río chocó las manos con Elena y en cuestión de unos minutos pasaron a la rutina del aro.
Agatha les mostró como debían poner el aro en su cintura y girarlo, pero ninguna de las dos pudo hacerlo.
―Chicas es solo un aro.
―Amor, ya llevamos aquí más de media hora. ¿Podemos entrar a desayunar?- Preguntó Río antes de hacer un puchero. Estaba frustrada porque no le salía lo del aro.
―Okey. Volvamos a adentro. – Dijo Agatha parando su temporizador. Elena entró primero a la casa, estaba bastante cansada
Río le dio un beso en los labios a Agatha
―Me gusta que seas la entrenadora estricta. No te quites esa ropa. – Susurró coqueta
Agatha solo sonrió y se quedó recogiendo las cosas. Entraron a la casa y el pequeño aún seguía dormido.
―Rio, Ve a despertar a Iker. – Río le tenía un poco de miedo a los poderes del bebé cuando se molestaba literalmente el piso ardía como si tuviera lava encima. ―Es tu turno.
Subió las escaleras sin hacer tanto ruido y pensó que sería lindo darle pequeños besos en la mejilla al bebé. Tocó delicadamente el pecho del niño y le pidió que abriera los ojos.
―Bonito…Es hora de que te levantes. Debes comer un poco. – El pequeño abrió los grandes ojos marrones y sonrió. Río se había salvado de una rabieta. Bajó las escaleras con el pequeño en brazos.
El olor de los huevos, el tocino y el juego inundaba el ambiente. Elena se servía un plato de yogurt.
―Huele delicioso. -Expresó Río.
El pequeño Iker tenía 8 meses ya. Sonrió al ver a Agatha. Agatha dejó que Río terminara el desayuno y cargó a su pequeño.
―Hola… ¿Dormiste bien?
Iker solo la veía feliz.
―Interpretaré tu silencio como un sí.
Elena le sirvió un poco de Yogurt a Agatha. Agatha sentó al pequeño en su periquera, le colocó un babero y le comenzó a dar una papilla de manzana. El pequeño sonreí era dorable cuando comía.
Río se apareció con el desayuno listo y solo observó feliz aquella escena tan adorable. No creía en lo que se había convertido su vida. Era como estar en un sueño del cual nunca quisiera despertar. Todo era tan pacífico, tan lindo tan perfecto. No notó como sus lágrimas caían.
Agatha vió por el rabillo del ojo como Río se limpiaba las lágrimas. La muerte era feliz y por primera vez en siglos había hechado raíces.
―Río, ¿quieres compartir algo con nosotros?. – Preguntó Agatha aún dándole la espalda.
―Los amo chicos. Me hacen muy feliz.
Elena tomó la mano de Río y la apretó.
―Nosotros también a ti mamá. – Respondió Elena antes de aferrarse a su pierna. Desde que había nacido el bebé, Elena buscaba más la atención de Río.
Río le dio un beso en la frente
Agatha hizo un movimiento de manos y lanzó una pequeña chispa púrpura que llegó hasta Río como una pequeña ráfaga de viento cálida. Aunque no podía abrazarla por atender al niño, era su pequeña forma de demostrar que la amaba.
Río se sentó a la mesa y empezó a darle de comer a Elena. Ahora tenían muchas más responsabilidades, pero eso no quería decir que no se amaran tanto como antes.
FIN.
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Nota: Es el final de la temporada 2. Tal vez exista una tercera para el próximo año. Es un misterio aún.
Gracias por todos sus votos y comentarios. Felices fiestas a mis bellos lectores. Los amo y les agradezco mucho su apoyo.
Bye. <3
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Reinicio
FanfictionAgatha Harkness y Rio Vidal superan el sendero de las brujas y tienen un reinicio agradable. ¡Las segundas oportunidades existen!
