Toda la familia está en el patio de la casa. Agatha estaba sentada en una silla del jardín bebiendo limonada fresca. Río jugaba un amistoso juego de fútbol con Elena. Tenían un pequeño balón morado que pateaban animadamente de un lado al otro.
El pequeño Iker estaba de pie. Aferrado a las piernas de su madre. El pequeño balón rodó delicadamente hasta donde estaba el bebé de un año y este dio sus primeros pasitos hasta la pelota.
Agatha lo observó atenta y Río levantó las manos victoriosa. Eran los primeros pasos del pequeño.
―¿Lo viste, corazón?
―Aún lo veo. -Comentó Agatha. En eso, una enfadada Elena le arebató el balón al pequeño.
―Siempre lo arruinas todo. – Dijo furiosa. Agatha utilizó su púrpura para mantener los pies del pequeño pegados a la tierra. Miró a Río quien corrió dentro de casa para hablar con Elena. Era la segunda vez que pasaba un accidente como aquello.
―No quiero castigarte. Sé que es difícil no ser el centro de atención, pero eres su familia la persona que debe cuidarlo. No aplastar sus sueños, Elena.
La pequeña sé soltó del brazo de Río
―Ustedes ya ni siquiera me notan. Todo es risa y alegría cuando se trata de él y ¿dónde queda él amor para mi?. También merezco atención.
Río se conmovió tanto por sus palabras que corrió a abrazarla.
―Tú siempre serás nuestro primer amor, Elena. Cuidamos más a Iker porque él es pequeño e incluso puede hacerse daño con su propio poder. Eso no quiere decir que no te amemos.
Le dio varios besos en las mejillas para hacerla sonreír.
―Mamá basta.
Agatha entró cargando a Iker.
―Creo que alguien merece una disculpa.
Él pequeño sonrió apenas vió a Elena y le estiró los brazos.
―Lo siento, Iker. -Elena lo sostuvo. ―Prometo ya no hacerte daño.
Agatha le dio un abrazo a Elena. No necesitó decir nada.
Por la tarde Agatha preparó la tina con juguetes para bañar a Iker. Tenía pequeñas tortugas de plásticos a las que les dabas cuerda y nadaban en el agua. Y con un recipiente pequeño dejaba caer agua caliente en su pequeña espalda.
Agatha lo enjabonaba y el pequeño jugaba con las tortugas.
A estas alturas ya decía palabras básicas como Mamá, agua y Ele porque se le dificultaba nombrar a su hermana.
―Mamá. -Mencionó el bebé, miró con sus enormes y brillantes ojos a Agatha y ella sintió que se derretiría de ternura. Río fue a la habitación por la toalla y sacó al pequeño de la bañera. Se habían dividido el trabajo así que a ella le tocaba vestirlo. Le puso el pañal y le colocó crema en el cuerpo.
El pequeño tocó las mejillas de Río feliz. Agatha estaba encantada con aquel momento. Río era una excelente madre. Nunca estaba tan cansada para atender a sus hijos, era responsable, atenta y equilibrada.
Agatha pensaba que no pudo elegir mejor padre para sus hijos. Río levantó al pequeño en brazos y comenzó a darle el biberón.
―¿Qué miras? – Preguntó Río a su esposa. Agatha estaba un poco mojada de la blusa.
―Me gusta verte cuidar a nuestro pequeño. Te ves adorable.
―Solo porque eres mi esposa dejo que me describas de esa manera.
Agatha se acercó para besar delicadamente a Río
―Te amo, Río. – Susurró despegándose.
―También te amo-Respondió Río de vuelta.
El pequeño ya se había dormida y Elena también tomaba una pequeña siesta por la tarde. Río colocó a Iker suavemente en su cuna.
―Eso nos da tiempo suficiente para acurrucarnos un rato. – Río desabrochó la camisa de su esposa y comenzó a ponerle una blusa que no estuviera mojada
Agatha se acostó en la cama con Río. La tenía de frente y se aferraba a su cintura.
―Corazón, ¿Quieres ir a acampar el fin de semana?. – Río preguntó a su esposa.
―Podemos pescar en el lago. Encender una fogata y comer malvaviscos. Solo nosotros 4.
Agatha sabía a donde quería llevarla. Ella misma la apodaba la cabaña del romance. Era una cabaña rústica en el bosque en la que habían vivido un tiempo hace muchísimos años, cuando iniciaban aquella relación prohibida. ―¿Qué dices?
―Esta bien. Hay que tener extremo cuidado con los niños y el lago. No quiero llevarme un susto.
―Te prometo que los vigilaré todo el tiempo. – Dijo Río. La peli negra se había dado la vuelta y ahora la miraba de frente. ―Quiero que empieces a empacar mañana.
Agatha asintió. Eso quería decir que salían el viernes por la noche rumbo al bosque. Volvieron a abrazarse y también se quedaron dormidas.
Su vida era tranquila y pacífica. Ya no había amenazas ni batallas por poder. Eran un matrimonio unido y lleno de mucho amor. Cuando ambas miraban hacia atrás admiraban el gran camino que habían recorrido para llegar a este momento.
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Reinicio
FanfictionAgatha Harkness y Rio Vidal superan el sendero de las brujas y tienen un reinicio agradable. ¡Las segundas oportunidades existen!
