Llegaba el fin de semana y se acercaba una fecha importante. El cumpleaños 70 de la señora Hart.
―¿Ya tienes tu vestido para la fiesta de Sharon? .- Preguntó Río entrando a la alcoba. Agatha estaba frente a su tocador, cepillando su largo cabello
―¿Quién es Sharon? – Dijo Agatha haciendo una mueca con los labios. Se quedó pensando un momento, pero aquel nombre no le sonaba para nada.
―La señora Hart. – Dijo Río
―Ahhh… si… Esa Sharon. – Aún recordaba con gracia como había muerto en la primera prueba. Parte de su felicidad se la debía a Sharon aunque no quería admitirlo.
―Hay que obsequiarle herramientas de jardinería. Ama sus flores. – Comentó Agatha. Río asintió. Y se acercó a su esposa era de noche y los niños ya estaban dormidos
―Te he dicho, ¿Que cada día te pones más bella? – Susurró Río en su oído.
―No lo has mencionado. -Respondió Agatha mirando por el espejo como Río le daba pequeños besos en la base del cuello. Agatha acarició el brazo de Río con los dedos.
No le pedía que parara.
Río le abrió la bata, metiendo una mano y masajeando sus pechos.
―¿Quieres que continúe? – Propuso la pelinegra tratando de aguantar las ganas de arrojarla a la cama y hacerla suya.
Agatha tenía la respiración agitada. Había estado en control bastante tiempo por los niños. Agatha sabía que Río podía ingeniárselas, ser rápida y sigilosa.
―Supongo que podemos llegar a un acuerdo. – Dijo la bruja, sin aceptar del todo.
―Así que quieres negociar. -Río tragó saliva. ―Puedo llevar a Elena a clases el resto de la semana y lavar los trastes sucios después de la cena.
Agatha lo pensó un segundo.
―Si consigues bañar al pequeño climático sin que incendie el baño. Estoy dispuesta a hacerlo.
El pequeño Iker no era fanático de bañarse. Incendiaba el cuarto de baño debido a su molestia
―De acuerdo, me parece justo. – Río tenía un pequeño truco para lograr controlar a Iker y sus emociones. ―Pero dejate la bata puesta. – Pidió Río. Esa bata de seda negra le sentaba de maravilla.
Agatha asintió y lanzó un hechizo para no que los niños no escucharán lo que estaban por hacer. Besó a Río con esmero, sentía su corazón latir con fuerza.
Río la hizo caer en la cama y dejó caer su peso contra Agatha. A Río le gustaba tenerla bajo su cuerpo, aunque no siempre era así en el sexo.
Agatha la rodeó con las piernas, atrapándola un poco. Hasta que Río sintió pequeñas corrientes de magia recorrer su espalda.
―Si que eres traviesa. – Susurró llevando las manos de Agatha sobre su cabeza. ―Nada de magia hoy. -besó sus labios
Rio siguió besandola y luego llevó sus manos a su entrepierna.
Agatha se mordió el labio para no gemir
―No seas tímida mi cielo. Sabes que tus gemidos son música para mi oidos. – Dijo Río moviendo las manos más rápido, hasta que sintió como el cuerpo de Agatha cedía a sus caricias.
Río se llevó la mano a la boca probando el sabor de Agatha.
―Ummm, dulce como me gusta. – Agatha la miró extasiada y después de eso siguieron besándose. La noche se hizo madrugada y ellas seguían en aquella danza desnuda. Había sido una noche increíble para ambas, pero el no dormir era difícil con dos niños en casa.
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―Mami, ¿y el desayuno? – Preguntó Elena a las 7:10. Agatha estaba en la cocina con unas enormes gafas de sol en los ojos, el cabello desordenado y el semblante cansado.
―Hoy desayunaremos cereal con leche. – Dijo buscando la leche en el refri
Río estaba medio dormida con el niño en brazos.
―¿Qué pasó anoche?, ¿había un guisante en su colchón? – Preguntó Elena
Hace unas noches, Río les había leído la historia de la princesa y el guisante a sus hijos
―Si. Eso pasó. – Respondió Río poniendo a Iker en su andadera.
Elena comenzó a comer cereal y Agatha sintió el estómago revuelto. Así que corrió a vomitar a la tarja de la cocina. Río corrió tras de ella, sosteniéndole el cabello y acariciando su espalda. Habían tenido sexo y bebido mucho vino anoche.
―Te lo dije. – Susurró Río en su oído.
Agatha se limpió la boca.
―Lleva a Elena a la escuela y vuelve conmigo, te quiero en casa hoy. – Agatha quería pasar tiempo con Río para mimarse un poco.
Después de desayunar Elena tomó su mochila y subió al auto. Iban en completo silencio hasta que Elena preguntó algo.
―Mamá… ¿Cómo conquistaste a mami? -Esa pregunta sorprendió a Río, quien miró por el retrovisor unos segundos antes de seguir el camino.
―Bueno… Las flores ayudaron un poco, pero creo que se lo debo a mi encanto. Cuando estoy con tu mamá soy una persona más accesible.
―¿Solo le diste flores?
―Bueno, diría que más que eso, pero básicamente si.
―¿Y si no quiero dar flores?
Río sonrío. Ya entendía un poco más la conversación
―Empieza con acercamientos pequeños, saludar en el corredor. Ya sabes, queremos que noten nuestra presencia. Tal vez un cumplido. Compartir una galleta en el almuerzo.
―¿Y si no sé qué decir?
―Sé tu misma eso siempre funciona.
Llegaron a la escuela y Elena bajó entonces Río condujo de vuelta.
Estaba en casa con Agatha e Iker, pero el pequeño estaba profundamente dormido.
Agatha se sentó en el sillón y Río la rodeó con su brazo, miraban un programa de cocina.
―Ayer fue grandioso. Fuiste muy generosa anoche. Susurró Río. ―¿Quieres que te lleve a cenar solas tu y yo para repetirlo?
Agatha le pensó un momento
―Sabes que amo estar contigo, pero me siento culpable por dejar a los niños.
―Somos una pareja casada, pero eso no quiere decir que dejemos de tener citas. -Dijo Río
―Espera a que pase el cumpleaños de Sharon. No podemos cancelarle. Solo se cumple 70 una vez.
Le dio un pequeño beso en los labios y siguieron mirando el programa. Río asintió. Otro fin de semana sería
--.
Me acordé de que nunca apareció Sharon en el fanfic. Así que le vamos a dar la fiesta que tanto merece 💕
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Reinicio
FanfictionAgatha Harkness y Rio Vidal superan el sendero de las brujas y tienen un reinicio agradable. ¡Las segundas oportunidades existen!
