Pasaron muchos días y el pequeño Iker pudo ir a casa con su familia. Río estaba encantada y maravillada con él. Era tan adorable y pequeño, una pequeña copia de ella misma. De cabellos negros y ojos cafés.
Cargaba el porta bebé para ponerlo en el auto y emprender el camino de vuelta a casa.
Pasaron unos minutos y llegaron
―Mi pequeño príncipe ahora estas en casa. No te preocupes en un par de horas amaré tu cuna, personalmente para que estés cómodo.
―Mi cielo puedes usar tu magia. Incluso yo puedo hacerlo. – Dijo Agatha.
―Agatha déjame hacerlo yo misma. Quiero tener ese mérito. -Dijo abriendo la puerta de su hogar
―Solo no te quiero frustrada y gritando cuando no puedas hacerlo. - Dijo Agatha entrando
―Soy muy hábil con las manos, corazón. Pensé que ya te habías dado cuenta. -Río colocó el porta bebé en la sala y se regresó a cerrar la puerta
―Si, esas manos deben de estar lejos de mi porque sino terminaremos con 12 hijos.
Río solo sonrió
―Tal vez sean 15. -Bromeó. Antes de besar a su mujer. Fue un beso dulce y duradero. Le hizo sentir todo el agradecimiento que tenía por este obsequio. ―Te amo. – Susurró al separarse y entonces el pequeño comenzó a llorar ―Yo me encargo. Tu descansa y ponte cómoda.
Elena que estaba en casa de Tia Alice llegó pasada una hora
Río era como una pequeña con un juguete nuevo.
―Tía Alice y yo pasamos por un globo. – Dijo divertida entregándoles un globo azul de helio que decía felicidades
―Veo que esta sano y salvo. Creo que ya puedo irme.
―Alice. No llevas ni 5 minutos aquí. Y vas a cargarlo antes de marcharte. – Exigió Agatha.
―Okey nueva mami. Relájate un poco.
―Vamos tia Alice… Solo sostenlo
Ante tanta insistencia Alice accedió y sacó al bebé de su asiento.
El pequeño se dejó cargar y se acurrucó en el pecho de Alice.
Río sacó su celular y tomó una foto rápida.
―Se ve tan lindo vestido de conejito. -Dijo Río
―Si… Hablando de eso, ¿no creen que las orejas son gigantes?, ¿Por qué lo visten tan feo?
Río hizo un puchero
―Era el último traje de la tienda… Y lo hace lucir lindo y adorable. -Afirmó Vidal
Agatha y Alice empezaron a reír..
―Parece que alguien ama los trajes raros. – Comentó Elena causando más risas.
―Dejen a mi pequeño en paz. Se ve bien con todo lo que use. -Peleó Río
Alice recibió un mensaje del trabajo.
―Lo siento chicas el deber me llama. Había vuelto a trabajar como policía y debía patrullar la zona. Se despidió rápido y se fue.
Llegó el turno de Río de cargar al bebé de nuevo.
―No lo sostengas tanto o lo acostumbrarás a los brazos. – Advirtió Agatha
―Es que huele muy rico. – Respondió Río. ―La leche en su cuello huele delicioso. – Río se mordió el labio. Sabía que no era de formula. Era la que producía Agatha. ―Tal vez me dejes probar un poco esta noche.
Agatha se rió
―Si claro y nueve meses después tendremos otro hijo.
―Puedo ser cuidadosa, corazón. Solo quiero besar tus pezones… No soy ciega tus pechos están enormes. Y no es justo que solo él los disfrute.
No habían tenido sexo durante todo el embarazo para no lastimar al bebé o incomodar a Agatha. Río sentía que iba a explotar. Había aguantado tanto tiempo en abstinencia de puro milagro.
―Anda corazón, puedo preparar la bañera para ti y darte un masaje. Y tú me dejas tocar lo que deseo para estar a mano
―Río es imposible con dos niños en casa. – Susurró Agatha.
―Dame 20 minutos y puedo hacerlo posible.
―¿Quién eres flash? . – Se acercó a su oído
―Sé que no soy la única necesitada en estos momentos difíciles
―No somos niños en situación de guerra, mi cielo.
―Puedo usar la artillería pesada. – Susurró en su oído.
―Guarda todas tus tácticas de seducción para otra batalla. Recuerda que debes armar la cuna.
Río suspiró y buscó las herramientas. Estuvo todo la tarde en la habitación del bebé, armando la cuna.
Agatha la veía por el monitor del cuarto del niño. Se veía ardiente con el cinturón de herramientas en la cadera. Comía un par de uvas mientras la observaba.
Río se acomodó el cabello, apartándolo de su rostro y juntó las piezas del corral con los tornillos.
―Mami. .. ¿Qué miras en tu teléfono?
―Una película de miedo. - Respondió a Elena
―¿y por qué sonríes?
―Porque es muy entretenida
El pequeño Iker dormía en su porta bebé
―¿Puedo verla contigo?
―No, porque es muy terrorífica.- Volvió a sonreír
Río estaba agachada y la cámara captaba aquella buena vista de su trasero.
―Bueno, entonces voy con mamá Río.
―No Elena. Podrías lastimarte. -La tomó de la mano deteniéndola.
Rio fue por un poco de agua a la cocina. Estaba empapada en sudor.
―Ya está lista, mi cielo. . - Miró a Agatha y luego a su hija. ―Ve a probarla Elena, prometo que no te caerás.
Elena subió las escaleras hasta la habitación del bebé.
Agatha aprovechó el momento para robarle un beso ardiente a Río.
―Te ves tan sexy usando herramientas. Susurró sobre sus labios.
Río la tomó de trasero. Estaba alerta a los pasos de Elena.
―Tenemos 5 minutos antes de que baje Elena.
―Entonces, cállate y bésame. – Exigió Agatha.
Río le dio una pequeña mordida en los labios y le apretó los pechos. Agatha gimió en su boca.
Río descendió sus manos al escote y sacó un pezón. Dió besos húmedos por todo el pecho y luego introdujo el pezón en su boca antes de tirar de el con los dientes
Agatha se aferró a Rio.
Se escuchó la puerta de la habitación del bebé abrirse. Y los pequeños y despacios pasos de Elena cada vez se escuchaban más cerca.
Río se apartó del pezón cuando este empezó a sacar leche. Se concentró en el cuello de Agatha y susurró algo en su oido. La bruja púrpura se acomodó la ropa antes de que su hija terminara de bajar la escalera.
―¿Qué hay para cenar?. - Preguntó la chiquilla
―Lo que quieras Elena. Hoy puedes elegir tú. – Respondió Río antes de soltar una gran sonrisa. Tenía esperanza de que en la noche concluirían lo que habían iniciado.
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Reinicio
FanficAgatha Harkness y Rio Vidal superan el sendero de las brujas y tienen un reinicio agradable. ¡Las segundas oportunidades existen!
