El nuevo día había comenzado y Elena había despertado temprano. Había salido de su recámara y pasó a ver la cuna de su hermanito. Acostumbraba darle un beso de buenos días en la mejilla. Lo amaba mucho aunque a veces sentía pequeños celos hacia él.
―Mami, ¿por qué aún sigues en la cama?
Una afónica Agatha se levantó de la cama. Tenía la garganta cerrada por permanecer afuera mucho tiempo.
―No nos abrigamos bien anoche. – Dijo Río con dificultad. ―Pero eso no nos arruinará el día. Ya tomamos medicina y pronto saldremos a pescar
―Qué raro mamá. – Elena miró a Río. ―Tu tenías tu bufanda verde todo el tiempo
Elena ya no era tan pequeña. Comenzaba a notar varias cosas obvias a su alrededor.
―Si, corazón. Pero a veces las defensas están bajas y eso sucede. -Explicó Río
―¿Quieren que intente curarlas con mi poder?
―No. -Respondió rápidamente Agatha. -Sabemos que eso te drena mucha energía. Queremos que te diviertas con Iker. Estamos bien.
Agatha comenzó a toser fuerte y Elena se acercó colocando su mano en su cuello.. Después de unos segundos una luz blanca salió de sus manos y recorrió el cuerpo de Agatha. Su garganta estaba siendo curada en segundos, como Elena utilizó una elevada cantidad de energía, su semblante se puso blanco
Agatha aún podía absorber los poderes de aquel que la atacara y de cierta forma su hija lo estaba haciendo.
―Nunca más quiero que intentes algo como aquello. – Reprendió Río, quien separó la mano de Elena del cuerpo de Agatha. La pequeña se desvaneció un segundo. Iker comenzó a llorar a en su cuna, asustado. El clima se puso frío y copos de nieve fueron llenando la habitación
Agatha se sentía terrible. No podía controlar su magia del todo. Solo absorbía poderes como una esponja. Comenzó a llorar hasta que vio que Elena abrió los ojos.
―Lo siento mucho, mi cielo. – Dijo Agatha acariciándole el rostro. -De alguna forma mi cuerpo sintió que lo atacabas y se activó mi mecanismo de defensa. Ahora estaba medio curada. Casi le había costado la vida a su hija.
Elena la miraba con algo de miedo. Agatha trató de sostener a Iker y también el pequeño se negó a estar cerca de ella. Su mayor pesadilla comenzaba. Sus hijos comenzaban a temerle y se estaba convirtiendo en una mala madre como la suya.
Río trató de tomar a Agatha del brazo para evitar que se fuera, pero Agatha se desvaneció. Ahora Río estaba sola en el bosque con dos niños. No sabía exactamente que hacer. Debía seguir a Agatha, pero no podía dejar a los niños solos. Utilizó su recurso secreto: detener el tiempo. Ahora sólo Agatha y Río se movían.
Agatha había subido a un bote en el lago, remaba hasta la orilla contraria de la casa para llegar a la ciudad.
Río apareció sentada en el bote frente a ella.
―Mi amor.
―¿Dejaste a los niños, Río?... No puedes correr detrás de mi cada que algo malo pasa.
―Tu no puedes huir y esconderte cada que algo malo sucede. – Respondió su mujer antes de llevar la mano a su garganta por el dolor.
―Lastimé a nuestra hija y eso me perseguirá siempre. Y el pequeño Iker ahora me tiene miedo.
―Él es pequeño mi cielo lo olvidará mañana. Con una poción sencilla puedo hacer que Elena lo olvide también. – Sugirió calmada. Quería dar soluciones no problemas
―Tal vez deba alejarme de ellos Río. Soy peligrosa para nuestros hijos.
―Ni hablar. No me vas a dejar con dos niños. Agatha estas exagerando… ¿acaso ya no me amas?, ¿no significo nada para ti?. – La voz de Río salía golpeada y dolida.
Agatha dejó de remar y se quedaron varadas en medio de lago.
―No es eso.
―Pues parece que buscas una excusa tonta para irte porque no me amas -Dijo Río frustrada.
―Te amo mi amor, pero hablo del bien de nuestros hijos.
―Hay algo más, ¿qué no quieres decirme? -Tomó su mentón obligándola a mirarla.
―Río. – La miró a los ojos y lágrimas salían por sus mejillas. ―Odio mi vida de madre. Ya no soy la bruja temible que era antes. Estoy aburrida de jugar a la casita contigo. Eso no es suficiente para mi.
―Saca tus cosas de mi casa. – Vete a donde sea que quieras irte. No te voy a obligar a quedarte donde claramente no quieres estar. -Gritó y desapareció del bote.
Agatha solo trataba de ser sincera, no esperaba esa reacción tan abrupta de Río. Tampoco quería dejarla. Solo pedía algo de tiempo para rencontrarse como mujer. Suspiró y empezó a caminar rumbo a la ciudad.
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Reinicio
FanfictionAgatha Harkness y Rio Vidal superan el sendero de las brujas y tienen un reinicio agradable. ¡Las segundas oportunidades existen!
