El final solo es el principio

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-Te vamos a mantener aquí hasta que nos seas útil para manejar a ese sujeto de pruebas.

Atado con cadenas de manos y pies, me tenían cautivo en una oscura y fría sala.

-Traidor –escupió el otro vampiro.

Dos vampiros habían venido a visitarme, solo para traerme sangre para que pudiese sobrevivir.

Oí como se marchaban, pero no los puede ver, la oscuridad lo abarcaba todo, y no sabía dónde estaba. Tenía muy claro que iba a estar allí durante bastante tiempo. Solo esperaba no volverme loco consumido por la soledad. Pero suerte que en mis recuerdos aún quedaba luz. Ella sería quién me haría sobrevivir al cautiverio. Pero realmente no quería sobrevivir. Porque si lo hacía me iban a usar para chantajearla. Y no quería eso.

-Kena... -sollocé.

Deseaba con toda mi alma que estuviese a salvo.

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Corría desesperada por las calles. ¿Qué estaba haciendo? Había tomado demasiadas decisiones en un día, demasiados sentimientos me habían abordado y demasiado dolor había tenido que afrontar. Ahora solo quería correr y escapar. Intentar escapar del dolor, escapar de la verdad, huir de la realidad. Creía que era fuerte para afrontar las cosas como eran, todo este tiempo siendo un soldado ejemplar y ahora que tengo que ser verdaderamente un soldado no puedo. Me veía incapaz. En esos momentos necesitaba un respiro, demasiados tormentos acechaban con inundar mi mente para volverme loca. La desaparición de Gabriel, Dante y su pasado, mi verdadera naturaleza, la angustia de perder a alguien más por ser, creo, la humana más odiada por los vampiros.

Respirar.

Cogí una bocanada de aire. Mi mente viajó hasta la caja de la nada.

Corría desesperada por las calles. Con un único pensamiento; llegar hasta el bar 'Siete Vidas' para poder encontrar a la banda de los ángeles de la muerte. Solo eso.

Llegué hasta el bar. Abrí las puertas y entré precipitadamente en él. Los clientes eran mayoritariamente hombres que daban miedo. Paseé la mirada por la estancia, y estaban allí. Creo que Dios me estaba ayudando por ser tan débil. Eran un grupo de seis personas y solo había dos chicas. Todos eran bastante jóvenes. Excepto de un hombre muy fornido y dos gemelos que parecían ser un tres años menores que yo. La mujer mayor era muy hermosa, tenía el pelo negro y unos grandes pechos. Su rostro era moreno y estaba definido por finas líneas, aparentaba unos veinticinco años. La niña pequeña era también bonita, tenía el pelo corto y rubio, con los ojos marrón claro como su hermano gemelo. Los otros hombres no eran muy feos, pero tampoco eran muy hermosos. Había otro chico de pelo moreno y rizado que debía ser unos pocos años mayor que la mujer, y el último tenía el pelo rojizo y largo. Lo tenía atado con una coleta detrás la espalda. Sus ojos parecían cansados y tristes, era joven, parecía tener unos diecisiete años. Estaban todos sentados en un rincón en un pequeño sofá, donde delante había una mesa con cervezas... y leche. Todos iban vestidos oscuros, y equipados con varias armas. Yo solo levaba mi guadaña y un puñal que me habían regalado, junto con algo de comida que llevaba en una bolsa colgada a mi espalda.

Me acerqué a ellos, y solo había un pensamiento que me bombeaba en la mente "Si me aceptan no voy ser nunca más débil, voy a cambiar completamente de persona voy a coger una nueva identidad" En el fondo sabía que me iban a aceptar, ellos siempre lo hacían, por eso la idea de ser una persona nueva me daba miedo. Llegué hasta la mesa, ya no había vuelta atrás.

Todos me miraron, los gemelos con curiosidad, los otros con indiferencia.

-¿Qué quieres? –dijo la mujer de pelo negro.

-Me gustaría unirme a vuestro grupo.

-No –dijo apartando la mirada de mí.

Me quedé de piedra.

-¿¡POR QUE NO?! –salté yo.

Me volvió a mirar.

-No te veo preparada, eres débil.

No estaba para nada dispuesta a rendirme.

-No soy débil –me apoyé con una mano sobre la mesa con un fuerte golpe- Quiero unirme a vuestro grupo. Si parezco débil me voy a hacer más fuerte. Pero no quiero echarme atrás.

-Entonces dime; si no eres débil, ¿Por qué lloras?

Me sorprendí y puse la mano que tenía libre en mis ojos, en verdad sí que estaba llorando. "Gabriel..."quería hacerme bolita en el suelo y empezar a llorar otra vez. Pero me obligué a ser fuerte. 

-Todo el mundo, absolutamente todo el mundo, llora. Eso no es un signo de debilidad, sino de fuerza, suficiente fuerza para aceptar lo que ha pasado y sentirte triste por ello.

Me miró nuevamente con nuevos ojos, se acomodó en el sofá y abrió las piernas. Sonrió.

-¿Por qué te quieres unir a nuestro grupo?

-Para luchar. Simplemente para luchar por aquello que quiero y aquello que amo. Y también para recuperar lo arrebatado.

-¿Eres consciente de que aunque luches, puedes perder?

-Lo soy demasiado, pero... tengo la gran certeza de que no voy a perder.

-Me llamo Scarlet. ¿Y tu?

"Nueva personalidad, nuevos recuerdos, nuevo nombre" pensé, pero me era difícil desechar mi pasado así como así. Así que di mi apellido.

-Riot. Me llamo Riot

-Yo me llamo Claire –dijo la niña con una agradable sonrisa.

-Charlie –dijo el otro gemelo.

-Riptide –dijo el hombre de pelo rojo.

-Lumen- vociferó el hombre fortachón.

-Astre –completó el otro.

-Bienvenida –dijo Claire, una de los gemelos.

Sonreí.


FIN DE LA PRIMERA PARTE

La muerte nunca te detuvo (Owari no Seraph)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora