23.Tu eres mi vida

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Al día siguiente, todo se sentía más confuso. Desperté en la cama  que ahora solo comparto con Matías.La luz del sol se filtraba tímidamente entre las cortinas, pero no tenía ganas de levantarme. Aún no sabía cómo manejar todo lo que había pasado ayer con Alan.

Mientras preparaba el desayuno, sentí esa incomodidad latente en el pecho. ¿Cómo iba a empezar algo nuevo con Alan cuando aún vivía con Jude? Aunque nuestra relación no era romántica, habíamos construido una dinámica que funcionaba, por el bien de Matías y de nuestra propia paz mental. Y ahora... ¿cómo encajaba Alan en todo eso?

Estaba terminando de preparar un café cuando Jude salió de su habitación. Llevaba una camiseta blanca y unos pants, con el cabello despeinado y una expresión soñolienta que siempre me resultaba familiar. Me miró mientras tomaba asiento en la barra de la cocina.

-¿Estás bien? -preguntó, directo como siempre.

Asentí, pero mi respuesta no lo convenció.

-¿Es por Alan? -su tono era calmado, sin rastro de reproche.

-De alguna manera... sí. No sé cómo empezar esto con él, Jude. Ayer todo fue bien, pero ahora no sé cómo encajarlo en nuestra vida sin que se sienta... raro -confesé mientras daba vueltas al café con la cuchara, como si eso pudiera revolver también mis pensamientos.

Jude tomó un sorbo de agua antes de responder.

-No te presiones. Alan tiene que entender que esto es complicado. Si realmente quiere ser parte de tu vida, no será solo contigo, también con Matías. Y, bueno, conmigo, al menos por ahora.

Levanté la mirada hacia él, agradecida por su apoyo. Jude siempre había sido ese punto de estabilidad, incluso cuando no estaba de acuerdo conmigo.

-Gracias. Sabía que esto sería difícil, pero no pensé que tanto -murmuré.

-No digo que será fácil, Dani, pero si crees que vale la pena, entonces lucha por ello. Aunque claro, no te olvides de ti misma en el proceso -respondió, dándome una pequeña sonrisa de ánimo.

El resto de la mañana pasó en una calma relativa. Me ocupé de Matías, intentando distraerme, pero Alan seguía rondando en mis pensamientos. Cuando me llegó un mensaje suyo al mediodía, el corazón me dio un vuelco.

"¿Puedo verte hoy? Quiero hablar más sobre Matías... y sobre nosotros."

Respiré hondo antes de responder, sin saber si estaba lista para esa conversación. Pero si algo había aprendido de todo esto, era que evitar las cosas no solucionaba nada.

"Claro, nos vemos en el parque del centro a las cuatro."

Sabía que encontrarme con él era lo correcto, pero no podía ignorar la sensación de que estaba caminando en una cuerda floja, tratando de equilibrar dos mundos que inevitablemente terminarían chocando.

Cuando llegó la hora, estaba más nerviosa de lo que esperaba. Matías estaba en su carrito, jugueteando con un sonajero, mientras caminábamos hacia el parque. Traté de distraerme con los sonidos a nuestro alrededor: los pasos apresurados de la gente, el viento moviendo las hojas, el sonido lejano de un perro ladrando. Pero mi mente seguía anclada en una sola pregunta: ¿Cómo iba a manejar todo esto?

𝗣𝗨𝗡𝗧𝗢 𝗬 𝗔𝗣𝗔𝗥𝗧𝗘-𝑨𝒍𝒂𝒏 𝒎𝒐𝒛𝒐-²Donde viven las historias. Descúbrelo ahora