Emily
Ada me lleva de regreso a casa después de la escuela, y el silencio en el que viajamos empieza a pesarme. Finalmente, decido romperlo.
—¿Qué quería ese infeliz? —suelto, refiriéndome a Rayan con el desprecio que merece.
Hoy la interceptó en la entrada del salón y de verdad me dieron ganas de arrancarle las pelotas y dárselas a Saltarín. Aunque, pensándolo bien, creo que hasta el pobre de Saltarín las rechazaría de lo repulsivas que son.
Ada suelta un pesado suspiro y su mirada se queda en el camino. Sé lo mucho que le ha costado todo esto, cómo ha tenido que juntar fuerzas para enfrentar la situación.
—Quiere que le digamos la verdad a Milo —contesta, mirando hacia otro lado.
—Déjame adivinar —digo con sarcasmo—. Según él, la verdad es que tú quisiste estar con él y así se lava las manos.
El silencio de Ada me da la respuesta, y siento que la rabia me hierve en las venas.
—¡Ada, no! ¡No fue tu culpa! ¡Tú no querías!
—Lo sé... pero no quiero decirle a Milo que su amigo me... —Su voz se rompe, incapaz de pronunciar la palabra, y yo siento el pecho apretado.
—Tienes que denunciarlo, Ada. No puedes dejar que se salga con la suya.
—No va a cambiar nada, Em. No va a devolver el tiempo —responde con frustración, lanzando un resoplido amargo.
Apreté el volante con fuerza y golpeo la puerta, reprendiéndome.
—¡No debí dejarte sola ese día, maldición! —me reprocho, la culpa mordiéndome.
—No, Em, no digas eso. Tú también tienes tu vida, y nunca voy a culparte por eso —me dice con ternura, como si fuese yo quien necesita consuelo.
Estaciono el auto, sintiéndome abrumada.
—De todos modos, ninguna de las dos podía saber lo que iba a hacer ese maldito —susurro, tomando su mano.
—Vamos, yo te acompaño a la delegación. Esto no puede quedarse así.
—No, Em. No pienso contarle a unos extraños lo que me hizo mi compañero de preparatoria y menos si existe la posibilidad de que mi papá se entere.
—Ada, por favor —insisto, sintiendo la desesperación asfixiarme.
—Lo haré... pero solo si tú también denuncias a tu padre —me contesta, y me quedo mirándola, perpleja por su respuesta.
Aparto mi mano, molesta.
—Eso no es lo mismo, Ada.
—Sí lo es, Em. No necesita violarte para que sea abuso.
—Mi papá solo está molesto porque mamá... —intento justificar, pero ella me corta de inmediato.
—No me vengas con esa basura de excusa, Em. Nada justifica que te maltrate.
—No quiero discutir esto contigo —replico, sintiendo mi pecho oprimido.
—Y yo tampoco voy a discutir contigo. No voy a denunciarlo —dice, desafiante.
—¡Bien!
—¡Bien!
Arranca de nuevo el auto y me deja afuera de la residencia Cárter.
—Te quiero, estúpida —me grita antes de que cierre la puerta del auto.
—Y yo te amo, hermana de otro padre —respondo, sacándole el dedo de en medio antes de que se marche.
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Inevitable
Chick-LitEn este especial de ¿Quién enamora primero?, Emily Masón empieza a trabajar como niñera de los mellizos Carter y no solo aprenderá a como cuidarlos sino a como lidiar con la repentina atracción que siente hacia April, la hermana mayor de ellos. Jun...
