Emily
Al día siguiente, en lugar de ir a clases, me quedé con Peter, quien trabajaba desde el hospital.
Ada seguía dormida. La desnutrición y los medicamentos la mantenían en un estado de letargo. Mientras tanto, Peter y yo tomábamos café en la cafetería. Milo hablaba por teléfono al otro lado de la sala, dejando a Peter inmerso en su computadora. Su rostro reflejaba una preocupación que trataba de disimular, pero el peso de sus suspiros lo delataba.
—¿Sucede algo, Peter? —pregunté, interrumpiendo su concentración.
Suspiró de nuevo, esta vez más profundo, y se quitó los lentes, dejándolos con cuidado sobre la mesa.
—Todo está bien, cariño —respondió, intentando sonreír, pero el cansancio en su voz decía lo contrario—. Es solo que estoy revisando los costos de la clínica que sugirió Milo y... son altísimos. No tenía contemplado este gasto. Supongo que tendré que hipotecar la casa o usar su fondo universitario.
Su confesión me golpeó. No podía permitir que hiciera eso. Sabía que la internación de Ada ya estaba decidida y era necesaria para su recuperación, pero no quería que Peter pusiera en riesgo su hogar ni el futuro de su hija, de mi amiga, de mi hermana.
—Peter, usa el fondo que creaste para mí —dije con firmeza.
Negó de inmediato, casi alarmado por mi propuesta.
—Em, ese dinero es tuyo. No tienes que preocuparte por esto, yo encontraré otra manera de resolverlo.
—Por favor —insistí, sintiendo un nudo en la garganta—. Ese dinero es tuyo, y tu hija lo necesita más que yo.
Peter dejó escapar un suspiro cansado mientras tomaba mis manos con las suyas.
—Em... tú también eres como una hija para mí —dijo suavemente—, y no puedo arriesgar tu futuro.
Bajé la mirada, sabiendo que no había mucho que decir para convencerlo. Pero, ¿a quién quería engañar? Yo no tenía un futuro brillante como el que Ada podía alcanzar. Incluso si lo tuviera, no sería tan prometedor como el de ella. Ada era alguien por quien las empresas de contabilidad se pelearían. Yo... bueno, yo simplemente era yo.
—Peter, escúchame —dije finalmente, buscando su mirada—. Te agradezco lo que dices, pero Ada tiene más posibilidades que yo. Ella merece esto, y tú mereces poder ayudarla sin preocuparte por cómo lo harás.
—Em... —Peter parecía debatirse internamente. Se pasó una mano por el cabello, su rostro reflejando una mezcla de gratitud y dolor—. No sé si podría aceptar esto, pero... gracias.
El silencio que siguió fue interrumpido por el sonido de la puerta de la cafetería al abrirse, y Milo se unió a nosotros con una expresión seria, pero más tranquila que antes.
—¿Todo bien? —preguntó, mirando a Peter primero y luego a mí.
—Sí —respondimos casi al unísono, aunque nuestras miradas traicionaban la verdad.
A veces, las decisiones más difíciles no son las que tomamos por nosotros mismos, sino las que tomamos por aquellos a quienes amamos. Y yo estaba decidida a hacer lo necesario para que Ada tuviera el futuro que merecía.
Peter y Milo se pusieron manos a la obra con los trámites para que todo estuviera listo mientras Ada era evaluada por el nutricionista y el psicólogo. Sin embargo, según lo que me contó Peter más tarde, las evaluaciones no habían salido del todo bien.
—Puedes pasar a verla cuando quieras —me dijo Peter, intentando sonreír, aunque la preocupación seguía marcada en su rostro—. Y Em... gracias por todo lo que estás haciendo. De verdad, eres un sol.
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Inevitable
ChickLitEn este especial de ¿Quién enamora primero?, Emily Masón empieza a trabajar como niñera de los mellizos Carter y no solo aprenderá a como cuidarlos sino a como lidiar con la repentina atracción que siente hacia April, la hermana mayor de ellos. Jun...
