Narrador omnisciente
La idea de dejar a su familia, a sus padres, a sus hermanos, le oprimía el pecho como una pesada carga. Sabía que sería un cambio monumental, algo que la separaría de todo lo que conocía. El solo pensamiento de estar lejos de su hogar, de su gente, de la comodidad de lo familiar, la llenaba de una mezcla de miedo y incertidumbre. Sin embargo, al mismo tiempo, la oportunidad que Richard le ofreció era tan grande, tan única, que no podía ignorarla. Era el tipo de oportunidad que solo se presenta una vez en la vida.
Después de largas noches de reflexión y conversaciones con Stiven, sus padres, e incluso con sus hermanos, April llegó a una decisión. Aunque el miedo la seguía acechando, su corazón latía con una renovada esperanza. La música, su pasión, podría finalmente llevarla más allá de los límites que ella misma se había impuesto. Esta era su oportunidad de crecer, de aprender y, tal vez, de cumplir el sueño que había guardado en lo más profundo de su alma.
Su madre, con los ojos llenos de lágrimas, le dio un abrazo largo, apretado, como si quisiera transmitirle todo el amor y el apoyo que nunca podría decir con palabras. Su padre, con una sonrisa forzada, le recordó lo orgullosos que estaban de ella.
—Ve y haz lo que amas, cariño. Estamos contigo —dijo, acariciando su mejilla.
April, con la garganta cerrada y el corazón lleno de emociones a flor de piel, solo pudo asentir y prometer que estaría bien, aunque en el fondo sabía que no sería tan fácil.
Así que, con una emoción que no sentía desde hacía mucho tiempo, aceptó la propuesta de Richard. La idea de estudiar producción musical en Berlín parecía un sueño lejano, pero algo dentro de ella le decía que era el momento de dar el paso. Hizo los trámites necesarios con la ayuda de su primo, quien no dejaba de animarla. Pronto, el destino la llevaría a un lugar que nunca imaginó, con la promesa de un futuro lleno de nuevas experiencias, retos y crecimiento personal.
Aunque la despedida sería dolorosa, y aunque las dudas aún rondaban en su mente, April sentía que esta era la única forma de sanar, de liberarse de las sombras del pasado y, tal vez, de redescubrirse en un mundo nuevo, donde el arte y la música serían su única guía.
Los días previos al viaje fueron una montaña rusa de emociones. Cada rincón de su casa parecía llenarse de recuerdos, de risas compartidas y momentos que April sabía que pronto tendría que dejar atrás, al menos por un tiempo. Sus padres, aunque tristes por verla partir, la apoyaban con todo su ser, sabiendo que esta era una oportunidad que no podía dejar escapar. Incluso los mellizos, siempre tan traviesos, la miraban con una mezcla de orgullo y tristeza, sin comprender del todo el alcance de su partida, pero con la inocencia propia de su edad, abrazándola con más fuerza de lo habitual.
Pero antes de partir, April sabía que había una última parada que debía hacer. Mientras jugaba con los mellizos, el sonido de sus risas se convirtió en una melodía agridulce que le llegaba al alma. Sus pequeños brazos rodeaban su cuello en abrazos frágiles pero llenos de un amor puro, esos abrazos que solo los niños saben dar, con una confianza inquebrantable y una ternura infinita.
El corazón de April se encogía cada vez que uno de ellos la miraba con esos ojos curiosos, esos ojos que no comprendían del todo lo que estaba a punto de suceder. Pero, en el fondo, ella lo sabía. La próxima vez que los viera, serían diferentes. Ya no serían solo los pequeños traviesos que correteaban por la casa, haciendo de su vida un caos divertido. Hablarían más, comprenderían mejor las despedidas, caminarían con más seguridad en sus pequeños pasos y, eventualmente, hasta irían a la escuela.
El simple pensamiento de que sus risas, sus abrazos, y esas tardes de juego quedarían en el pasado la golpeó con fuerza. Un nudo se formó en su garganta, pero no pudo evitar sonreír mientras los abrazaba con más fuerza, sintiendo que quería llevar consigo un pedazo de esa inocencia y amor incondicional que solo los niños pueden ofrecer.
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Inevitable
ChickLitEn este especial de ¿Quién enamora primero?, Emily Masón empieza a trabajar como niñera de los mellizos Carter y no solo aprenderá a como cuidarlos sino a como lidiar con la repentina atracción que siente hacia April, la hermana mayor de ellos. Jun...
