Emily
Las siguientes semanas han sido un deterioro completo para Ada. Volvió a refugiarse en el ejercicio, y ha bajado tanto de peso que su cuerpo parece casi cadavérico. La veo cada vez más agotada, sus ojos hundidos y la piel más pálida. Es como si su energía se estuviera escurriendo poco a poco, y eso me aterra.
Lo peor es que todo esto me resulta demasiado familiar. Recuerdo cuando perdió a su madre siendo una niña, y cómo se hundió en la misma espiral de autodestrucción, buscando consuelo en cualquier cosa que la hiciera sentir que tenía control, aunque solo fuera por un momento. Me temo que su ruptura con Milo la ha afectado más de lo que imaginaba. Todo lo que parecía estar tan bien se desmoronó de un golpe, y Ada, en su forma de enfrentar el dolor, se ha vuelto a perder en esa misma espiral.
Cada vez que la miro, siento que estoy viendo a la misma niña perdida que intentaba salir del abismo, solo que ahora es una mujer, más rota y más cansada. Pero aún queda algo en ella, una chispa que no quiero que se apague.
Después de una larga charla con Peter, quien me confiesa con una mezcla de frustración y preocupación que no sabe qué está pasando con Ada, ni cómo ayudarla. Me dice que está convencido de que necesita ver a un médico, que algo no está bien, pero que Ada se niega rotundamente a aceptar que lo necesita. Su voz refleja la desesperación por no poder hacer más por ella, y eso me duele. La preocupación de Peter se convierte en mi propia preocupación, y decidió que ya no puedo quedarme de brazos cruzados.
Sin pensarlo más, irrumpí en su habitación. La puerta se abre con un suave crujido, y ahí está ella, saltando con una cuerda, como si su vida dependiera de ello, con una concentración que podría hacerla olvidar el mundo.
—¡Pero ¿qué te pasa?! —me reclama, viendo cómo le quito la soga y empieza a forzarme a quitarme la cuerda.
—¡¿Qué te pasa a ti?! ¡¿Otra vez ejercitando?! ¡¿Acaso quieres desaparecer?! ¡Mira lo delgada que estás! —le respondo, sintiendo cómo mi paciencia comienza a desbordarse.
—Ay, por favor, no exagerares —responde, soltándome la cuerda de un tirón.
—Escucha —le pido, tomando aire para calmarme—. Sé que no estás pasando por un buen momento, pero estoy aquí. Desahógate conmigo, pero no así.
—Si viniste a sermonear, te puedes devolver, gracias —me señala la puerta, su tono irónico y cortante atravesando mi pecho como una daga.
—¡No! —me exáspero—. ¡No quiero sermonearte, quiero ayudarte!
—¡No necesito tu ayuda, sorpresa! —dice con un tono mordaz, girando los ojos. Luego me lanza una mirada desafiante—. Ahora, dime, ¿qué mierda quieres?
La miro incrédula. Esta no es mi amiga.
—Solo quería hablar contigo porque Peter se está muriendo de la preocupación al verte cadavérica... —mi voz se quiebra, pero lucho por mantenerla firme—. Pero ya veo que no se puede. Avísame cuando entres en razón.
En ese momento, escuchamos la puerta abrirse, y Peter aparece, su rostro lleno de preocupación.
—Pero ¿qué pasa aquí? —pregunta, mirando de una a otra—. ¿Por qué discuten, niñas?
—Nada, Emily ya se iba —responde Ada con indiferencia, girándose hacia la ventana como si no le importara.
Peter me lanza una mirada preocupada, pero antes de que pueda decir algo, simplemente doy un paso atrás, sabiendo que no puedo forzarla a hacer algo que no quiera. La puerta se cierra detrás de mí, y una pesada sensación de impotencia me embarga.
ESTÁS LEYENDO
Inevitable
ChickLitEn este especial de ¿Quién enamora primero?, Emily Masón empieza a trabajar como niñera de los mellizos Carter y no solo aprenderá a como cuidarlos sino a como lidiar con la repentina atracción que siente hacia April, la hermana mayor de ellos. Jun...
