Capítulo 16

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Emily

Una semana después, las cosas se complicaron mucho con Ada. Milo llegó de su viaje y, cegado por la rabia y las mentiras, terminó creyendo que ella lo había engañado con su mejor amigo. La expresión de dolor en su rostro me rompe el alma, y ​​tengo que morderme la lengua, tragándome las palabras que arden en mi pecho. Quisiera gritarle a Milo la verdad, contarle lo que ese infeliz le hizo a Ada, pero ella me ha pedido que me mantenga al margen. Mi corazón se divide entre la lealtad a su secreto y las ganas de protegerla de este dolor injusto, y en el fondo me siento atrapada, impotente, mientras todo se desmorona.

Le lanzo una mirada de desprecio desde mi asiento en el salón, pero eso no parece disuadirlo.

—No, no voy a fiestas, ni a bares, ni a partidos de rugby, ni a tu casa, Baker —le digo con firmeza.

—Tú te lo pierdes —me responde, encogiéndose de hombros como si no le importara.

Respiro hondo, harta de su actitud arrogante.

—A ver, ¿crees que no sé lo que intentas? Solo quieres estar conmigo para vengarte de Ada. ¡Basta!

—Ya lo hice —me respondo, su cinismo es increíble. No solo no le importa que Ada es como una hermana para mí, sino que además parece haber olvidado que estoy saliendo con alguien.

Lo miro con asco.

—Oh, ya veo. Entonces, ¿solo me quieres en tu colección porque soy la única chica del curso que te falta? Qué patético.

—Solo quiero pasarla bien contigo, nada más —dice, como si fuera lo más natural del mundo.

—No me interesa.

—Tú te lo pierdes —repite, riéndose, tan seguro de sí mismo que me dan ganas de gritarle.

Respiro profundo para mantener la calma.

—Eres un perdedor que usa a las mujeres para alimentar su ego machista frente a los demás. Y, viendo tu verdadero "yo", me alegra que mi amiga se haya librado de ti.

—Ella me engaña y yo soy el malo? —retruca, con una falsa sorpresa.

—No tienes ni idea de lo que estás diciendo.

Me levanto, decepcionada. De verdad, en algún punto pensé que podría ser diferente, que había algo más bajo esa fachada arrogante.

—¿Sabes? Con todo lo que haces después de lo de Adelaida, solo demuestras que eres igual o peor que el imbécil que creíste que eras diferente —le suelto, mirando cómo su expresión cambia a una mezcla de sorpresa y ofensa. Me doy la vuelta, dejándolo allí, consumiéndose en su orgullo herido, a ver si algún día abre los ojos y deja de actuar como un patán.

Más tarde, Ada me deja en la residencia Carter. Apenas bajo del auto, mi novia me recibe en la puerta con una sonrisa radiante y uno de los mellizos en brazos.

—¡Hola hermosa! —me dice mientras me da un beso en la mejilla. Luego me pasó al pequeño—. Este pequeñín te ha echado de menos.

Entro con ella y, apenas estamos en la sala, me siento en la alfombra con el bebé en mis brazos, mientras April trae al otro mellizo y se sienta a mi lado. Ambos tienen los ojos bien abiertos, como si nos miran curiosos, esperando a ver qué hacemos a continuación.

—¿Listos para un poco de diversión? —pregunto, guiñándole un ojo a April.

Empiezo a hacerle cosquillas suaves al bebé en la barriga, y él suelta una risita encantadora que me llena de ternura. Los dos reímos al ver su expresión y, a continuación, jugamos a esconder el rostro tras las manos, diciendo "¡Buu!" cada vez que reaparecemos. Los bebés se ríen como si fuera el truco más impresionante del mundo, aplaudiendo con sus manitas y estirando los bracitos para intentar "atraparnos".

InevitableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora