Capítulo 20

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Emily

Me bajé del autobús, el típico transporte público de la ciudad, y caminé rápidamente hacia la residencia Carter. La fachada blanca con su jardín perfectamente cuidado parecía inmutable, tan diferente al caos que se arremolinaba en mi mente.

Al llegar a la puerta, la toqué con firmeza. No tuve que esperar mucho; como era de esperarse, April fue quien abrió.

—Oh, allí estás, rojita —dijo con esa sonrisa que siempre me desarmaba.

Pero esta vez no.

Me deslicé a un lado, esquivando el beso que intentó darme. No podía. Las malditas fotos seguían dando vueltas en mi cabeza, cada imagen clavándose como una espina más profunda.

—¿Pasa algo? —preguntó, levantando una ceja, su tono cargado de confusión.

Yo solo exhalé y entré a la casa sin mirarla, intentando mantener mi compostura mientras mi corazón martillaba en el pecho.

—No, nada —respondí con calma medida, aunque mi tono carecía del calor habitual. Hice una pausa antes de agregar—. Disculpa la tardanza. Ada tuvo complicaciones de salud y la ingresaron en el hospital.

April abrió los ojos con una mezcla de sorpresa y preocupación genuina.

—Oh no, lamento escuchar eso. ¿Está bien?

—Sí —respondí sin darle más detalles, mi voz tan fría como el viento que soplaba afuera—. Afortunadamente, todo quedó en un susto.

No añadí nada más. Caminé hacia el sofá, dejándola en la entrada mientras me quitaba la chaqueta. Su expresión de preocupación parecía sincera, pero yo no estaba de humor para interpretar gestos ni para compartir más de lo necesario. ¿Qué iba a decirle? ¿Qué mi cabeza estaba hecha un nudo entre Ada, las fotos, y su ex? Mejor mantenerme distante.

April cerró la puerta detrás de mí, pero no se acercó de inmediato. Pude sentir su mirada fija en mi espalda, como si intentara descifrar mi estado de ánimo. Finalmente, caminó hacia mí y se detuvo a unos pasos de distancia.

—¿Seguro que estás bien? —preguntó con cautela, su voz un poco más suave esta vez.

Me volví lentamente, cruzando los brazos.

—Sí, ¿por qué no lo estaría? —respondí con una frialdad que no pude esconder del todo.

Ella frunció el ceño, dando un paso más cerca.

—No lo sé, tal vez porque parece que algo te molesta y no me lo estás diciendo.

Me reí sin humor, un sonido seco que llenó el silencio entre nosotras.

—No todo gira alrededor tuyo, April. Tengo mucho en mi cabeza, eso es todo.

Por un momento, parecía que iba a replicar, pero en lugar de eso suspiró y se sentó en el borde del sofá, como si estuviera calculando sus próximas palabras.

—No dije que girara alrededor mío, pero puedo notar que estás diferente, Em. Si hay algo que necesites...

—Lo que necesito —la interrumpí, mi tono cortante—, es algo de espacio.

El golpe de mis palabras hizo que sus ojos se abrieran un poco más, sorprendida. No era común que le hablara así. Quería arrepentirme al instante, pero mi orgullo me mantuvo firme.

—Entendido —dijo finalmente, con un dejo de molestia en su voz—. Si necesitas espacio, te lo doy.

Se levantó y salió de la sala, dejándome sola con mis pensamientos, los cuales se sentían más pesados que nunca.

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