⚠️ Advertencia de Contenido ⚠️
El siguiente capítulo incluye descripciones de violencia que podrían resultar perturbadoras para algunos lectores. Los eventos narrados pueden despertar emociones intensas, por lo que se recomienda discreción.
Gracias por su comprensión.
Narrador omnisciente
Un día después, Emily despertó temprano, incluso antes de que el sol comenzara a asomarse por el horizonte. Había algo en el aire, una calma pesada que ella no sabía explicar. Se quedó un momento en la cama, observando el techo, dejando que sus pensamientos fluyeran como un río desbordado. Había tanto que quería decir, tanto que deseaba hacer, pero el tiempo parecía escaparse de sus manos, resbaloso como agua.
Se levantó con cuidado para no despertar a nadie. Caminó descalza hasta su ventana, donde la luz tenue del amanecer comenzaba a filtrarse por las ventanas. Sobre la mesa de noche aún descansaba la pulsera que había recibido el día anterior. La tomó entre sus dedos, observando cada detalle, los delicados diamantes que brillaban bajo la luz y la forma en que el diseño complementaba el suyo propio.
—Es perfecta... —murmuró, aunque no estaba segura de si se refería a la pulsera o a la persona que se la había regalado.
Sin embargo, sabía que, al menos en casa, no podía lucirla libremente. No sin arriesgarse a las miradas de juicio, a las preguntas incómodas y, peor aún, a desatar la furia de su padre, quien seguramente la acusaría de ser una oportunista o algo aún más hiriente. Apretó la pulsera en su mano, como si con ese gesto pudiera resguardarla de todo lo que le esperaba fuera de este pequeño refugio de amor y calma.
Pasó los siguientes minutos en silencio, revisando mentalmente todo lo que había hecho y todo lo que todavía deseaba hacer. ¿Había dicho suficiente "te quiero"? ¿Había dejado claro lo mucho que amaba a su ricitos, a los mellizos, a todos los que formaban parte de su vida? Una punzada de nostalgia le atravesó el pecho, pero la apartó rápidamente con una sonrisa.
Decidió ducharse y cambiarse de ropa y colocarla en el bolsillo de su sudadera antes de bajar a la cocina por algo de comer.
Su padre estaba en la cocina, sirviéndose una taza de café mientras el aroma amargo llenaba el aire. Apenas la vio entrar, levantó la vista con una mezcla de cansancio y desdén.
—Buenos días, ¿cómo amaneciste? —se atrevió a preguntar ella con cautela, tratando de medir el humor de la mañana.
Él le lanzó una mirada fría antes de rodar los ojos.
—Con dolor de cabeza, así que no me salgas con ninguna tontería.
—Descuida, no te molestes, solo era una pregunta...
—Pues yo te tengo una mejor —interrumpió, su tono cargado de sospecha—. ¿Ayer llegaste tan sonriente como una estúpida enamorada?
Ella sintió un nudo en el estómago al escuchar esas palabras, pero se quedó callada, esperando lo inevitable.
—¿Estás segura de que fue esa niñita, la hija de tus jefes, la que te trajo? —continuó, inclinándose ligeramente hacia ella—. ¿O fue algún imbécil que te anda endulzando el oído y comprándote cosas para aprovecharse de ti?
—Sí, pa... —respondió en un hilo de voz, bajando la mirada. —Fue ella.
Qué más quisiera ella que poder decirle la verdad. Contarle que tenía una novia increíble, talentosa y llena de luz, alguien que hacía que su mundo fuera mejor. Pero sabía que cualquier intento de explicarse solo lo enfurecería más. Él estaba atrapado en sus propias paranoias, viendo fantasmas del pasado en cada gesto suyo.
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Inevitable
Romanzi rosa / ChickLitEn este especial de ¿Quién enamora primero?, Emily Masón empieza a trabajar como niñera de los mellizos Carter y no solo aprenderá a como cuidarlos sino a como lidiar con la repentina atracción que siente hacia April, la hermana mayor de ellos. Jun...
