Capítulo 23

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April

La verdad, lo último que esperaba era convertirme en tendencia. Pensar que tantas personas, más de las que puedo contar, habían visto mi presentación y comentaban sobre nosotras era abrumador. Durante el camino de regreso a la casa, Em, Peter y yo seguimos leyendo los comentarios entre risas, bromas y un poco de incredulidad.

Todo parecía estar en calma, pero apenas cruzamos la puerta, noté algo en mi rojita que me inquietó. Su sonrisa habitual se desvaneció, y su mirada parecía perdida en un punto indeterminado de la sala.

—¿Qué pasa, Em? —le pregunté suavemente, intentando atraer su atención.

No me respondió de inmediato. Peter también se percató de su cambio y frunció el ceño, observándola con preocupación.

—¿Em? —insistí, tocándole ligeramente el brazo.

Ella parpadeó varias veces, como si intentara enfocarse, pero sus manos comenzaron a jugar con el borde de su camisa, un gesto que ya había aprendido a identificar como su forma de lidiar con la ansiedad o el estrés.

—Es que... —comenzó a decir, pero luego se detuvo y frunció el ceño, como si estuviera luchando por organizar sus pensamientos.

—¿Es que qué? —le pregunté, tratando de no presionarla demasiado.

—Hay muchas cosas... —murmuró, sin mirarnos directamente, mientras comenzaba a caminar de un lado a otro por la sala. Sus pasos eran rápidos e irregulares, casi como si quisiera escapar de su propia mente.

—Em, tranquila —le dije, acercándome con cuidado y poniéndome frente a ella para detener su movimiento—. Respira, ¿sí? Vamos, cuéntanos qué pasa.

Ella inhaló profundamente, aunque sus manos seguían inquietas, ahora retorciendo el dobladillo de su camisa.

—Es que... ese vídeo ya lo debió ver toda la escuela, todo el barrio y yo no sabría cómo reaccionar ahora que se enteren que también me gustan las niñas. —dijo finalmente, con la voz temblorosa—. Yo... yo no sé si estoy preparada para todo esto.

Su confesión me desarmó. La abracé de inmediato, rodeándola con fuerza mientras sentía su respiración agitada contra mi hombro.

—Em, escucha —le dije, acariciando su cabello—, lo estamos haciendo juntas, ¿de acuerdo? Lo bueno, lo malo, lo raro... todo. Y si alguien tiene algo que decir, que lo diga. Tú y yo sabemos lo que valemos, y eso es lo único que importa.

—Además —añadió Peter, con su tono protector mientras se acercaba—, si alguien se atreve a decir algo malo de cualquiera de ustedes dos, tendrán que lidiar conmigo. Y créanme, no será bonito.

Eso logró sacar una leve sonrisa de Em, aunque todavía parecía algo perdida.

—Gracias —murmuró, apoyándose un poco más en mí—. De verdad, gracias.

La tensión en su cuerpo comenzó a disiparse lentamente, y juntos nos sentamos en el sofá, dejando que las risas y comentarios ligeros sobre los videos y memes virales llenaran nuevamente el espacio. Aunque sabía que esto era solo una pequeña batalla interna para Em, estaba segura de que juntas podríamos con cualquier otra que viniera.

—Ahora vamos, que mi primo nos espera en su local para celebrar —le digo, tomando la mano de Em con entusiasmo.

—Diviértanse mucho, niñas —nos dice Peter con una sonrisa cálida mientras se acomoda en el sofá.

—Oh, no, por favor acompáñanos —insisto, deteniéndome un momento para mirarlo.

Peter niega con la cabeza, levantando una mano en un gesto de agradecimiento.

InevitableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora