⚠️ Advertencia de Contenido ⚠️
El siguiente capítulo aborda momentos emocionalmente intensos que podrían resultar impactantes para algunos lectores. Se recomienda discreción al continuar con la lectura.
Narrador omnisciente
La oscuridad fue cediendo, reemplazada por un resplandor dorado que acariciaba su piel como un cálido amanecer. Emily abrió los ojos con suavidad, sintiendo la arena bajo sus pies descalzos y el murmullo del océano que se extendía ante ella. Estaba en una playa infinita, donde las olas rompían con delicadeza, dejando un rastro espumoso en la orilla.
El cielo era un espectáculo de colores: dorados, rosados y violetas mezclándose como si alguien los hubiera pintado con amor. Una brisa salada acariciaba su rostro, trayendo consigo una paz indescriptible, como si todo el dolor y el miedo hubieran quedado atrás, disolviéndose en las aguas cristalinas.
—¿Dónde estoy? —murmuró, mirando a su alrededor, maravillada.
Entonces, a lo lejos, una figura comenzó a acercarse. Era Harper Williams, la madre de Ada, vestida con un delicado vestido blanco que parecía estar hecho de la espuma del mar. Su cabello, de un tono ámbar cálido, igual que el de su hija, ondeaba al compás del viento, y sus ojos verdes, profundos y brillantes como un bosque iluminado por el sol, reflejaban una paz infinita. En su rostro se dibujaba una sonrisa cálida y reconfortante, una que parecía borrar cualquier rastro de tristeza o preocupación.
Harper avanzaba con serenidad, y a medida que se acercaba, Emily no pudo evitar notar el aura de amor y protección que la rodeaba, como si la misma playa respondiera a su presencia, envolviéndola en una luz aún más brillante.
—Hola, pequeña —dijo Harper con ternura mientras abría los brazos.
Sin pensarlo, Emily se lanzó hacia ella, buscando en aquel abrazo la calidez y el consuelo que siempre le faltaron con su propia madre. Harper la envolvió con fuerza, acariciándole el cabello como si quisiera sanar cada herida invisible que cargaba.
—Oh, mi niña... —murmuró Harper, su voz quebrándose apenas, mientras apoyaba su barbilla en la cabeza de Emily—. Has llegado demasiado pronto...
Emily sintió cómo aquellas palabras le calaban profundo, mezclando una dulce melancolía con la inexplicable paz que el abrazo de Harper le otorgaba.
—¿Esto es el cielo? —preguntó Emily, con un nudo en la garganta mientras se separaba un poco para mirarla.
—Es un lugar de paz, de descanso —respondió Harper, acariciándole el cabello, igual que lo hacía cuando Emily era niña—. Aquí no hay miedo, ni dolor. Solo amor y serenidad.
Emily asintió, dejando que esas palabras calaran en su corazón. Sin embargo, al girar la vista hacia el horizonte, donde las olas besaban el cielo, un pensamiento la inquietó.
—Papá... —susurró— ¿Qué pasará con él?
Harper tomó sus manos con ternura, sus dedos cálidos y suaves como nunca antes los había sentido.
—Él tiene su propio camino que recorrer, su propia tormenta que enfrentar. Pero tú, cariño... tú estás aquí porque ya has encontrado la paz que merecías.
Emily bajó la mirada, sintiendo el peso de su amor por quienes había dejado atrás.
—Pero no quiero dejarlo... no quiero dejarlo como lo hizo ella. ¿Y Ada? ¿Y Peter? ¿Estarán bien? —preguntó, su voz temblorosa, con el brillo de las lágrimas contenidas.
Harper la miró con sus ojos verdes cargados de comprensión, tomándole las manos con suavidad.
—Ellos son más fuertes de lo que crees, mi niña —le aseguró, con la calidez de quien entiende la profundidad de los lazos que se niegan a romperse—. Ada tiene un corazón valiente, igual que tú. Y Peter... Peter encontrará en ella el apoyo que necesita. Los caminos de quienes amamos no se detienen cuando los dejamos; siguen adelante, impulsados por el amor que compartimos.
ESTÁS LEYENDO
Inevitable
ChickLitEn este especial de ¿Quién enamora primero?, Emily Masón empieza a trabajar como niñera de los mellizos Carter y no solo aprenderá a como cuidarlos sino a como lidiar con la repentina atracción que siente hacia April, la hermana mayor de ellos. Jun...
