Capítulo 25

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Emily

Un mes después, las cosas seguían su curso, aunque con ciertos matices que marcaban una leve diferencia. Las miradas curiosas y los murmullos no habían cesado del todo, pero ya no tenían el mismo peso. La presencia de April aún era un tema recurrente, especialmente cuando la encontraban en el bar de su primo. Allí, como tantas otras noches, lograba conquistar a todos con su voz.

La atmósfera del lugar era cálida, bañada por luces tenues que se reflejaban en las botellas detrás de la barra. El ambiente se llenaba de un murmullo constante, interrumpido solo cuando April subía al pequeño escenario improvisado. En cuanto tomaba el micrófono, el silencio se imponía como una reverencia colectiva.

Vestía un sencillo conjunto negro, pero en ella todo parecía tener un aura especial. Su voz comenzó a llenar el espacio, suave al principio, acariciando cada rincón del bar, antes de alcanzar esas notas profundas que lograban estremecer a cualquiera.

Yo la miraba desde mi lugar habitual, una esquina algo apartada, pero con la vista perfecta hacia el escenario. Cada vez que la veía cantar, el mundo parecía detenerse por completo.

—Tu novia es impresionante —comentó Milo, quien había decidido acompañarme esa noche.

Asentí, con una sonrisa que no podía disimular.

—Lo sé. Es como si tuviera magia en la voz —respondí, sin apartar la mirada de ella.

Cuando terminó su canción, los aplausos inundaron el lugar, y April sonrió con esa mezcla de humildad y confianza que tanto me encantaba. Bajó del escenario y se dirigió hacia nuestra mesa, aún con las mejillas levemente sonrojadas por el calor de las luces.

—¿Qué tal estuve? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—Como siempre, perfecta —le dije, levantándome para darle un beso rápido, pero lleno de orgullo.

Milo asintió, levantando su vaso en un gesto de aprobación.

—Si algún día dejas de cantar, será un crimen.

April rió suavemente mientras tomaba asiento a mi lado, entrelazando sus dedos con los míos bajo la mesa.

—Gracias, pero no pienso dejarlo. Esto es lo que amo hacer, y no voy a dejar que nadie me diga lo contrario.

Su determinación era contagiosa, y en ese momento supe que, aunque las cosas aún no fueran perfectas, estábamos en el camino correcto.

—¿Y sabes qué es lo que amo? —pregunté, deslizando una mano por su cintura con suavidad, atrayéndola hacia mí.

—¿Qué? —respondió con una sonrisa pícara.

—Tus curvas —dije con un tono coqueto, dejando que mi mano descansara en su cadera. Luego subí la otra mano para acariciar su mejilla—. Tu sonrisa —añadí, disfrutando del leve sonrojo en su rostro mientras mis dedos jugueteaban con uno de sus rizos—. Y, por supuesto, estos rizos perfectos. Nunca los cambies, ¿de acuerdo?

April soltó una risita, encantadora como siempre, y me miró con esos ojos que parecían contener el universo entero.

—Jamás —respondió con firmeza—. Son mi marca personal y, según recuerdo, tu parte favorita de mí.

—Exacto, mi parte favorita. —Me acerqué para robarle un beso rápido, sin dejar de enredar mis dedos en su cabello.

—¡Ay no! Ya comenzaron con su cursilería otra vez —interrumpió Milo desde el otro lado de la mesa, agitando su vaso de cóctel sin alcohol con fingida desesperación.

InevitableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora