Extra I: Para siempre Pt.1

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Cinco años después.

Shanghái, China.






Hay un agrio y punzante olor a sangre mezclado con la purulencia producto de las ratas muertas en las esquinas del abandonado edificio penetrando las fosas nasales de Sicheng.

Su estómago se revuelve, pero no sabe si es por las náuseas que le provoca aquel lugar o la cara de aquel hijo de puta con quien hace contacto visual.

Frente a él tiene al que alguna vez se pudo considerar un líder entre sus súbditos, el líder de una manada que para su desgracia había sido atrapado por unas garras más afiladas. Ahora reducido a un tipo más amarrado a una silla de metal oxidado, con cuerdas que envuelven sus tobillos y muñecas cortándole todo flujo sanguíneo posible y su bien trabajado cuerpo lleno de golpes y cortes que arruinan lo que quizá alguna vez fue un atractivo personaje.

Su nombre es Shen Quanrui "Ricky", como figura en el expediente que se le fue entregado, era uno de los terrores que gobernaban en la provincia de Shenyang bajo el manto del ya difunto Kris Wu en nombre de la extinta EXO-M, una de las últimas cabezas que aún quedaban vivas y que se movían lo suficientemente rápido para que la triada tuviera que detenerse a pensar en algo más estratégico. 

Y aunque Yukhei y él pudieron haber terminado con él hace un par de años  atrás cuando su rey había caído, tenían mejores planes y decidieron quitarle un ojo de encima aprovechando el caos y el desespero de otros sitios más importantes del país.

Hasta que dos meses atrás ocurrió el atentado en Tailandia. Un operativo enemigo que tenía nombre y apellido.

El hijo de puta ahora lo mira con el rostro desfigurado desde su posición en esa silla sin ningún rastro de súplica o remordimiento, probablemente con la misma valentía cuando decidió usar un descuido suyo y traerle muchos problemas. 

Como emboscarlo y dejarlo casi muerto en otro país.

Sicheng estaba fastidiado, jodidamente encabronado. Por eso no dudo en asignarle fecha y hora al día de su muerte tan pronto pudo volver a caminar. 

Y ahora está aquí, totalmente recuperado y contrariando a su hermano, decidiendo si insertarle una bala en la frente, cortarle el cuello o perforarle el corazón.

Ricky lo mira fijamente con las escleras inyectadas en sangre, gritando maldiciones a su mafia, a su gente, a su familia y a él. Ahora solo espera que el rubio frente a él fuera de algún uso después de toda la molestia que tuvieron que atravesar para encontrarlo en tiempo récord. Así que lo escucha y espera pacientemente que aquel hombre les brinde información relevante acerca del par de cabezas también involucradas en el incidente en Tailandia y que ahora parecen haber desaparecido del mapa. 

No obstante, el maldito sigue hablando incoherencias y jodiendo el interrogatorio que no los llevaría a nada.

Yuqi a su lado rueda los ojos por milésima vez ante lo que intentan ser insultos y amenazas en vano. Hastiada de tanto parloteo innecesario, con una manopla envolviendo sus dedos, no pide expreso permiso y le asesta un golpe directo a la boca quizá tumbándole un par de dientes y rompiendo ahora la comisura derecha de sus labios. Todo, absolutamente todo de su boca hacia abajo empapado de fresca y escandalosa sangre.

Los jadeos de dolor inundan el lugar.

—¿Ya podemos matarlo? —pregunta Chenle, desde una esquina de la habitación de la vieja edificación, limpiando su arma de los restos de sangre restante de los tantos golpes que le había propinado a Shen con anterioridad. —Me tiene harto, creo que un maldito perro tiene más información que este hijo de puta. 

Sicheng suspira cansado. 

ENDGAME [YUWIN]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora