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El aire estaba plagado de humo, gracias a mi habilidad y el proceso en el cual tuve que aprender a controlarla quemé muchas cosas y el humo ya era algo natural para mí, pero eso no significaba que era inmune a ello

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El aire estaba plagado de humo, gracias a mi habilidad y el proceso en el cual tuve que aprender a controlarla quemé muchas cosas y el humo ya era algo natural para mí, pero eso no significaba que era inmune a ello.

—¡Nozel, los niños!

El grito de Nebra me alcanzó, su voz rasgando el humo, pero, extrañamente, mis pensamientos vacilaron. No por el campo de batalla. No por los civiles. Por el nombre que ella había dicho.

No debí haberme detenido a pensar en eso. No era mi responsabilidad. No debía importarme. Esa historia ya estaba cerrada. La cerré yo mismo. Con mis propias manos. Sin mirar atrás.

O al menos eso intenté de forma tan lamentable.

La duda me caló hondo (grave error) y sin darme cuenta, fui rodeado por un círculo mágico extraño. Un resplandor me envolvió, y todo lo que conocía se desvaneció.

De repente, me encontré en un lugar extraño, vasto, desorientador. Todo alrededor era blanco, blanco puro, como si la realidad misma hubiera sido borrada y reemplazada por una nada cegadora. Una fracción de mi mente me susurró que algo no estaba bien y mis instintos se pusieron alerta, pero no podía ni sabía cómo calmarlos, no cuando no tenía algo en qué centrarme, todo era perturbador.

Miré a mi alrededor hasta que escuché una voz suave y prominente llamándome. Cuando miré al responsable, llevaba una túnica blanca, los bordes extraños y la tela etérea como si se desvaneciera en la luz. La máscara que llevaba, brillante y solemne, la reconocí inmediatamente. Era William Vangeance. Pero cuando retiró su casco, su rostro ya no era el de un hombre el cual recordaba. En su lugar, había patrones extraños, como si su rostro estuviera marcado por líneas que nunca había visto, pero antes de hacer algo sentí un dolor punzante en mi hombro. Miré hacia abajo, buscando el brazo que ya no estaba. Solo quedaba vacío, como un eco de lo que alguna vez fui. La realidad a mi alrededor comenzó a desdibujarse, y antes de que pudiera entender qué estaba sucediendo, todo se fue a la oscuridad.

No sentí nada. Nada de mi cuerpo. No había peso, ni calor, ni frío. No había nada. Solo una vasta oscuridad, fría y abrumadora, como un océano infinito en el que no existía ni luz ni sombra. Flotaba. Sin más.

No me gusta la oscuridad, nunca me había gustado. Como reflejo a mi disgusto, intenté mover mis dedos para activar mi magia lo cual termino en fracaso. Intente moverme más, pero tampoco funcionó. Varios intentos fallidos fueron suficientes para que exhalara frustrado y solo mirara mi alrededor en busca de alguna otra opcion y evaluar mi sitacion, pero no habia absolutamente nada.

La frustración se acumuló en mi pecho. Era como si estuviera ahogándome en un vacío sin fin. Al final, exhalé profundamente, rendido, y simplemente miré la espléndida vista. La nada. La eternidad de la nada, interminable y apática.

¿Estoy muerto?

Cerré mis ojos exhalando, pensando en qué hacer. Mis opciones eran reducidas. No tenía nada. Esto era todo... ¿Este fue mi máximo potencial? ¿Este fue mi límite?

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⏰ Última actualización: Apr 18 ⏰

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