OMINOUS (4)

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XI

La primera vez que se levantó un muerto ocurrió un cuatro de agosto, pero nadie se enteró.

Aquél día la pareja estaba en Summerville mirando los fuegos artificiales de una feria. Nuevo México estaba demasiado lejos para que a nadie de allí les pudiera importar que una drogadicta hubiera aparecido medio desnuda por la calle atacando gente, mordiéndola.

Sólo dos días después, Nuevo México estaba declarando una emergencia civil y fue la primera vez que se anunció en las noticias sobre una epidemia de gente loca que estaba atacando a las personas y el anuncio del permiso de que la policía tirara a matar.

Ese día, Paul estaba de pie delante de una televisión de un pequeño restaurante escuchando las noticias mientras Daryl había entrado a un baño para cambiar el pañal de Ellie. Ambos estaban a mitad de la carretera de regreso a Charleston.

—¿Algo va mal? —preguntó Daryl volviendo a la mesa junto a él.

—Eso depende para quién —respondió Jesús sonriendo a sus papas fritas cuando la chica se las trajo.

—Siempre va mal para alguien —convino el moreno sentando a la bebé que estiró una mano pidiendo una papa. Daryl se la alcanzó—. Pero sólo me interesa que vaya mal para nosotros—, bebió de su soda. Rovia negó con la cabeza y en las noticias cambiaron a una entrevista sobre los problemas de sueño de la sociedad moderna.

Sólo un mes después, el mundo se había ido al infierno.

Todo había ocurrido con una velocidad innegable. Daba la impresión de que dos días después Nuevo México había caído y dos semanas después todo el sur de Estados Unidos estaba siendo evacuado y bombardeado en las grandes ciudades, y los muertos que se levantaron se convirtieron en manadas completas y las carreteras rumbo al sur quedaron bloqueadas de gente demasiado asustada que, en medio del caos, convirtieron su miedo en ira y empezaron a golpearse entre sí.

Al principio, el moreno y Paul se mantuvieron al margen del apocalipsis, lejos de los caminos y carreteras deshaciéndose apenas de los Caminantes que se fueron encontrando de vez en vez.

Ellie aprendió a caminar, pero no podía seguirles el paso a sus padres, de modo que la mayoría del tiempo iba en los brazos de su papá. Era una niña inteligente y comprendió, casi emocionada, que iba a tener un hermanito y que debían cuidar de mamá. Si bien Jesús era inmune a cualquier ataque o herida, el embarazo de un ángel duraba tan sólo cinco meses que era lo que tardaba en formarse un alma viva, y para mediados de septiembre Rovia estaba cumpliendo tan sólo tres meses.

—Tú me cuidas quedándote quieta y tranquila, y obedeciendo —le había dicho Paul. La niña siempre se cubría la boca cuando veía caminantes y permanecía quieta y tranquila mientras sus padres se deshacían de los Caminantes, maravillada de ver a papá atravesarlos con sus flechas o apuñalarlos en las cabezas.

Se alimentaron de animales que cazaban y de huertos que encontraban, siempre alejándose de las ciudades, los pueblos, caminos y carreteras, de los sobrevivientes y de los asaltantes. Hubo una vez, sin embargo, en que un desesperado ladrón salió de la nada y trató de tomar a Ellie para amenazar a los padres y le dieran la carne que el moreno estaba ahumando en medio de la nada. Con todo, no bien la hubo cargado, el hombre fue atacado de repente por un montón de Caminantes que se lo comieron vivo. Ellie, en brazos de su madre, miró al hombre ser devorado y cuando los Caminantes terminaron, el propio ángel acomodó a la niña y fue allá para matar a los muertos.

—Pronto no podré moverme tanto como debería —dijo Jesús volviendo a sentarse, bañado ahora en porquería, el embarazo no se le notaba ni se le notaría nunca, pero el bebé dentro suyo le estaba consumiendo demasiadas fuerzas y energías. No lo dijo, pero esperaba que en un mes o dos pudieran tener un refugio antes de que el invierno volviera a caer.

JESURYLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora